Rafael Mendoza Castillo
El normalismo: defensa teórica y política
Lunes 28 de Marzo de 2016
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Sin principios ni fines, lo educativo se llena de productividad, de eficiencia, de la calidad que disfraza el desgaste programado de los objetos y bienes, el mercado como ausencia de fines humanos y políticos de la formación social capitalista, misma que convierte todo en mercancía, incluyendo a los sujetos sociales. La competencia en donde sobresalen los oligopolios y las mega-corporaciones. Este es el capitalismo políticamente administrado y planificado, para controlar a las clases subalternas y someterlas a su consenso único (hegemonía).

La filosofía clarifica, determina conceptos y categorías, con la finalidad de que nosotros podamos preguntarle a la conformidad con el objetivo de incomodarla. Entonces, empecemos por determinar conceptos tales como integración, bloqueo histórico, la utopía y el sujeto (Hugo Zemelman). Si partimos de esto, estaremos en mejores condiciones de construir una relación distinta de conocimiento, de acción y modo de pensar distinto, ante lo educativo y el mundo actual.

En la realidad del mundo histórico contemporáneo, la educación, la cultura, la ciencia, el arte, la técnica, encontramos los procesos de integración donde la transnacionalización del capital es hegemónica, no sólo en lo financiero, económico y comercial, sino que también se incorpora lo primero. El capital produce bienes y servicios, pero también produce un sujeto que responda a su consenso único de pensamiento y de consumo.

He aquí el interés de los empresarios (Claudio X González) que impulsan el proyecto llamado Mexicanos Primero, por ocupar también, para su negocio y lucro, el campo de lo educativo. Por eso decimos que el terreno de la educación es una lucha teórica y política. En donde la definición tiene que ser clara en los actores de dicho proceso. La decisión se instala en favor de qué y a favor de quién, porque la naturaleza de la práctica educativa, según Paulo Freire, es política.

Sin embargo, hoy vemos que no sólo se globaliza el capital, el trabajo, sino también la transnacionalización de los medios de comunicación de masas. De ahí que la categoría de integración arroja luz sobre la forma en que los estados -nacionales desaparecen o se vuelven instituciones fallidas, achicadas o simplificadas, privatizadoras, desreguladoras, al servicio de las mega corporaciones extranjeras y nacionales.

De ese modo, gobiernos e instituciones se integran a los centros de la hegemonía económica y el consenso de Washington. Como bien afirma Immanuel Wallerstein: “Que el capitalismo no reconoce naciones ni estados; la única realidad para el capitalismo es la economía mundial; no hay en mente realidades nacionales”.
Esta realidad social, esta existencia actual, expulsa los procesos de la racionalidad teórica, del pensamiento crítico disruptivo y pone en práctica una cotidianidad sustentada en la homogeneización de las emociones y sentimientos, y de las teorías del pensamiento débil. Todo ello promovido por la diversión, el entretenimiento, que lleva a la enajenación de la conciencia. La intención es destruir la centralidad de la política y de la teoría, tal que le apuesta al consumo y a la esclavitud de la gente (ritos religiosos).

Además, a través de los medios de comunicación, sobre todo el duopolio televisivo comercial, educa y forma a la población. No sólo informan al pueblo, se les conforman estructuras de conciencia, que apuntan a la aceptación y adaptación del orden que ellos, los medios, defienden. Esa conciencia de lo mismo, hace sentir y pensar a la gente que lo que existe es lo mejor y que no existe otra opción. Les matan el futuro y la esperanza. El futuro importa.

Como bien dice Giovanni Sartori, que las imágenes transmitidas por los medios se convierten en un video-poder, que al final del día convierten al sujeto en un espectador, en consumidor de lo mismo y eso sí, dependiente del televisor. Como acertadamente dijo el clásico el “medio es el mensaje” (Marshall Mcluhan).
Es importante que nuestro proyecto educativo retome el concepto de bloqueo histórico propuesto por Agnes Heller. Sin este concepto de bloqueo histórico, no podemos entender el porqué la gente aspira a lo mismo pero, sobre todo, cumplir con el deseo del poder de dominación que consiste en que la gente no piense distinto. Lo anterior se vincula con la educación y la cultura, ya que el poder y hegemonía tiránica no persuade, ni les interesa convencer a las personas.

Tal hegemonía pretende que las gentes se conviertan en súbditos y no ciudadanos, no sujetos rebeldes, que visualicen cosas distintas o diferentes a las existentes. Los del poder se enojan, cuando la gente ve la novedad y lo emergente (#YoSoy132). He aquí el papel del bloqueo histórico que padecemos los mexicanos.

Por eso, el modelo neoliberal produce, vía los programas de educación como su actual reforma punitiva, que no educativa, un sujeto que acepte vivir en la pobreza, el desempleo, la marginalidad, que el mismo modelo se encarga de producir y que las personas queden fuera del conflicto de clases. Como dice Hugo Zemelman : “La integración económica genera cultura, pautas de comportamiento y expectativas; y este es el punto central, porque si no se orienta el modelo a provocar en la gente la necesidad del modelo, obviamente éste no durará”.
Pero si seguimos resistiendo. Si continuamos en rebelión, indudablemente que este modelo no logrará su objetivo. Por eso, y otras cosas más, estamos en la perspectiva del educador popular. Desde este lugar pugnamos por otra forma de re-socialización, más humana, rebelde, crítica y sin bloqueos históricos neoliberales.

Es importante que el proyecto del educador popular incorpore, como necesidad de realidad, de conciencia, de conocimiento, el concepto de utopía. Entendida ésta como condición de posibilidad de distanciarnos de esta existencia, de sus prácticas discursivas y de su conciencia sumisa, es decir, comprender y reconocer el mundo en forma alternativa y rechazar la ideología hegemónica dominante. Otro mundo es posible.

Es importante que el proyecto del educador popular incorpore, como necesidad de realidad, de conciencia, de conocimiento, el concepto de utopía.
Es importante que el proyecto del educador popular incorpore, como necesidad de realidad, de conciencia, de conocimiento, el concepto de utopía.
(Foto: Ramón Ponce)

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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