Estrellita M. Fuentes Nava
De juniors, mirreyes y lords
Viernes 12 de Mayo de 2017
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Un común denominador que tenemos los países en América Latina es que a pesar de nuestra historia de revoluciones y luchas sociales, el clasismo sigue tan activo como si viviésemos aún bajo un sistema monárquico. Aquí en México, a los herederos de las clases adineradas o del poder tradicionalmente les llamamos juniors, que ahora han involucionado en los mirreyes (acuñado por el politólogo Ricardo Raphael) o en lords en algunos casos, haciendo referencia a la “nobleza” a la que pertenecen. Muchos de ellos son descendientes de políticos o líderes sindicales, empresarios, y muy recientemente de los capos de las drogas, ya que también se han incrustado dentro de los círculos de las élites en el país.

Aunque en realidad no tienen la culpa de haber nacido en esa posición, de lo que sí son responsables es de la manera como se conducen ante la sociedad, y sobre todo cómo encauzan sus privilegios. Para ello considero que hay dos grandes grupos de la casta junior: aquellos que prefieren mantener un bajo perfil y un estilo de vida muy discreto y otros que hacen de su vida una locura de excesos en lujos y demostraciones abigarradas de su poder, todo ello documentado en sus perfiles de redes sociales. Los primeros (llamémosles sólo fresitas) quizás asistieron a universidades públicas, obtuvieron su primer empleo con base en el esfuerzo, están peleados con la ostentación, tienen un círculo de amigos selecto incluyendo a intelectuales, artistas, gente “común”, que los enriquecen en términos creativos y propositivos. Los segundos (los mirreyes) sólo se juntan con sus iguales en popularidad, poder y dinero, y el resto sólo está a su servicio; las chicas, por ejemplo, sólo pueden acceder a este círculo gracias a la belleza (las que son modelos son las más populares, o las que tienen potencial gracias a la cirugía estética), aunque al final de cuentas desafortunadamente les sean desechables, incluso al grado de desaparecerlas, como las historias de las modelos colombianas que han muerto lanzadas desde lo alto de edificios en condiciones muy sospechosas.

En el primer círculo de los “niños bien” también yo pondría a aquellos que desde sus privilegios se han abocado a enarbolar verdaderas causas sociales ya sea para el combate a la pobreza o el cuidado del medio ambiente, o que son exitosos empresarios. Son chicos que eligen estilos de vida aventureros, sin marcas, excesos o protocolos; que prefieren el contacto con la naturaleza en algún paraíso escondido, y si viajan lo hacen a destinos a veces espirituales y/o exóticos. Por el contrario, los mirreyes no tienen reparo en subir a Instagram sus fotos en sus aviones privados a destinos de lo más in, las fiestas en lugares suntuosos y excesivamente caros, los autos y la ropa de marca.

Estos del segundo grupo, en su psique, deducen que si son hijos de políticos o empresarios ya lo son ellos en automático también, aunque por lo general es algo muy equivocado. Quizá sí estén familiarizados con los círculos políticos y se muevan en ellos como “pez en el agua”, pero ser verdadero político es algo muy distante en su génesis: está hecho con base en esfuerzo, dedicación, estudio, estrategia y empatía; un mirrey, en cambio, echará mano de los contactos de papi o cobrará favores en su nombre, utilizará la estructura y recursos también del padre en beneficio propio, y peor aún, en vez de reinventar la política, implementará las mismas prácticas amañadas de los dinosaurios como el acarreo, el clientelismo y la política ficción, y tratará a sus subalternos como desechables, obligándoles a que lo traten con adoración y pleitesía. Y también existen ahora dentro de este grupo las ladies y los lords, que ya son tan denunciados en redes sociales como Lady Profeco, Lady Roma o el Lord Audi, cuyas conductas son reprobables al hacer gala del influyentismo y el abuso.

Como antítesis a los mirreyes y lords afortunadamente hay jóvenes que están destacando por su talento, mérito y esfuerzo propios: Julián Ríos Cantú, de 18 años y estudiante de preparatoria, que inventó un brasier que a través de 200 biosensores mide la temperatura de los senos y ayuda a detectar el cáncer de mama, una de las principales causas de muerte en México; Lady Matemáticas, Olga Medrano, de 17 años y estudiante de preparatoria que se convirtió en la primera mexicana en ganar una medalla de oro en la Olimpiada Europea Femenil de Matemáticas y obtuvo una beca para estudiar matemáticas en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT); Carlos Hernández y su equipo, que ganaron el Premio Internacional Juvenil del Agua en 2007 al demostrar la eficacia del cascarón de huevo para aislar arsénico del agua contaminada, y como ellos muchos más.

Por otra parte, lamentablemente las cifras que recientemente dio a conocer la UNICEF acerca de las condiciones de nuestros niños en México nos hablan de las tendencias para los próximos años, donde las desigualdades parecen estar destinadas a reproducirse: al menos 20 por ciento de los 21 millones de menores que viven en pobreza en el país enfrentan la miseria extrema; 2.5 millones de niños trabajan y uno de cada cuatro debe laborar para ayudar económicamente a su familia; poco más de 351 mil menores no asisten a la escuela y realizan trabajo doméstico en condiciones no adecuadas, de los cuales 70 por ciento son mujeres. Estas cifras son muy distantes y quizá hasta desconocidas para la casta mirrey, y lo lamentable del caso es que siendo hijos de políticos que podrían proponer una nueva agenda social y aprovechar sus oportunidades privilegiadas en favor de un verdadero bienestar público, en realidad sólo velan por sus propios intereses económicos y de poder, buscando la manera de perpetuar su especie y contribuir en sostener al sistema.

La casta mirrey es un referente de la agenda social aún pendiente en nuestro país, lugar donde debemos esforzarnos para replantear el sistema que privilegia a unos cuantos y mantiene esclavizados a una gran mayoría bajo el flagelo de la pobreza y la falta de oportunidades. Ser mirrey tiene un sentido peyorativo y no es motivo de orgullo, y aunque ellos mismos piensen que son herederos de un ADN privilegiado por ser hijos de quien son, los genes no necesariamente se heredan en automático; se necesita conciencia social, sentido de trascendencia, dedicación, disciplina, entrega, lucha y constancia. Ahora que veía la triste pelea de box entre El Canelo Álvarez y Julio César Chávez Jr. me quedó muy clara la lección: en el ring se demuestra quién eres y de qué estás hecho aunque seas hijo de un campeón; lo mismo sucede en el ring de la vida, porque nuestros actos y nuestros resultados develan el verdadero ser. Triste la realidad de los mirreyes, pero también más triste aún quienes les siguen como un club de focas aplaudiéndoles y aspirando a salpicarse aunque sea un poco de su brillo y su poder.

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