Alma Gloria Chávez
Medio ambiente: nueva visión
Sábado 3 de Junio de 2017
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Defendamos el derecho de todos, sin discriminación, para disfrutar de un entorno natural y social, que apoye la dignidad humana.

Carta de la Tierra.


A pesar de estas reflexiones surgidas de una institución especializada y encargada de cuidar y proteger el medio ambiente, percibimos que el esfuerzo realizado no ha encontrado mucha recepción ni ha logrado crear permanente coordinación entre instituciones afines y mucho menos con la población en general. Que yo sepa, cuando parecen echarse a andar propuestas de educación ambiental en instituciones y centros educativos, o mejor aún, cuando grupos de la sociedad civil presentan proyectos viables basados en una práctica o experiencia probada, son los funcionarios de cualquier nivel (que van cambiando dependiendo de los tiempos político-electorales) quienes ignoran, desprecian y sabotean esos esfuerzos que ofrecen la posibilidad de dar continuidad a cualquier buen proyecto. Seguramente por eso muchos esfuerzos ciudadanos se realizan de manera alternativa y a contrapelo de las instituciones.

Ha sido por una formación ciudadana y de participación, además del conocimiento de la Declaración de los Derechos Humanos y el Medio Ambiente, que muchas personas como una servidora sabemos que desde 1972, en la Asamblea General de las Naciones Unidas y durante la Conferencia sobre el Medio Humano realizada en Estocolmo, Suecia, se instituyó la fecha del 5 de junio como Día Mundial del Medio Ambiente, precisamente porque la comunidad mundial ahí representada expresaba ya gran preocupación ante el avance de una industrialización exacerbada que dejaba ver su rostro de degradación y sobreexplotación, tanto sobre los recursos naturales como del mismo ser humano.

Posteriormente, en 1987, la Comisión Mundial de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y Desarrollo (y en el contexto del asesinato y persecución de muchos líderes ambientalistas, sobre todo en América) hizo un llamado para la creación de una nueva Carta que anunciara los principios fundamentales encaminados a alcanzar el desarrollo sostenible, esto es, razonado, equilibrado, partiendo del principio de “retribuir a la naturaleza algo de lo mucho que nos ofrece”.

La misión de la iniciativa de la Carta de la Tierra es establecer una base ética sólida para la sociedad civil emergente y ayudar en la construcción de un mundo sostenible, de respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia
La misión de la iniciativa de la Carta de la Tierra es establecer una base ética sólida para la sociedad civil emergente y ayudar en la construcción de un mundo sostenible, de respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia
(Foto: Cuartoscuro)

En 1994, precisamente cuando se preparaba la “celebración” del V Centenario del “Descubrimiento” de América y que los pueblos originarios del continente rechazaron categóricamente con el sencillo pero contundente argumento de que esa fecha fue la que marcó la destrucción de tantas culturas y el inicio de la depredación del último reducto de “tierras vírgenes” del planeta, el Consejo de la Tierra y la Cruz Verde Internacional, conjuntamente con el gobierno holandés, retomaron el movimiento Carta de la Tierra, con la intención de impulsarlo con base en los esfuerzos anteriores y así reunir a los actores clave de la comunidad internacional.

La misión de la iniciativa de la Carta de la Tierra es establecer una base ética sólida para la sociedad civil emergente y ayudar en la construcción de un mundo sostenible, de respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz. Sus objetivos: diseminar sus principios entre individuos y organizaciones de todos los sectores de la sociedad en el mundo, promover el uso educativo de la Carta en escuelas, universidades, comunidades religiosas y dentro de una gran variedad de entornos y contextos, elaborando y distribuyendo los materiales de apoyo que se necesiten para ello; promover el uso y ejecución de la Carta de la Tierra, así como la adhesión a la misma por parte de la sociedad civil, el sector de negocios y los gobiernos; buscar el respaldo incondicional a esta Carta por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

La Carta de la Tierra resulta de enorme importancia para sensibilizar en torno al cuidado y protección del medio ambiente. Pero resulta de igual (o mayor) importancia tener presente que muchas organizaciones y pueblos indígenas del mundo, desde hace mucho tiempo, han venido manteniendo una lucha constante por la defensa y conservación del medio ambiente, igual que un respeto profundo a la Tierra, que todavía, para muchos descendientes de antiguas culturas, “es quien nos hace, nos alimenta y abriga”.

Precisamente es la gente “pobre” de cualquier punto del planeta la que defiende la conservación de la naturaleza porque la necesita para vivir, porque cuando el medio que habita es perjudicado por la extracción o explotación de recursos, o porque las industrias les llevan a sus territorios los residuos que desechan, envenenando el agua de ríos y lagos (o apropiándose de manantiales, como hoy lo hacen las embotelladoras de agua y empresas refresqueras), esa gente que se ve afectada protesta… y tal vez si se les pregunta si son ecologistas o ambientalistas tal vez respondan que no, que simplemente defienden el lugar que les ofrece (de muchas generaciones atrás) lo necesario para vivir.

“Cuidar mi entorno de manera responsable, porque de ello depende mi existencia”. Seguramente si todos partiéramos de esta reflexión tan elemental nadie pondría en duda la urgencia de crear una nueva cultura ambiental, porque la racionalidad imperante en el ámbito del progreso no puede seguir ignorando el entorno ecológico. Redescubramos la naturaleza como “nuestro ámbito de pertenencia, como nuestro nicho biológico, nuestra placenta; como camino de desarrollo y camino espiritual”.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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