Gilberto Vivanco González
Vivilladas
Periodismo… riesgo latente
Viernes 19 de Mayo de 2017
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Antes de iniciar en forma con el presente artículo deseamos hacer patente un sincero reconocimiento al compañero Jaime Martínez Ochoa, director editorial de este diario, quien este año, en la ciudad de Culiacán, Sinaloa, recibirá el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen por su obra Gleba. Jaime es un periodista y escritor que se ha caracterizado por tener un gran talento en la narración en diversos géneros; sin duda el premio es un reconocimiento a su gran talento y a su perene esfuerzo. Esta es una buena noticia en el ambiente periodístico, un ambiente en el que las notas desafortunadas cada vez son más constantes y lastimeras.

Precisamente el título de esta entrega tiene que ver con las noticias desafortunadas que no sólo tiñen de rojo las primeras planas, sino que separan familias y dejan heridas difíciles de sanar; prácticas que no sólo avergüenzan a un régimen político que no ha sabido controlar los derramamientos de sangre suscitados en todos los estratos sociales pero que se agudizan en los más desprotegidos, en un gobierno que va sumando muertes, no sólo de ciudadanos comunes, sino de aquellos que abanderan el respeto a los derechos humanos, de líderes de movimientos sociales, de personas emblemáticas que piden un alto a la desaparición forzada o en trabajadores de la comunicación, de la información, del análisis político y social; es una auténtica cacería, una cacería donde las víctimas registradas son muchas menos que aquellas que se encuentran en fosas clandestinas y que descansan en el más allá, en el más completo anonimato.

México está viviendo no sólo una crisis social, económica y de credibilidad, sino también una crisis de falta de humanidad, de respeto, de tolerancia; en pocas palabras, tal parece que los valores en ciertos campos de la vida nacional se están revirtiendo para que reinen los antivalores, que cuando se imponen a las bondades suelen provocar un caos generalizado y una total anarquía que sumen a cualquier país en la degradación social.

El imperio de la ley, que busca la aplicación ciega de la justicia, con derechos y obligaciones para todos, el respeto a los derechos elementales del hombre como la libertad de las personas, la libertad de pensamiento y de expresión, la libertad de prensa que sumados a los derechos a la vida, a la alimentación, a la salud, a la educación y a la recreación, son fundamentales para consolidar una sociedad justa y equitativa se está perdiendo; ese imperio de la ley ahora es regido por la sinrazón, por la fuerza, por las armas, por la manipulación, por el engaño, por el fraude y por el abuso del poder.

Es una auténtica cacería, una cacería donde las víctimas registradas son muchas menos que aquellas que se encuentran en fosas clandestinas y que descansan en el más allá, en el más completo anonimato.
Es una auténtica cacería, una cacería donde las víctimas registradas son muchas menos que aquellas que se encuentran en fosas clandestinas y que descansan en el más allá, en el más completo anonimato.
(Foto: Disse)



Las reflexiones anteriores vienen a colación porque una vez más el gremio periodístico se encuentra de luto. De 1983 a la fecha, 265 homicidios: 229 periodistas, ocho trabajadores de prensa, 16 familiares y nueve amigos de comunicadores, así como tres civiles. Del 2000 a la fecha se contabilizan 200 homicidios: 168 periodistas, ocho trabajadores de prensa, doce familiares y nueve amigos de comunicadores, así como tres civiles. Estos son datos del primer trimestre del año, datos que por supuesto a estas fechas de mayo se han incrementado.

El 3 de marzo de 2017, el reconocido periódico Norte, de Ciudad Juárez, fue cerrado por decisión de su director, licenciado Óscar A. Cantú Murguía; la justificación fue la siguiente: “Debido –según explicó en la última edición del mismo de fecha lunes 3 de marzo de 2017– a que, entre otras cosas, no existen las garantías ni la seguridad para ejercer el periodismo crítico, de contrapeso, continúan los asesinatos de periodistas en Chihuahua y prácticamente en todo el país”.

El último caso fue el de Javier Valdez, en Sinaloa, quien era un crítico del gobierno y un valiente denunciante de las operaciones del crimen organizado en su entidad y en toda la nación. Es el último ejecutado, pero por desgracia la lista aún será más larga, no lo decimos por deseo, lo decimos con la certeza que implica que nada ni nadie, ni el gobierno, ni el Ejército o las fuerzas públicas estatales, tienen la solución en las manos para detener este acoso y esta práctica insensata para callar al periodismo, práctica que queda en total impunidad.

Jan Jarab, reconocido escritor y luchador incansable pro derechos humanos, escribió para el periódico La Jornada: “Según los estándares internacionales, el Estado tiene el deber de proteger. En un país federal eso incluye ambos niveles: la Federación y las entidades federativas. En lugar de responsabilizar cada uno al otro ambos deberían desarrollar una política integral de protección; necesitan mostrar que realmente hacen todo lo posible para proteger a las personas amenazadas.

“Existe una esfera de colusión entre autoridades y la delincuencia organizada, y porque en muchos casos los agentes del Estado cometen graves violaciones a los derechos humanos. De hecho, cuando se trata de desapariciones, las familias nos han indicado que un alto porcentaje se trata de desapariciones propiamente forzadas, es decir, cometidas por agentes del Estado o por personas que actúan con su apoyo, autorización o aquiescencia. De manera similar las organizaciones que se dedican a la protección de periodistas constatan que en muchos casos las amenazas vienen de agentes del Estado.

“La enorme mayoría de los 126 asesinatos de periodistas cometidos entre 2000 y lo que va de 2017 –según la CNDH– han quedado impunes, así como las desapariciones. La Fiscalía para Delitos contra Libertad de Expresión ha sido, hasta la fecha, un ejemplo de ineficacia. El Estado es, sin ninguna duda, responsable por este círculo vicioso de impunidad”.

La solución es complicada porque no hay ni la capacidad ni la decisión gubernamental para detener los ataques contra el periodismo; el diputado local Wilfrido Lázaro Medina presentó una ley para la protección a los defensores de los derechos humanos y los periodistas del estado argumentando que la libertad de expresión es la piedra angular de toda sociedad democrática y que es fundamental que el Estado genere condiciones para el ejercicio periodístico, que tutela el derecho de los ciudadanos a la información. Las leyes son y serían buenas, máxime cuando se hace un ejercicio interesante como el de Lázaro Medina; no obstante, y por desgracia, la vida y la tranquilidad de los periodistas se encuentran día a día en riesgo latente.

Francisco Zarco escribió: “La prensa no sólo es el arma más poderosa contra la tiranía y el despotismo, sino el instrumento más eficaz y más activo del progreso y de la civilización”. Y Benito Juárez expresó: “La emisión de las ideas por la prensa debe ser tan libre como es libre en el hombre la facultad de pensar”. ¡Cuánta razón existe en ambas reflexiones!

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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