Rafael Calderón
Elegía del destino
La ruptura generacional de la poesía michoacana
Lunes 8 de Mayo de 2017
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La lista para conocer los autores nacidos en la década de los 50 del siglo XX es amplia. Dentro de esa lista, sin embargo, destaca Frida Lara Klahr. Ella registra la esencia de la sabiduría espiritual del idioma para expresarse desde el territorio que se apropia con voluntad lírica: escribe con la fuerza de la naturaleza. El camino que va recorriendo tiene que ver con la ciudad de Pátzcuaro, Morelia o porque se trasladaba a la Cañada de los Once Pueblos para no deja de escribir. Sabe que su contemplación tiene un espíritu de cautiva y libertad. Lo deja como resumen, como la huella entre estampar la fecha, señalando el lugar y el año de su escritura en el poema. Es un itinerario de su poesía. Por esto permite recocer su espíritu de contemplación y la llegada del sol a sus versos que son imágenes o para expresar ese exilio interior que tanto decanta en sus versos. Si bien es cierto que no nació en estas tierras, pero aquí caminó, y decía el exilio. Era a su vez su presencia interior. Un caso diferente, con esa mística, lo que dice Jorge Bustamante García en sus poemas que lo sitúan en Morelia. Por eso, tres pasiones tiene como base su poesía: si traduce, en algún momento el verso es suyo y brota como un nuevo manantial, pero sale a relucir la nostalgia del país donde nació y entonces tiene sentido el posible retorno.

Un caso diferente, con esa mística, lo que dice Jorge Bustamante García en sus poemas que lo sitúan en Morelia.
Un caso diferente, con esa mística, lo que dice Jorge Bustamante García en sus poemas que lo sitúan en Morelia.
(Foto: Especial)

Si Bustamante García habla es porque escribe y enfrente su pasión que es traducir del ruso y por ello se extiende, reflexiona con el ensayo y sabe que un poco más allá de estas fronteras está la práctica de la crónica, el ensayo de creación y esa posibilidad de la poesía que tiene que ver con su capacidad para escribir memorias e introducir al lector en un diálogo capaz de reconocer la esencia del instante que encierra la poesía. Porque sus influencias son los poetas de la edad de plata rusa y en México, igual que Pitol, es un escritor que colinda entre géneros literarios y en este sentido es cuando sobresale apasionadamente el poeta discreto y dueño de poemas que imponen estilo a su biografía lírica.

Los siguientes tres casos son muy específicos para comprender la tradición lírica de Michoacán: estos son Antonio Mendiola, Lucía Rivadeneyra y Francisco Javier Larios. El caso de Mendiola, además de ser heredero de la poesía surrealista, escribe con una persuasión que decanta por la belleza femenina y su exploración verbal; el que más trabajo ha desplazado entre talleres y la difusión de la poesía hacia el fin de siglo XX. Los poemarios que ha dado a conocer tienen en él una trayectoria que rompe el silencio y se abre al encuentro con nuevos lectores. Mientas que Larios es el autor que hay que descubrir poco a poco y ver que su escritura tiene ese efecto que encanta o requiere ir a temas tan actuales, como decir que suma elementos de la antigüedad y hace que emerjan con estilo.

Para decir con otros ojos, hay que decir que Lucía Rivadeneyra llega a la ciudad por elección de la naturaleza y por los títulos de poesía publicados entre Morelia y la Ciudad de México hay que tenerla presente. Como decir que suma ese ritmo de la presencia cotidiana o permanente en sus versos. Los deja sentir con ese efecto y sucede con ese puñado de poemas que acaba de dar a conocer en el que llama De culpa y expiación (Editorial Parentalia, México, 2017). Pero su legado es similar al que ya sucedió con Turón y Aridjis. Para para decir que mantienen ese diálogo con fuerza y rigor, rompe parámetros. Es dueña de una voz que enlaza o encamina y romper fronteras territoriales.

Porque una generación –como los nacidos en los 50 del siglo XX– es por ciertos momentos interesante. Recordemos que Larios en 1981 es de los autores que leyeron en el I Encuentro Internacional de Poesía Morelia y a partir de esa fecha emerge su estilo, y los títulos publicados confirman su trayectoria. Y sus versos están nutridos por la presencia de ciertos elementos clásicos: el mito griego, las musas, los nombre de éstas que van cruzándose en el ejercicio de una develación de pasiones con la soledad, el misterio del amor o extenderse con ciertas imágenes que son síntesis y revelación, como secretamente sucede en ese poema breve: “Yo tiendo este poema como un rayo de luz/ en medio de la tarde/ y tu pondrás amantísima el crepúsculo y los pájaros”. Es resumen de su Penélope para hallar que está viva y decir que queda registrada por el nombre y como parte del misterio develado.

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