Estrellita M. Fuentes Nava
Planear sosteniblemente a México
Viernes 5 de Mayo de 2017
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Una de las más grandes tareas pendientes para México es la planeación porque, desafortunadamente, por décadas ésta ha sido reactiva, clientelar, cortoplacista y ausente de instrumentos claros y transparentes de medición. Generalmente se desdibuja a lo largo de una administración hasta caer en el olvido al cierre del ejercicio, y el país, los estados y los municipios se reinventan cada que hay un nuevo gobierno. Una herramienta tan estratégica y vital como ésta, que debería ser muy técnica, en realidad se encuentra sumamente politizada y los actores entrantes de cada nueva administración siempre tienen el vicio de decir que lo anteriormente hecho hasta su llegada está hecho mal, por lo que hay que empezar de nuevo.

El proceso del diseño de la política pública incluye grandes apartados que conforman un circuito completo: problematización, diseño, implementación y evaluación. No es algo que cualquiera pueda hacer sobre las rodillas, de manera improvisada o con base en ocurrencias, ya que cada esfera tiene su grado de complejidad y exigencia propia. Así, por ejemplo, una inadecuada problematización tuvo como consecuencia que murieran en el abandono cientos de especies por la iniciativa del circo sin animales (y ahora van por los delfinarios), un mal diseño de política hizo que en algún tiempo se construyeran casas para pueblos indígenas en el norte del país, las cuales nunca fueron habitadas porque no correspondían a sus usos y costumbres, con la mala implementación se han perdido miles de millones de pesos en programas de cruzadas contra el hambre y la pobreza, que en vez de impactar positivamente en la población ha sido a la inversa según las evaluaciones independientes, y una pésima evaluación nos orilló a que se les siguieran soltando cuantiosos recursos federales año con año a los gobernadores que hoy están tras las rejas o que son perseguidos por la justicia por desvíos y corrupción.

El presidente Enrique Peña  encabezó el ultimo foro del Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018
El presidente Enrique Peña encabezó el ultimo foro del Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018
(Foto: Cuartoscuro)

Aunado a ese circuito ausente, en el entramado institucional de la política pública del país tampoco existen figuras de contraloría ciudadana que puedan verificar y observar directamente la aplicación del recurso público, por lo que carentes de cualquier ojo avizor, éstos se aplican de manera discrecional, clientelar o electoral: si eres mi amigo te toca más recurso, y además en tiempo y forma; pero si no, te lo recorto y te lo entrego cuando me dé la gana. Eso no es planear. Tampoco es planeación que el gobierno federal inscriba sus propios ejes de trabajo y por otro lado cada gobernador o alcalde haga lo suyo por cuenta propia, y peor aún, que en el Congreso mexicano cada parlamentario exhiba ante su localidad de origen su capacidad de gestión privilegiando obras o programas en su nombre y a su conveniencia en aras de la siguiente elección, dejando de lado las verdaderas necesidades comunes del país.

Se supondría en todo caso que en el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 (PND) tendríamos que vernos reflejados todos, pero en la realidad su construcción de inicio fue sesgada: las demandas ciudadanas que se le entregaron al entonces candidato a la Presidencia de la República se tamizaron, se le agregaron algunos componentes mediante la mascarilla de talleres y consultas virtuales, y la Secretaría de Hacienda fue quien le dio el tijeretazo final con base en su criterio tecnócrata y de alta viabilidad financiera. Y esta “metodología” es la que se sigue administración con administración.

Los ejes rectores de nuestra política nacional actualmente son cinco: “México en paz”, “México incluyente”, “México con educación de calidad”, “México próspero” y “México con responsabilidad global”. De ellos se derivan líneas de acción para la actual administración, entre las que destacan: promover y fortalecer la gobernabilidad democrática, garantizar la seguridad nacional, garantizar un Sistema de Justicia Penal expedito, imparcial y transparente; garantizar el ejercicio efectivo de los derechos sociales para la población, transitar hacia una sociedad equitativa e incluyente, proveer un entorno adecuado para el desarrollo de una vida digna, desarrollar el potencial humano de los mexicanos con educación de calidad, hacer del desarrollo científico, tecnológico y la innovación pilares para el progreso económico y social sostenible; mantener la estabilidad macroeconómica del país, promover el empleo de calidad, impulsar y orientar un crecimiento verde incluyente y facilitador que preserve nuestro patrimonio natural al mismo tiempo que genere riqueza, competitividad y empleo, entre otros más. Al leer esta lista ya de por sí nos da una idea de sus avances y logros si los contrastamos con la realidad cotidiana, pero de todas formas lo invito a consultar este PND a través de la liga pnd.gob.mx.

Ahora bien, cada uno de estos ejes tiene sus propios indicadores, algunos de los cuales a primera vista son difíciles de interpretar para un común ciudadano y más aún de dar seguimiento para poder evaluarlos. Por ejemplo, en el rubro del agua tenemos un “índice global de sustentabilidad hídrica”, el cual integra 18 variables de medición, las cuales, en mi opinión y la de cualquier otro experto del agua, son muy difíciles de evaluar ya que, para empezar, precisamente uno de los más grandes problemas que tenemos en México es la falta de medición de nuestras reservas de agua porque no tenemos suficientes estaciones ni instrumentos.

A nivel internacional la ONU es un referente para los ejercicios de planeación de los países a través de sus Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM 2005-2015) y los recientes Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS, 2015-2030), a partir de los cuales se construye una Agenda 2030; es decir, hacia dónde nos queremos visualizar con ese horizonte de largo plazo. Y hablando de estas agendas, recuerdo la iniciativa de la Conagua llamada Agenda del Agua 2030, debatida e integrada en 2010 y construida a través de un gran esfuerzo de planeación en el que participaron cientos de instituciones, gobiernos estatales y locales, además de académicos, confluyendo en los cuatro retos más importantes del agua para el país: ríos limpios, acuíferos en equilibrio, cobertura total de los servicios de agua y saneamiento, así como la protección de los centros de población ante la vulnerabilidad por los fenómenos hidrometeorológicos. Fue un verdadero diálogo de política, pero con el cambio del sexenio a nivel federal esta agenda se borró de un plumazo por la cuestión partidista, como si los retos del agua en el país cambiaran con tanta facilidad y se “resetearan” al inicio de cada gobierno.

La semana pasada nuestro presidente anunció que para 2018 (año que tendrá once meses de ejercicio efectivo por ser cierre de administración) destinará recursos y modificará la Ley de Planeación para incorporar los ODS de la ONU a nuestro plan nacional, siendo que éstos fueron aprobados desde 2015 y México participó en su diseño desde antes, por lo que no es algo nuevo (¿por qué hasta 2018 entonces?). Estos objetivos apuntan hacia un modelo de desarrollo sostenible e incluyente con un fuerte componente ambiental (algo ausente de nuestro PND si observamos que a ese rubro sólo se le destina el .95 por ciento del presupuesto federal), a partir de lo cual se deben generar ciudades verdes y una economía verde que nivele la pobreza en el mundo. Considero que un esfuerzo de esta naturaleza requiere de un ejercicio de mayor calado y profundidad que el que se puede hacer haciendo una reconversión en once meses. Así que me surge la duda de si este anuncio fue más con fines de discurso por tener actores internacionales sentados a la mesa y ser anfitriones de una reunión con la CEPAL o que realmente fue por convicción, pero de manera tardía.

Así que, mi estimado lector, con estas breves reflexiones observamos lo que apunté desde el inicio: tenemos en todos los niveles una cultura de planeación errática, cortoplacista y convenenciera que no beneficia en nada al país, por lo que si realmente queremos erradicar los males que nos aquejan como nación, tenemos que ponernos todos el “chip” de planear estratégicamente en aras del bien común y no de improvisar como casi siempre nos ha caracterizado a los mexicanos, porque por hacer las cosas así, al “aventón”, el país sí se avienta pero en caída libre y no hacia una meta de desarrollo sostenible, que es, entiendo, hacia donde todos queremos llegar.

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