Alejandro Vázquez Cárdenas
Información y noticias falsas
Miércoles 31 de Mayo de 2017
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Decir lo que uno está pensando no siempre es una buena idea. Viene a mi mente un par de cosas; primero, esta sentencia de Quino, el conocido autor de Mafalda: “No es necesario decir todo lo que se piensa, lo que sí es necesario es pensar todo lo que se dice”. Buen consejo, pues evidentemente hay momentos y circunstancias en que lo mejor es dejar nuestros pensamientos donde están, guardados, quietos, dentro de nosotros. Existen palabras que no tienen vuelta atrás. Una vez dichas, estas adquieren vida propia.

México es un país con una abrumadora  cantidad de gente inculta la gente no lee libro, el nivel educativo en México está por los suelos y sin posibilidad alguna de mejorar.
México es un país con una abrumadora cantidad de gente inculta la gente no lee libro, el nivel educativo en México está por los suelos y sin posibilidad alguna de mejorar.
(Foto: Cuartoscuro)

Segundo: la conocida opinión de Umberto Eco: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un Premio Nobel. Es la invasión de los necios”.

Y remata: “La televisión ha promovido al tonto del pueblo, con respecto al cual el espectador se siente superior. El drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”. Finalmente hizo una invitación a los medios a “crear un filtro de información con un equipo de especialistas en Internet, porque nadie es capaz de entender hoy en día si un sitio es de confianza o no”. Obviamente ninguno de los grandes medios hizo muchos caso, hasta que vieron las consecuencias en la elección de presidente de Estados Unidos que nos arrojó a media cara el inesperado y alarmante triunfo de Trump, triunfo apoyado en buena parte por una gran cantidad de mentiras y verdades a medias propagadas en la Internet por los enemigos de Hillary Clinton, hayan sido o no fabricadas por los agentes rusos, interesados en el triunfo de alguien “manejable”.

En la actualidad, cuando hay una sobreoferta de medios informativos y el periodismo impreso sufre y se ve obligado a evolucionar o morir, ¿cómo es o debiera ser un comunicador de noticias?, ¿podemos aceptar, como critica Umberto Eco, que cualquier personaje capaz de teclear un texto de pedregosa sintaxis o soltar varias frases más o menos hilvanadas sea el que nos informe? Y lo más preocupante, ¿podemos defendernos de la infinidad de noticias falsas, las “fake news” que saturan la red?

Ya el gigante Facebook y otros han estado diseñando maneras de eliminar los sitios notoriamente falsos creando diversos algoritmos. Pero estos se reproducen como hongos después de la lluvia. ¿Qué hacer? Quizá lo más fácil es desconfiar de los medios no conocidos, esos que ignoramos de donde son, quién los patrocina, qué los mueve y que usan un tono estridente o agresivo para soltar una noticia impactante, que por lo general es falsa.

¿Confiar ciegamente en los medios tradicionales?, no, definitivamente no es buena idea, existen medios identificados con una determinada línea política, con editorialistas y columnistas que parecieran estar a sueldo de un determinado grupo político o un personaje mesiánico. Podemos encontrar en los medios impresos y sus portales en la red buenos periodistas, excelentes analistas, duros críticos de diversas orientaciones, pero que argumentan sólidamente sus opiniones. Estos están repartidos desigualmente en varios medios.

De entrada no es recomendable creerles mucho a los “intelectuales” de la "“izquierda caviar”, esos que escriben con la izquierda pero que cobran con la derecha. El analista que pretenda tener un mínimo de credibilidad debe mantener una sana distancia con la gente del poder político y económico. No es el caso de algunos que escriben en diversos diarios y que son empleados del poder político, engranes menores de la maquinaria gubernamental, gente a sueldo del sistema, personas cuya alimentación, vestido y sobrevida dependen de estar en buenas relaciones con el poderoso en turno.

México es un país con una abrumadora cantidad de gente inculta, la gente no lee libros. Apenas un libro y medio por año por persona, revistas serias como Nexos, Etcétera o Letras Libres se venden no más de unas cuantas docenas en ciudades del tamaño de Morelia o Uruapan. El nivel educativo de México está por los suelos y sin posibilidad alguna de mejorar. Herles Velasco, colaborador del diario El Universal, señala: “Por más precisos que sean los algoritmos, la expulsión de las redes sociales no parece ser la cura contra este fenómeno, mientras haya consumidores de noticias basura habrá manera de darle gusto”. Pues sí.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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