Rafael Calderón
Elegía del destino
La generación del tercer milenio
Lunes 22 de Mayo de 2017
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Para leer o situar una generación que vive el término doble del tiempo y que registra la existencia de la poesía con autores que nacieron a partir de la década de los 70 del siglo XX en la tradición lírica de Michoacán, y que les corresponde vivir el fin de un siglo, llegar a la transición e inicio del tercer milenio implica ir a acontecimientos que son parte de su propia experiencia literaria. Directa e indirectamente fueron testigos presenciales del fin de siglo que se terminó con la muerte de Octavio Paz y vieron inmediatamente surgir nuevos modelos de difusión para la literatura, como sucedió con el Internet y las ediciones digitales. Estos son algunos de los cambios que los han marcado entre el fin de un siglo y el inicio del tercer milenio.

Directa e indirectamente fueron testigos presenciales del fin de siglo que se terminó con la muerte de Octavio Paz
Directa e indirectamente fueron testigos presenciales del fin de siglo que se terminó con la muerte de Octavio Paz
(Foto: Cambio de Michoacán)

Esta generación no seguirá el rumbo impuesto de las ediciones impresas solamente en papel y más bien atrás quedaran las obras de poetas como Manuel Ponce y Concha Urquiza y aquellas ediciones que bajo el estilo riguroso de Raúl Arreola Cortés marcan su época y antecedentes de revistas como La Espiga y el Laurel, de la época oro de la poesía michoacana. Ahora, con otros factores, acometen la escritura distante de aquellos, pero que no ignoran ni dejan de lado ni en el olvido. ¿Una paradoja? Es verdad. La literatura y la poesía en particular es parte de un río donde las aguas siguen su curso y de forma muy diferente se imponen modelos de difusión para esta generación. Son dos grupos los autores nacidos entre 1962-1987 los que han experimentado el mapa de la nueva poesía.

El primer grupo inicia con las ediciones impresas en papel y casi inmediatamente vive el surgimiento de la era digital y sustenta su presencia entre estos dos elementos para definir la vertiente de su literatura. Este grupo se confirma con autores como Marco Antonio Regalado, Miguel Ángel Toledo, Salomón Villaseñor, Ana Aridjis, Raúl Eduardo González, Ernesto Hernández Doblas y Sergio J. Monreal. Evidentemente que no los enumero a todos ni es una lista definitiva. Lo que sí es que escriben y se antoja que son dueña de un estilo, un ritmo y de esa búsqueda que apunta a una estética que marca diferencia con los anteriores periodos porque permiten comprender su propia poética.

De una u otra forma determinan su tiempo y a veces sucede por poemas que ya son de envergadura que prescriben esa transición: el que inicia esa huella como parte de una osadía mayor es Raúl Eduardo González, con Granadas de Santiago; sigue Pequeño poema con futuro grande de Toledo, que es punto intermedio entre la exploración del lenguaje y nombrar el amor y la muerte; todo lo anteriormente expresado es para mejorar la tradición lírica por un poema como Camlann de Sergio J. Monreal, porque es dueño de una imagen fulgurante e inaugural de ciertos potenciales cósmicos: el oficio consiste en develar (presenciar, asistir, acometer) el devenir constitutivo de esa entrevisión constitutiva que afirma y configura por el camino de la pasión que en su visión sostiene y sitúa para el tiempo y aquel sentido de la tradición que plasma en la escritura; y, finalmente termino enumerando el título de un libro determinado por el eco que reflejada con rigor Lugar de muertos de Hernández Doblas, que consagra un nivel lírico hasta ahora de insuperable belleza lírica.

Otro caso sobresaliente en términos literarios es Salomón Villaseñor, quien escribe poemas notables, construidos con un estilo que recuerda las vanguardias del siglo XX. Su voz modulada con pasión registra expresiones de su elevado dominó entre la revelación de su amor al lenguaje, la unidad que en todo momento del poema expresa y porque sus estrofas están tejidas con ritmo y enfoques diferentes.

Esta generación –inicia con Regalado– deja sentir alcances y límites. Una parte de su poesía –sobre todo los primeros años– determina la evolución pausada ya que recurrió al encuentro de voces como la de José Carlos Becerra y Pellicer, pero una vez que deja atrás esa etapa, arriesga por el lenguaje cotidiano y es cuando emerge su pasión con temas como el amor y la melancolía. Para bien de su poesía es parte del caudal de imágenes que presenta en estos tiempos. Sin embargo, hay que buscar lo que ha construido poéticamente en estos años del tercer milenio, para afirmar que en esta etapa muestra perdurabilidad. Es donde el potencial de su obra tiene un rigor ya único.

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