Rafael Calderón
Pedro Garfias, 50 años después
Lunes 3 de Julio de 2017
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La leyenda dice que Pedro Garfias murió hace 50 años en Monterrey, Nuevo León, el 9 de agosto de 1967, a la edad de 66 años; cansado, enfermo y lleno de nostalgia, dejando como herencia una obra que en sí es única, determinada por el camino que recorrió entre la elegía, el salto del canto profundo, la soledad y la unidad de la melancolía que alcanzan el esplendor definitivo por seis títulos de poesía publicados entre 1926 y 1953. Todo inició en su país, España, y la travesía de su vida cierra seis décadas y seis años después de este lado del atlántico, anclada hacia el norte de México. Sin embargo, Guadalajara es la ciudad que hizo posible saliera en un tomo su poesía con el título Pedro Garfias, poeta (Ayuntamiento de Guadalajara, 1985). En aquellas páginas se encuentra la expresión escrita por Carlos Eduardo Arce “y su ternura infinita, y su violencia justiciera, encontraron en su expresión verbal la armonía del poema. Pedro Garfias, fulgor violento”.

Pedro Garfias murió hace 50 años en Monterrey, Nuevo León, el 9 de agosto de 1967, a la edad de 66 años
Pedro Garfias murió hace 50 años en Monterrey, Nuevo León, el 9 de agosto de 1967, a la edad de 66 años
(Foto: Especial)

En Pedro Garfias, antología (Material de Lectura, UNAM, Serie Poesía Moderna), Aurora Pedroche aporta datos biográficos más que ilustradores, fulgurantes de relevancia, registra la más sentida y profunda unidad de su biografía. Para comprender la huella de su palabra recuerda que nació en Salamanca, España, el 20 de mayo de 1901. Salmantino por nacimiento, se consideraba generalmente como poeta andaluz, y razones no faltan –aclara. Su madre era de la sevillana Villa Manrique y su padre, aunque se ignora a ciencia cierta dónde nació, era andaluz, radicado en la provincia de Córdova y con apellido de origen onubense. Además, y ello es lo que cuenta, se sintió siempre andaluz y amó a su “blanca Andalucía” por encima de todo.

El registro de la obra de Garfias es otro elemento de interés y permite determinar que es el poeta entre los grandes de su generación: su primer libro salió publicado en 1926, El ala del sur, en el que recoge poesía escrita entre 1918 y 1923 en Madrid y Sevilla; ya habían pasado algunos años que se había sumergido en el mundo literario, como miembro fundador del movimiento Ultraísta cuyos voceros serán la revista Tableros y Horizontes. De la misma época escribe Ritmos cóncavos, Romances y canciones, Tres canciones de Toledo y Motivos del mar, y le sigue un largo silencio de trece años de los que sólo se sabe que vive en Osuna y Ecija, aun en España.

El trasiego de la guerra “española” fue un tema que no estuvo fuera de sus cuestiones literarias, y se incorpora como comisario político en el frente de Córdoba, y esta etapa le devuelve la palabra y publicó Héroes del sur, Consignas del frente y de la retaguardia y Consignas para comisarios, tres opúsculos que se reunirán posteriormente en Poesía de la guerra española, publicados ya en México en 1941. Estos poemas le valen el Premio Nacional de Literatura otorgado por la España republicana, en 1938, participa como jurado Antonio Machado y Tomás Navarro Tomás. Y se confirma que en marzo o abril de 1939, ya perfilada la derrota de la causa de la República, marcha al exilio como otros tantos de compatriotas, y pasa primero las fronteras de Francia y posteriormente las de Inglaterra, donde habrá de escribir la considerada su obra mayor: Primavera en Eaton Hastings, cuya primera edición se debe al FCE en 1939.

Después, México, al que llega a bordo del vapor Sinaia y en el cual compone su conocido poema “Entre España y México”. Es decir, los últimos 26 años de su vida los vivió en este país, viajando incansable por varias partes de la República Mexicana acogido por amigos en el Distrito Federal, Torreón, Morelia, Chihuahua, Sonora, Jalisco, Puebla, Veracruz, Campeche, Yucatán o la ciudad de Guanajuato. Dictando conferencias o recitales, y en 1953 publica en Guadalajara el que será el último libro en vida: Río de aguas amargas.

Vivió en Monterrey (de 1943 a 1948) y en ésta publica De soledad y otros pesares, recopilación de poemas escritos en diversas épocas en España, y algunos en México. En el año de 1943 se conoce su Elegía a la presa Dnieperstroi. Años después, en 1951, saldrá a la luz Viejos y nuevos poemas, con prólogo de Juan Rejano. Finalmente regresó a Monterrey y en aquella tierra es en donde reposa su cuerpo. El resumen de su poesía que es vista por la unidad del tiempo, ordenada bajo esa lectura. Para reconocer que perdura, se mantiene viva por esa línea que permite oír su voz: “Qué hilo tan fino, qué delgado junco –de acero fiel– nos une y nos separa”.

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