Rafael Mendoza Castillo
La memoria histórica amenazada
Lunes 19 de Junio de 2017
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Inicio estas reflexiones con un pensamiento de Tzvetan Todorov: “Los regímenes totalitarios del siglo XX han revelado la existencia de un peligro antes insospechado: la supresión de la memoria”. El autor citado recuerda, como ejemplo, al emperador azteca Itzcóatl, a principios del siglo XV, había ordenado la destrucción de todas las estelas y de todos los libros para poder recomponer la tradición a su manera. Veamos.

Tzvetan Tódorov lingüista,filosofo,historiador crítico teórico literario de expresión
Tzvetan Tódorov lingüista,filosofo,historiador crítico teórico literario de expresión
(Foto: Cuartoscuro)

La memoria histórica es un pleito de voluntades y cómo se concretizan éstas, en la conciencia, en lo real y en lo práctico. En esos campos se presentan los olvidos y los recuerdos. En este momento hace su entrada el poder para imponer una voluntad a favor del recuerdo o del olvido. Así, el poder de explotación, como el que hoy padecemos, le apuesta al olvido y no acepta el recuerdo de un proyecto histórico alternativo al que esos grupos o clases practican.

Tanto la memoria como el poder no flotan en el espacio, sino que se manifiestan en la conciencia, lo real y lo práctico. Pero estos tres componentes del mundo histórico se hacen presentes en el individuo, clases o grupos como subjetividad, en lo real como objetividad y en lo práctico como acción humana. La memoria del poder de dominación y su proyecto de acumulación de capital infinito, no acepta ningún recuerdo de otro proyecto que contradiga el suyo, además reprime y oculta, por varios mecanismos, todo aquello que lo incomode.

No cabe duda que la memoria y el poder son un pleito de voluntades. Lo que significa que en la historia de México ha existido una voluntad de poder y de memoria que le ha venido apostando a la imposición de un proyecto de sociedad que le gusta la corrupción, la impunidad, el autoritarismo y la entrega de lo público a los intereses privados. Sin embargo, ese proyecto hegemónico reprime y oprime la voluntad de otro proyecto, que históricamente ha existido y existe actualmente. Este último se orienta en contra de la corrupción , la impunidad, el egoísmo, la injusticia, la desigualdad, las privatizaciones, etcétera.

La terca memoria histórica nos dice que desde el siglo XIX se impuso el proyecto liberal que le apostó en lo jurídico a un estado de derecho con una ley uniforme. En lo social la homogeneidad de los ciudadanos frente al Estado. En lo político, la democracia representativa. En lo económico, el desarrollo capitalista. Se observa en ese proyecto un Estado esférico, de una sola dimensión cultural, educativa y no contempla la voz de las culturas originarias.
En 1982 se colocó a México en un proyecto denominado neoliberal, de globalización o de internalización del capital. Las premisas o dogmas del citado proyecto son la simplificación del Estado y la muerte de su sentido social, privatización de lo público, reducción del gasto público y desregular todo aquello que se oponga al libre mercado o el monopolio.

La internalización del capital hizo polvo a los Estados nacionales, ya que los subordinó a la regla de la acumulación infinita del capital en pocas familias nacionales y extranjeras, dejando en la periferia o en los márgenes a millones de pobres. El problema no sólo consiste en el dominio del capital sobre los bienes y servicios, sino que conlleva un dominio sobre la conciencia y el riesgo de enajenarla y alienarla para construir un individuo que se ajuste al orden de la conformidad, es decir, no sólo informado, sino también conformado con ideas, gustos y deseos, propios de lo dado.

La memoria histórica no se presenta homogénea o unidimensional, aunque el poder de explotación tiene la intención de que así sea. Para cumplir con esa intencionalidad el poder inventa reglas de la moralidad social, leyes del derecho, rituales, imaginarios sociales, calmantes como drogas, actividades como el yoga, religiones, etcétera. La memoria histórica es un pleito, una contradicción entre la libertad y un estado de opresión. Vemos que no marcha en un sentido lineal. A veces se detiene, pero siempre se echa a andar de nuevo.

El proyecto neoliberal que hoy la oligarquía en el poder practica se funda en una memoria que le imponen organismos corporativos internacionales caracterizada por el olvido de un proyecto popular incluyente, de comunidad, de solidaridad, donde todos quepamos. La memoria del capitalismo corporativo se preocupa por el cultivo del yo narcisista y la alteridad no existe. Si no recordamos ese proyecto de nación compartido, entonces, perdemos la idea de utopía, de sueños, de otras opciones de futuro.

Algunos intelectuales o pensadores de lo social, se preguntaban en días pasados sobre la fecha del 18 de marzo de 1938, en que se recordaba la expropiación petrolera, con la siguiente pregunta, ¿ qué festejaba el poder? Para mi sí festejaban la muerte del sentido histórico del bien común, de lo público, lo de todos. Su festejo mayor es el despojo que las corporaciones económicas internacionales hacen del patrimonio de la nación. Su memoria trabaja en un sólo sentido histórico, el olvido de lo colectivo y el goce de lo privado.

Los actos rituales de la clase política mexicana no son vacíos, sí tienen contenido. Quieren quitar de la memoria de la voluntad popular el pensamiento disruptivo, crítico, que no olvida el despojo, que la oligarquía financiera, lleva a cabo sobre la riqueza material, humana y natural de la nación mexicana.

Colocar en la memoria de los niños y jóvenes una representación de competencia, narcisismo, de egoísmo, de descalificación de los maestros y maestras de México, de culpas sobre la crisis educativa, es aceptar la memoria de los nuevos imperialismos que no se han ido, están vivitos y coleando. Y como dice el cuento breve: el dinosaurio todavía está aquí.

La memoria histórica es un pleito, una contradicción entre el olvido y el recuerdo. Esos momentos se dialectizan en la realidad, en la conciencia y en la praxis. Si perdemos estos momentos, perdemos la capacidad de hacer acontecer, es decir, de lo nuevo, de ir más allá de lo socializado por los imperios financieros de nuestro tiempo. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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