Rafael Calderón
Lucía Rivadeneyra: De culpa y expiación
Lunes 15 de Mayo de 2017
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Inicio comentando que hace unos días atrás recibí de manos de Lucía Rivadeneyra un ejemplar De culpa y expiación (Parentalia, México, 2017). Es una plaquette que contiene nueve poemas, y en sus páginas percibimos que el primer elemento de identidad está en la portada: la imagen revela hallazgos que son parte de la ilustración que aporta el pintor Gerardo Torres, con su pluma caligráfica sobre el papel Cartiera Magnani. El efecto que se obtiene de conjunto es resultado del cuidado de la publicación que realizó Miguel Ángel de la Calleja, su editor, para iniciar reconociendo que es doblemente celebratorio “gozar y hablar de sus sabores”, y resaltar que Rivadeneyra ha llegado a la edad determinante y puntual de la madurez poética.

Lucía Rivadeneyra
Lucía Rivadeneyra
(Foto: Especial)

El otro ingrediente es la contrición del título: una coordenada que hace referencia con la vida diaria, por lo que dice o reconoce y por la esencia y el sentido de las imágenes. El poema que da título con sus siete apartados es parte de un recuento que resalta la soledad que vive un pez fuera del mar, recuerda que se vuelve platillo: ¡Todo lo demás es lo que encierra ese viacrucis entre la vida y la muerte! Decir que habrá tiempo, espacio y anticipo de lo que encierra De culpa y expiación, como recordar que su autora vive en la Ciudad de México, pero su tradición literaria tiene como punto de encuentro Morelia y plenamente es su casa fugitiva, porque su obra literaria pertenece a ésta y a quien la haya leído.

Quienes han leído ediciones anteriores de su poesía (como Rumor de tiempos) sabrán reconocer que nuevamente brilla la unidad en De culpa y expiación: ella sabe del legado de sus poemas, y quienes están por descubrirla deben advertirlo. En todo caso, el primer paso será reconocer que tienen ante sí esa oportunidad de poder comprender que es dueña de su propia huella poética. Si la antología Rumor de tiempos está identificada con Morelia, puede que sea la síntesis de estadías fugaces; sus lectores terminan identificándola por esa huella del tiempo transcurrido. Lo siguiente es recordar aquel lejano aporte que llama Rescoldos; la continuidad es resaltada por Robo calificado, pero la directriz es al posar con el bastón del gran poeta Rubén Bonifaz Nuño, para la portada; sin dejar de lado los versos del título En cada cicatriz cabe la vida con el sentido de las imágenes visibles. Pero los versos De culpa y expiación parten del encuentro con una lectura que se anticipa como única, pero se intuye que es parte de una obra más amplia y que seguramente se encuentra en proceso de escritura.

Por eso cuando se quiere hablar a partir de un poema –lo mejor en todo caso– será citar su lectura y pasar a los comentarios hacia un segundo plano. La realidad es que la poesía no se explica ni se puede definir de esta o de aquella forma. Lo que hay que decir es el cómo, dónde y por qué del efecto de sus imágenes. Sólo entonces un poema resalta esa impronta de sus imágenes, el ritmo y su musicalidad y por lo que encierra: “Dan ganas de aplaudir con sólo verte/ entrar en las caderas de mis sueños.// Dan ganas de comer algo salado/ cuando tu piel absorbe mis deseos.// Dan ganas de tomar, de fuego, un trago/ si tu sudor resbala, por mis muslos.// Dan ganas de llorar de pura dicha/ cuando presientes tus dedos mis antojos.// Dan ganas, muchas ganas, de hacerte lumbre/ para que no se enfríen las caricias,/ para que no se acabe/ el mareo de tierra que generas”.

Para decir que la síntesis, el efecto de la palabra y lo que es visible está en la entrevista que concede en Con-versatorias II de Ricardo Venegas: “Amo las palabras y su sonido. Tengo una relación lúdica con ellas: las busco, se esconden, las encuentro, las descubro cada vez que escribo. Algunas aparecen como un orgasmo inesperado. En el proceso de la creación, surgen de pronto y empieza un juego que no imaginaba hacer con ciertas letras, con ciertos vocablos. Siempre me sorprenden”. La profecía que a la entrevista le reconoce Evodio Escalante es clave para este resumen: “Para nadie es un secreto que la entrevista se ha convertido en nuestros tiempos en una especie de género literario”, y Rivadeneyra lo sabe muy bien. Ante todo, por la obra acumulada en cuatro títulos que ha publicado en tres décadas (1987-2017) y una antología personal y que se confirma al figurar en varias antologías de la poesía mexicana de estos tiempos.

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