Rafael Calderón
El pensamiento lírico de Odisseas Elytis
Lunes 19 de Junio de 2017
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Por lo menos tres poetas de lenguas extranjeras me han acompañado por varias décadas. Uno es T. S. Eliot –de lengua inglesa– más que iluminador es su poema Cuatro cuartetos, que traduce José Emilio Pacheco, o su emblemático poema de La tierra baldía, que dígase lo que se diga es fascinante, por ello, vuelvo al poema y recuerdo que Homero Aridjis lo traduce en 1965.

Octavio Paz permite reconocer esa exploración que no termina de agotarse y la sensación de descubrimiento es a la vez la clave biográfica
Octavio Paz permite reconocer esa exploración que no termina de agotarse y la sensación de descubrimiento es a la vez la clave biográfica
(Foto: Especial)

El otro es Fernando Pessoa y sus heterónimos, pero dejando asentado que la poesía sea esto: Poesía. Octavio Paz permite reconocer esa exploración que no termina de agotarse y la sensación de descubrimiento es a la vez la clave biográfica y comprender que Pessoa es el poeta supremo que en estos tiempos determina por su presencia para reconocer en parte su paso por la poesía portuguesa y recordar que queda refrendada como si fuera su vida una larguísima elegía de presencias únicas.

Y, el que hoy nos interesa destacar, Odysseas Elytis, para decir que es un poeta que he leído con el placer del descubrimiento permanente desde el año mismo de su muerte, allá por 1996.

Desde entonces lo he leído: la suma de antologías que se han publicado en nuestro idioma son escasas. Apenas he leído un puñado de páginas y de éstas resulta fundamental para conocerlo Dignum Est y otros poemas.

Sin embargo, la primera lectura fue realizada en la Antología general, que traduce José Antonio Moreno Jurado. Pero, en mis manos, su poesía es centro y replica de imágenes, y esa parte de su poesía tiene una presencia destacadísima la etapa surrealista que se encierra el primer título que publicó: Orientaciones, de 1940.

A partir de Elytis se ocupa decir que el panorama de la poesía griega es reveladora de un caudal de autores y obras que brillan como si fueran parte de un imán que magnetiza o atrapa el lenguaje y es capaz de explorar posibilidades.

Queda registrado ese panorama con Cavafis y Seferis, poetas que en su dinámica lirica son diferentes, incluso, opuestos; tienen algo en común: la pertenencia a la unidad y su identidad registra la evolución de la poesía. ¿Quién de nosotros puede negar que una lectura de Cavafis en la traducción de Cayetano Cantú? ¿Quién de nosotros no se ha emocionado con la Poesía completa de Seferis, que traducen Francisco Segovia y Selma Ancira? ¿Quién de nosotros ha accedido a la antología fundamental de Elytis como la que traduce y publica en edición bilingüe Cristián Carandell?

Elytis es parte de ese encuentro que deja testimoniado Lawrence Durrell para reconocerlo por esa puntual unidad de su poesía: “El pensamiento lirico de Elytis, impregnado de romanticismo, despliega ante nosotros sin cesar una metafísica cargada de sensualidad espiritual. Las rocas, las islas, el azul mar griego, los vientos, que, si bien siguen siendo reales, al mismo tiempo se convierten en signos, en el sentido de lo que diríamos de los símbolos alquímicos. Con ellos ejerce el poeta su magia y hay que convenir que se trata de una magia griega totalmente original”.

Para ir a algunos poemas que son hallazgos de imágenes y reconocer ese itinerario de su obra, ampliamente reconocerlo por la unidad de esas voces líricas que se acumulan a lo largo de su poesía, es obligatorio hacer un alto, reconocer su etapa surrealista.

La revisión temprana quedaría incompleta si se omitiera la esencia de ese lenguaje que explora. Es más bien una lectura obligada y permite ubicar el origen de sus imágenes. El verso es la exploración de distintas sonoridades, son imágenes que le llegan de la naturaleza, el cielo y los árboles que son sombras, sueños y se mueve entre un poema y la unidad estrofas enlazadas con el versículo largo y a veces colindando con la prosa.

Si se habla de su grandeza, implica recordar que dos poemas son el eco temprano de la escritura automática que practicó, posiblemente abandonada tempranamente. Pero es lo que lo lleva al encuentro de su propia voz. El sobresalto surrealista corresponde a la etapa temprana y es donde deja percibir un canto a la naturaleza, el ambiente mediterráneo, inscribe alusiones que tienen que ver con su país y todo ese mundo alegórico.

Estos poemas son Dionisio y El concierto de los jacintos. Son los que despiertan el hilo auténtico de una escritura que tiene unidad entre el signo antiguo y la etapa que consolida con el versículo largo. Estos poemas ocuparán nuestra atención: “¡Qué luminosa corona de idilios!”. El canto de su palabra en adelante queda registrada por su voz lírica.

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