Lunes 5 de Junio de 2017
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Las incontables lecturas que se hicieron de los escenarios políticos durante las campañas electorales, que derivaban todas ellas en previsiones bajo supuestos en ocasiones muy diferenciados, han dejado de ser estimaciones especulativas. El comportamiento del electorado en las cuatro entidades donde se realizaron elecciones el día de ayer 4 de junio han despejado las incógnitas.

A esta hora los mexicanos podemos saber si la tendencia electoral antisistémica se ha concretado en mayoría electoral, si el rechazo al partido que gobierna al país es tal que está inaugurándose una fase política que podría sacarlo de Los Pinos, si se consolida electoralmente la fuerza emergente de Morena y los electores la han montado en caballo de hacienda para acercarse al Palacio Nacional, si el panismo mantiene la beligerancia electoral y cantidad de votos que necesita para mantenerse firme en el camino de la sucesión presidencial y si el perredismo está de regreso y jugará un papel importante en la contienda por la Presidencia de la República.

 El comportamiento del electorado en las cuatro entidades donde se realizaron elecciones el día de ayer 4 de junio han despejado las incógnitas.
El comportamiento del electorado en las cuatro entidades donde se realizaron elecciones el día de ayer 4 de junio han despejado las incógnitas.
(Foto: TAVO)

También estaremos sabiendo si nuestras instituciones tienen la suficiente fortaleza para digerir la discrepancia postelectoral, sobre todo en la elección más disputada, y en la que se ha puesto en juego el pasaporte para ocupar un espacio en la contienda por la jefatura de la nación, el Estado de México.

Con los vencedores y vencidos con los que hoy amanecimos se diseñarán alianzas y rompimientos. Algunos hoy valdrán más, otros valdrán menos. Alianzas que hace días eran posibles ahora no lo serán, y otras que parecían lejanas podrían estar demasiado cerca. Hoy las piezas de la política amanecieron con un valor diferente.

Con referentes más realistas hoy comienza la sucesión presidencial. Hoy sabemos si Morena se convierte en factor aglutinante de las izquierdas políticas y sociales y si con ello tiene el talento estratégico de construirse una ruta exitosa para lograr una mayoría nacional incluyente, no confrontacionista, para ganar con amplia diferencia la elección de 2018; hoy sabemos si el priismo refrenda su fuerza y con ello la fuerza del morador de Los Pinos para decidir en torno al candidato y sobre el destino de la sucesión, hoy sabemos si la táctica de frente nacional opositor que algunos partidos han propuesto tiene sentido, hoy sabemos si los actores políticos han crecido o se han disminuido, si les alcanza o no y para qué les alcanza.

Hasta dónde se ha manifestado la inconformidad de los ciudadanos por los diferentes temas que agobian al país, y que era previsible, será una de las líneas de reflexión sobre el comportamiento del electorado, ya que es vital pues deberá asumirse como el terreno sobre el cual transitará la elección presidencial. Si hay partidos castigados será evidente que los ciudadanos no aprueban su desempeño y sus políticas y eso pesa en el futuro inmediato. Los resultados de esta elección y las vicisitudes de la lucha electoral serán la brújula de las campañas que vienen.

Desde la posición en que hoy quedaron las fuerzas políticas, todas saben que deben actuar con inteligencia, unas para conservar y ensanchar su victoria, las otras, para remontar a la brevedad la desventaja. De cómo capitalicen la victoria unas y de cómo se reorganicen en la derrota otras dependerá la sucesión. No necesariamente la victoria de hoy se convertirá en triunfo en 2018, tampoco los derrotados de hoy necesariamente están exentos del triunfo en la presidencial. Las victorias y las derrotas jamás son eternas y en política la tendencia a la caótica realidad nunca deja de sorprendernos.

Hoy comienza en firme la lucha por la sucesión presidencial. El rechazo social a la clase política seguirá jugando de manera decisiva y puede llevar a una fractura profunda de la legitimidad si los liderazgos emergentes no son capaces de representar y dar forma y propuesta a la inconformidad que se ha venido acumulando y que ha sido desoída. Si la democracia electoral sigue sin dar resultados la pasaremos muy mal. Si no se atiende la inconformidad captada durante estas campañas y la elección de ayer, la presidencial puede convertirse en un trágico campo de batalla.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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