Viernes 1 de Abril de 2016
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El 20 de marzo se celebró el Año Internacional de la Felicidad, uno de los más de tantos días internacionales donde por cierto existen algunos demasiado increíbles, nos llamó la atención que en las redes sociales y en spots televisivos tuviera mucha promoción, así como un sin número de menciones; no es para menos, cuando se trata precisamente de uno de los grandes fines para lo que existe el hombre, el mismo Sócrates mencionó que el hombre debe ser feliz y para serlo requería ser bueno para él mismo, para su familia y obviamente para la sociedad, de ahí que la bondad sea considerada una de las grandes virtudes de la humanidad.

Hay unos que son felices porque tienen poder, dinero y todo lo que por ende conllevan pero, por el contrario, hay quienes basan su felicidad sirviendo al prójimo, teniendo salud, alimento y distracción. Otros más en el aislamiento y en la meditación muy contrario a quienes buscan equilibrio y bienestar para su pareja e hijos; los más extremosos en su forma de vida son felices en los vicios o en los placeres mundanos. Cualquier elemento que haga feliz a alguien de una forma u otra el júbilo no será permanente, será esporádico, fugaz; porque la felicidad no es un estilo de vida, es un momento o un conjunto de momentos en esta vida.

Para algunos la felicidad es un estado emocional que se produce en la persona cuando cree haber alcanzado una meta deseada. Tal estado propicia paz interior, un enfoque del medio positivo, al mismo tiempo que estimula a conquistar nuevas metas.

Se define como una condición interna de satisfacción y alegría.
Epicuro señala que existen tres tipos de placeres
•Los naturales y necesarios: las necesidades físicas básicas, alimentarse, calmar la sed, el abrigo y el sentido de seguridad.
•Los naturales e innecesarios: la conversación amena, la gratificación sexual y las artes.
•Los innaturales e innecesarios: la fama, el poder político o el prestigio.

Formuló algunas recomendaciones en torno a todas estas categorías de deseos:
•El hombre debe satisfacer los deseos naturales necesarios de la forma más económica posible.
•Se pueden perseguir los deseos naturales innecesarios hasta la satisfacción del corazón, pero no más allá.
•No se debe arriesgar la salud, la amistad, la economía en la búsqueda de satisfacer un deseo innecesario, pues esto sólo conduce a un sufrimiento futuro.
•Hay que evitar por completo los deseos innaturales innecesarios, pues el placer o satisfacción que producen es efímero.
También distinguía entre dos tipos de placeres, basados en la división del hombre en dos entes diferentes pero unidos, el cuerpo y el alma
•Placeres del cuerpo: aunque considera que son los más importantes, en el fondo su propuesta es la renuncia de estos placeres y la búsqueda de la carencia de apetito y dolor corporal.
•Placeres del alma: el placer del alma es superior al placer del cuerpo, pues el corporal tiene vigencia en el momento presente, pero es efímero y temporal, mientras que las del alma son más duraderas y además pueden eliminar o atenuar los dolores del cuerpo.

Ante la diversidad de opiniones y circunstancias para sentirse felices podemos entender el porqué de su corta temporalidad, el porqué es un anhelo, un signo de vida a veces tan complejo de obtener y tan efímero como para preservar.
Ante la diversidad de opiniones y circunstancias para sentirse felices podemos entender el porqué de su corta temporalidad, el porqué es un anhelo, un signo de vida a veces tan complejo de obtener y tan efímero como para preservar.
(Foto: Raúl López Mendoza)

La felicidad para Epicuro: estaba dada por la conjunción de dos factores, la ausencia de preocupaciones, en el término griego “ataraxia” y por el placer. En este sentido, propuso un conjunto de preocupaciones que se hace necesario evitar:

El temor a los dioses: si le tememos a los dioses dejamos de realizar ciertas actividades por miedo a que nos castiguen. El temor a la muerte: si vivimos con temor a la muerte no pensamos en disfrutar esta vida. Para Epicuro no hay vida después de la muerte por eso dice que debemos disfrutar al máximo.

Temor al futuro: si tememos a lo que nos puede llegar a pasar en un futuro, no disfrutamos el presente. Aunque se puede criticar la postura de Epicuro ya que no toca el tema de la espiritualidad, que para muchos es vital, éste es más pragmático y materialista. Un tanto diferente a lo que decía Platón, quien afirmaba que la felicidad era la sensación de plenitud, paz y serenidad, que nos llena de alegría interior y nos permite disfrutar de la vida, es posible cuando el hombre puede contemplar la esencia de las cosas que representan las ideas de Dios.

En otro sentido Aristóteles relaciona la felicidad con el placer.

Reconoce una tendencia natural del ser humano al placer, así como también la aspiración a la felicidad como fin de las acciones.

Porque “el placer está en íntima relación con la naturaleza humana”, ya que “los hombres prefieren las cosas que son placenteras y huyen de las penosas”.

Una vida en privacía, rodeada de amistades y de placeres moderados, con el mínimo de dolores posibles y tranquilidad en el alma, es lo que nos brindará la felicidad, y hacia eso debe encaminarse el hombre.

En fin, la felicidad tiene una gran cantidad de respuestas distintas, ninguna de las cuales se podría asegurar que está totalmente correcta, ni incorrecta. Simplemente depende de la persona; lo mismo sucede en el caso de cómo alcanzar la felicidad, miles de personas intentan caminos distintos, muchos de ellos encontrando esta sensación tan codiciada, y muchos nunca encontrándola. Ante la diversidad de opiniones y circunstancias para sentirse felices podemos entender el porqué de su corta temporalidad, el porqué es un anhelo, un signo de vida a veces tan complejo de obtener y tan efímero como para preservar.

Aristóteles puntualiza, mucha es la corrupción que hay en los hombres; por eso es necesario no perder el gusto por el bien, porque “hacer cosas bellas y buenas pertenece a lo que es en sí mismo deseable”. El hombre corrupto, por el contrario, ha perdido esta sabiduría y pone el placer en actos que son reconocidamente vergonzosos. Benjamín Franklin señaló: La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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