Gilberto Vivanco González
Vivilladas
¡Alto a la represión y manipulación!
Viernes 23 de Junio de 2017
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Mientras el gobernador Silvano Aureoles presumía al secretario de Turismo, Enrique de la Madrid, las bondades de nuestro estado y de la gama de Pueblos Mágicos que nos distinguen, se estaba gestando un capítulo más de represión sobre los alumnos de la Escuela Normal Rural Vasco de Quiroga, de Tiripetío. Todo pintaba color de rosa en las exposiciones y en las presentaciones oficiales que buscan seguir posicionando a nuestra entidad como un destino atractivo y seguro para el visitante, pero en ciernes estaba un baño rojo con tinta juvenil, tinta que de una u otra forma, de manera recurrente, está manchando el actuar político tan limitado que tienen los operadores gubernamentales.

Tal parece que se orquesta una provocación mayúscula para argumentar una acción extrema como podría ser el cierre de una de las Normales rurales más emblemáticas del país
Tal parece que se orquesta una provocación mayúscula para argumentar una acción extrema como podría ser el cierre de una de las Normales rurales más emblemáticas del país
(Foto: ACG)


La causa del problema que vino a provocar un nuevo desencuentro entre las fuerzas del orden público y los estudiantes normalistas fue la irresponsabilidad de las autoridades tanto de Finanzas como de la Secretaría de Educación en el Estado, quienes no han entregado las becas de manutención del alumnado de la primera Normal Rural del país desde hace dos meses, según lo expresado por propios estudiantes, entre otros requerimientos. Es de llamar la atención: ¿por qué tienen la manía, la estrategia o la desidia de no pagar a tiempo las becas de una institución que cuenta con poco más 600 alumnos, cuando el dinero es etiquetado por la Federación en tiempo y forma?, ¿por qué desplazarlo a otros rubros provocando la molestia y los desmanes de un alumnado que se caracteriza por contrapuntearse con el gobierno, que son capaces de a la mínima provocación poner de cabeza a toda una comunidad?, ¿es una estrategia gubernamental para provocar inconformidad y malaventuras en los estudiantes para abonarle a su descrédito, para justificar, tarde o temprano, el cierre de la institución normalista, que a estas alturas tiene, al igual que algunos otros centros escolares semejantes, problemas para atraer aspirantes gracias a toda la campaña de desprestigio, a la cancelación de las plazas automáticas y a las provocaciones de autoridades de todos los niveles?

Son muchas las interrogantes y muchas las respuestas posibles a los planteamientos anteriores; lo que es una realidad es que tal parece que se orquesta una provocación mayúscula para argumentar una acción extrema como podría ser el cierre de una de las Normales rurales más emblemáticas del país, que ostenta un liderazgo en las mismas y que ha sufrido un sinfín de intentos por borrarla del mapa educativo, misma suerte que sufrieron decenas de ellas.

Por otro lado, ante la atrocidad de las fuerzas públicas y ante la nula capacidad política, o voluntad, de los operadores políticos, debe existir prudencia y razocinio por parte de los joven normalistas; no deben caer en provocaciones, no deben fabricar mártires, ni reos ni fracturados; las prácticas de bloqueos de vías de comunicación federal el secuestro y quema de unidades automotrices dan todo el pretexto a las autoridades para justificar ante la sociedad cualquier acción represiva, sin dejar de lado que tienen los recursos para manejar ante los medios de comunicación los argumentos que quieran para hacer quedar mal a los propios jóvenes, así sean ellos mismos los agredidos y no lo agresores, como lo quiere hacer ver el gobierno; deben ser más sensatos para no caer en el engaño. Ya hemos puntualizado en esta columna que cuando hay consecuencias graves en el caso de lastimados, de gritos o de apresados, se pierde el auténtico objetivo de la lucha porque se desvían las peticiones y las exigencias: primero son las becas, indispensables para la subsistencia estudiantil, pero después son los gritos de justicia y los gritos contra el gobierno represor, la demanda fundamental queda en segundo plano; sobre todo, ante la expectación de que, como lo acontecido hace dos días, una vida joven esté en riesgo, y si por fortuna no es así, sin duda sufrirá algunas secuelas.

Hace 25 años o poco más, cuando no se entregaban las becas de manutención, los jóvenes tenían como estrategia ir a tomar las oficinas centrales de la SEE, ya en casos extremos secuestraban autobuses, varias negociaciones se desarrollaban en lugares estratégicos, había acuerdos, había diálogo, había tolerancia. Recordamos a Julián Rodríguez Sesmas, quien fuera secretario de Educación en el Estado (quien escribe era director la Normal de Tiripetío en ese entonces), cuando existía un conflicto con los muchachos de Tiri y ante posturas radicales de algunos de los funcionarios de gobierno o de la misma SEE, siempre exclamaba: “Necesitamos entender a los jóvenes, nosotros como adultos necesitamos orientarlos, si los reprimimos vamos a acrecentar su odio, su coraje contra las instituciones, mejor vamos a comprenderlos y a escuchar sus demandas”. Esas lecciones de política, de humanismo y de tolerancia serían excelente que los supuestos negociadores de hoy, los negociadores de Silvano, y él mismo, lo tomaran en cuenta. Hoy el diálogo con las organizaciones sociales se da entre reclamos, toletes, gas lacrimógeno, piedras, palos y bombas molotov, y ahora han cambiado las balas de goma por balas de verdad.

Es indispensable que exista prudencia entre el actuar de los estudiantes y el actuar gubernamental, de lo contrario seguirá imperando la ley de la selva, de la sinrazón, de la represión, una represión que hoy parece totalmente intencional y manipulada. ¿Y el arte de la política y la capacidad de diálogo? Simplemente han quedado en el olvido. En tiempos de una violencia son control que por desgracia se vive en el estado sería positivo retomar la política como estrategia y el diálogo como herramienta. Un conflicto mayor, que está latente, puede escaparse de las manos.

Dale Carnegie, escritor estadounidense, planteó la siguiente reflexión: “En lugar de censurar a la gente, tratemos de comprenderla. Tratemos de imaginarnos por qué hacen lo que hacen. Eso es mucho más provechoso y más interesante que la crítica, y de ello surge la simpatía, la tolerancia y la bondad”; asimismo, John F. Kennedy rezó: “La paz del mundo no exige que cada hombre ame a su prójimo; solamente que ambos vivan juntos, tolerándose mutuamente, sometiendo sus disputas a un arreglo justo y pacífico”. Aunque por desgracia ya sabemos el resultado de la historia.

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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