Hugo Rangel Vargas
PRD: El discurso “definicionista”
Viernes 12 de Mayo de 2017
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En diversos foros y a través de los medios de comunicación, un sector del Partido de la Revolución Democrática (fundamentalmente el cercano a ciertos actores de la cúpula perredista que ha detentado la dirección de dicho partido en los últimos años) ha sostenido que el sol azteca jugará un papel determinante, e incluso “definitivo”, en la decisión de quien obtendrá la mayoría en los comicios presidenciales del próximo año en el país.

Pese a que la lejanía del proceso electoral incrementa considerablemente la incertidumbre de cualquier proyección en torno a las preferencias ciudadanas y a que el entorno de la vorágine informativa actúa como un factor de cambio en las mismas, en una contienda cerrada como la que podría ser la de 2018 nada resulta más cierto que las estimaciones sobre el papel de “fiel de la balanza” que podría jugar el PRD y otros partidos políticos.

Pese a que la lejanía del proceso electoral incrementa considerablemente la incertidumbre de cualquier proyección en torno a las preferencias ciudadanas y a que el entorno de la vorágine informativa actúa como un factor de cambio en las mismas
Pese a que la lejanía del proceso electoral incrementa considerablemente la incertidumbre de cualquier proyección en torno a las preferencias ciudadanas y a que el entorno de la vorágine informativa actúa como un factor de cambio en las mismas
(Foto: TAVO)


La estructura aún sólida del partido fundado por Cuauhtémoc Cárdenas en algunos bastiones importantes, la prevalencia de cierto sector de dicho partido cercano a grupos bien organizados y corporativos de ciudadanos y las reminiscencias de núcleos poblacionales que vivieron el nacimiento del PRD, son ejes de articulación de cierto voto duro que acude a las urnas a votar por este partido, el cual, por muy menor que sea, representaría la diferencia entre perder o ganar una elección.

Sin embargo, sin más cálculo que el de las sumas y restas de porcentajes y estimaciones de votación a partir de las encuestas conocidas y las no conocidas, este sector del perredismo parece haber hecho a un lado el sentido fundamental de la lucha política, al menos el que se ha declarado al interior del PRD desde su fundación: la transformación del país y la instalación de un gobierno democrático, popular y progresista.

Sí, es cierto, en la vida pública –y con mucha mayor crudeza en la mexicana– parece imposible resolver el conflicto que existe entre la ética y la eficacia política. De ello da cuenta la reciente declaración del gobernador morelense y también precandidato presidencial perredista, Graco Ramírez, quien ha dicho que la alianza con las izquierdas “no da” y prefiere abrirse como simpatizante a un acuerdo, aunque innatural pero desde su punto de vista “más efectivo”, con la derecha representada por Acción Nacional.

Sin embargo, en pos de la conquista del poder, el fin fundamental del mismo se ha distorsionado en las alianzas que sugeridas por Ramírez Abreu y ejemplos de ello sobran en las diversas entidades en las que los acuerdos entre panistas y perredistas han servido para destronar al PRI, pero que poco impacto han tenido en la calidad de los gobiernos y los resultados que estos ofrecen a sus gobernados.

Por ello es que el gran ausente en el discurso “definicionista” en los cuadros del PRD que lo sostienen es el proyecto de nación. Ni por asomo se dilucida una línea que deje entrever el debate sobre la agenda programática o la plataforma que se tiene que ofrecer a los ciudadanos en el proceso electoral. No, no lo hay porque para quienes sostienen esta posición resulta más trascendente la definición de “poses”, “posturas” o “buenos tratos” con quienes podrían ser los aliados naturales del PRD: la izquierda.

Detrás del discurso “definicionista” de cierto sector del PRD está una lógica mercantil del quehacer político, una posición de fuerza y regateo en la que el centro de la negociación no son proyectos ni posiciones programáticas, y sí las componendas y prebendas políticas con las que se cuida la subsistencia, ni siquiera del sol azteca, sino de la condición personalísima de cierto grupo de privilegiados.

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