Estrellita M. Fuentes Nava
El gran reto del agua desde lo local
Viernes 9 de Junio de 2017
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En los casi 20 años que llevo de estar inmersa en el mundo del agua he tenido la oportunidad de participar en escenarios nacionales e internacionales donde se debaten sus esferas económicas, sociales, políticas, financieras, ambientales, técnicas y de cooperación. Se habla por ejemplo de la gobernanza del agua en la que en el diseño de la política pública debe ser tomado en cuenta el actor social durante los procesos de planeación mediante esquemas democráticos y participativos; también de los severos impactos del cambio climático en los recursos hídricos que afectan nuestra disponibilidad de reservas de agua y de la calidad de la misma cuando la consumimos, haciendo énfasis en la vulnerabilidad de las poblaciones frente a los fenómenos climatológicos extremos, la imperiosa necesidad de generar un sistema financiero del agua que contemple tanto el tema de las tarifas y la recaudación, como el de los portafolios de inversiones. He visto desfilar a príncipes de la realeza europea, directivos de organismos y agencias internacionales; he asistido a fabulosos foros y eventos mundiales donde se destaca la importancia del agua para el desarrollo de los países, pero todo ello en nada se compara con tener la experiencia de interactuar con un actor local que carece de agua.

La gobernanza del agua en la que en el diseño de la política pública debe ser tomado en cuenta el actor social durante los procesos de planeación mediante esquemas democráticos y participativos
La gobernanza del agua en la que en el diseño de la política pública debe ser tomado en cuenta el actor social durante los procesos de planeación mediante esquemas democráticos y participativos
(Foto: Especial)



Nuestra ciudad de Morelia está atravesando actualmente por una severa crisis, toda vez que como declararon públicamente sus autoridades locales, las fuentes tradicionales están por debajo de sus niveles necesarios de producción para abastecer del recurso a la población; los pozos se están abatiendo desde el año pasado y esta condición, sumada a la época de estiaje y a un incremento severo en las temperaturas, está resultando en una condición crítica que se trata de resolver con los alcances y recursos limitados desde lo local. A ello se suman los desarrollos inmobiliarios que se están acrecentando ante la demanda de vivienda, en función del crecimiento poblacional, así como el auge en los cultivos de aguacate lo cual está minando nuestros recursos forestales vitales suficientes para que haya agua en la superficie.

Ante un cúmulo de circunstancias que nos sobrepasan a todos, ¿cómo podríamos sostener lo que se debate en torno al agua desde el ámbito de altas esferas que aportan miradas subjetivas e impersonales, cuando tienes a colonias enteras sin agua a las que no les puedes proveer el servicio porque sencillamente no hay alguna disponible para llevarles?, ¿cómo actuar ante la condición que te impone la naturaleza? Asimismo, por más que se recomiende en cada foro mundial del agua o por parte de la ONU que hay que invertir en agua y saneamiento, ¿cómo obligar a las autoridades locales que cumplan con este mandato cuando las finanzas de una gran mayoría de ayuntamientos carecen de recursos (como los aproximadamente mil millones de pesos que se requieren en Morelia), y no pueden recurrir a la Federación porque desde el Congreso federal les recortaron este año un 37 por ciento de su presupuesto en el rubro?, ¿o cómo podríamos hablar de una gobernanza del agua participativa cuando tienes a usuarios morosos que no están en condiciones de pobreza pero que prefieren pagar diez pesos por un litro de agua embotellada a pagar tres o cinco pesos en un día por mil litros de agua, y que aún con los subsidios les parece oneroso?

Es el sinsentido del debate que a veces se genera muy fácilmente y que se queda en el aire porque no se aterriza en propuestas concretas, soluciones o herramientas realmente útiles que le puedan funcionar a un organismo operador o prestador de servicios para poder desfogar toda la presión que lleva a cuestas propiciada por la propia naturaleza que le cobra a él la factura del desastre ambiental ocasionado por un contexto global en el que todos hemos contribuido durante años, sumado al crecimiento poblacional desbocado que orilla a que pululen cada vez con más frecuencia los asentamientos humanos irregulares y que también exigen sus derechos de agua, así como a una profunda crisis económica que hace que nos cueste cada vez más desembolsar el dinero para pagar un servicio tan vital.

Platicaba con una amiga abogada que lleva años en el tema sobre el reto en la implementación del derecho humano al agua, y ella me decía que en términos legales nadie está obligado a dar lo que no hay: si aunque la busquemos a cientos de metros de profundidad ésta no se encuentra, pues es una tarea imposible cumplir con ese derecho, aunque ello no exime de la responsabilidad. Es muy cierto que agencias como la ONU han movido y dado reflectores a la agenda del agua generando compromisos entre los países para que inviertan y garanticen este derecho, pero lo cierto es que cuando los gobiernos, ya sea del nivel federal, estatal o municipal, lo aterrizan y plasman en sus legislaciones, no es una garantía de que ello se cumplirá a cabalidad, toda vez que falta atarlo a paquetes financieros, reingenierías institucionales o cambio de paradigmas que llevaría toda una vida hacerlo o revertir el devenir histórico del país.

Pocas agencias y organismos internacionales han logrado romper la barrera para alcanzar a trastocar la esfera de lo local y bajar ayuda práctica y tangible. Pienso por ejemplo en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial, cuyas asistencias técnicas y financieras en México (doy fe de ello) han promovido políticas e incentivos para que los organismos operadores del agua alcancen altos niveles de eficiencia, así como que estén preparados y capacitados para responder al cambio climático. La Agencia Española de Cooperación, cuando sucedió una contingencia de paro total de las plantas de tratamiento en la bahía de Acapulco, destinó ayudas financieras importantes. También se encuentra la plataforma ICLEI (Gobiernos Locales por la Sustentabilidad), quienes trabajan mediante manuales y capacitaciones con las autoridades municipales e intercambian experiencias y las mejores prácticas alrededor del mundo. Hay ONG nacionales y locales que están generando cambios en la calidad de vida de las personas al instalar en comunidades marginadas sistemas de captación de agua pluvial financiándose por vías alternativas como las fundaciones extranjeras. Necesitamos más actores como estos, los que de verdad ayudan a solucionar.

Y es que es muy fácil perderse en el mundo de las ideas de cara a la gestión del agua, pero encontrar las respuestas de lo que necesitamos aquí y ahora tiene un alto grado de complejidad, aunado a la necesaria voluntad política, capacidad de diálogo y la suma de esfuerzos de todos los actores sociales y tomadores de decisiones, más allá de fronteras, partidos, ideologías, agendas personales, políticas o partidistas, edades y cosmovisiones. Y ello se sintetiza en un vivir en democracia plena, lo cual es una tarea aún pendiente para nuestra agenda nacional.

Así que la próxima vez que escuche o lea un debate o argumento etéreo lleno de críticas subjetivas, tareas imposibles, fantasías y soluciones descabezadas en torno al tema del agua, simplemente les haré la invitación para que se pongan por un día al otro lado de la línea telefónica de un usuario que está mentando madres porque no le mandan el agua y que como receptor se sienta imposibilitado para dársela ni aunque le rece a Tláloc; o a que logren convencer a un ciudadano de que debe pagar por su recibo de agua, cuando él sólo interpreta que sin importar cómo la use o si la desperdicia el gobierno se la tiene que regalar sin corresponsabilidad alguna; o que puedan debatir sus propios argumentos en una colonia paracaidista sin agua teniendo como interlocutor a un líder que amenaza y hostiga; o que presente un diagrama financiero viable que ayude a un presidente municipal a utilizar sus precarios recursos para salvar por sí solo todo un lago como el de Cuitzeo (el segundo más grande de México) sin descuidar ni un mínimo la demanda social de sus ciudadanos representados.

¿Qué les aporta un debate estéril y sin aporte técnico y financiero a las señoras que no tienen agua para asear a su hijos y mandarlos a la escuela, la que no puede lavar porque trabaja todo el día y llega a casa hasta la noche, justo cuando ya no cae el agua; o las colonias que ante la escasez sólo pueden abastecerse de pipas? Todos ellos ocupan respuestas y las necesitan ya.
No es fácil abordar la problemática del agua, y la ayuda es sumamente urgente. Así que: soluciones por favor, no sólo buenas ideas…

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