Alma Gloria Chávez
Altares para La Dolorosa
Sábado 8 de Abril de 2017
A- A A+

Cuenta la tradición que el Viernes de Dolores, la Virgen María se encuentra muy triste: “Oh, vosotros todos, que pasáis por el camino, atened y ved si hay dolor semejante al mío…” dice la adolorida madre al recordar al hijo que será inmolado unos días más tarde. Pero también, paradójicamente, ese día es “el santo” de la Virgen en su advocación llamada de los Dolores, por lo tanto se le representa con una espada o un pequeño puñal, símbolo de su aflicción, clavado en el corazón. Entonces es necesario consolar o por lo menos distraer a la Virgen para que olvide aunque sea momentáneamente, su profundo penar.

Es necesario consolar o por lo menos distraer a la Virgen para que olvide aunque sea momentáneamente, su profundo penar.
Es necesario consolar o por lo menos distraer a la Virgen para que olvide aunque sea momentáneamente, su profundo penar.
(Foto: Especial)


Tratar de consolar a la Virgen agasajándola es característica de esta festividad mariana, celebrada por la Iglesia en México desde finales del siglo XVI, según documentan algunos cronistas. Sin embargo, no fue sino hasta el siglo XVIII cuando aparecieron relatos bien documentados con alusiones concretas a los festejos populares. Y es entonces cuando el culto mariano a la Virgen de los Dolores sale a espacios públicos, fuera de las iglesias, haciéndose extensivo a los hogares y barrios mexicanos.

Como otras representaciones religiosas que muestran el sincretismo indoeuropeo en estas tierras, se atribuye su implantación en ellas a los franciscanos y posteriormente a los jesuitas. Resulta evidente que la suntuosidad del culto prehispánico fue tomada en cuenta por los religiosos, quienes trataron de promover, mediante nuevo esplendor, los ritos antiguos, tan elaborados en su ceremonial y ornato, además de estar vinculados a la naturaleza. Existen versiones populares que afirman cómo estos altares encierran actos de agradecimiento y culto a la Madre Tierra (representada en la figura de la Virgen), y el misterio de cómo con la muerte de la semilla (o la muerte de su hijo Jesús) germina y renace a una nueva vida.

Entre los pueblos precolombinos la misericordia era un sentimiento desconocido entre las deidades aztecas, por ejemplo, y por lo tanto, entre los hombres; pero en cambio sí se daba entre el mundo cristiano y se expresaba claramente en la relación de Cristo y su madre, la Virgen María. La unión del espíritu religioso indígena con los conceptos cristianos dio como resultado una devoción aceptada totalmente por los mexicanos.

Y en lo que respecta a la Virgen, los españoles establecían con ella una relación a veces demasiado humana, traducida incluso en los piropos que aún en la actualidad lanzan a su imagen durante las procesiones hispánicas; muchas veces le hablan y la halagan como si se tratara de una mujer. En cambio, el indígena, el criollo y más tarde el mexicano común, no se atreven a hablarle con tanta familiaridad a la Madre de Dios; para ellos la Virgen inspira un amor más divino que humano y, por lo tanto, provoca un profundo sentimiento de respeto. De aquí que la fiesta de la Virgen de los Dolores sea una celebración llena de piedad por el dolor que aflige a la santa Madre.

“El Altar de Dolores es un poema sin palabras, fabricado sólo de carne palpitante de las metáforas; hecho con versos de flores aromadas, rimado con toronjas y naranjas y acentuado con el canto lastimero de palomas habaneras. Este altar es un cargamento de aromas, de colores y sabores ácidos de entusiasmo, animación, espiritualidad y fe. Todo lo que hay en el altar se hace porción del dolor de la Virgen y el dolor se mira, se respira, se siente, se encarna, se materializa, se bebe, se come. El papel picado es pared morada del dolor que ha crecido; es muro de palomas en cruz, con ausencia de nido, es el alma de la Virgen desgarrada por la tragedia que se ensaña. Un Altar de Dolores es vino hecho con base en muchas embriagueces, o es, como la gente dice desde hace tiempo: ‘incendio’. Incendio en el corazón de una granada, toda oración y fiesta”, describe el maestro Ramón Mata Torres en su reseña Altares en Jalisco.

Todos los objetos que aparecen en el montaje del Altar de Dolores son representación de los cuatro elementos que se conjugan para tratar de aminorar el dolor de la Virgen, que ya sabe de la temprana muerte de su amado hijo: aguas de colores, que son las lágrimas vertidas por María; frutas, flores y semillas germinadas, productos de la madre tierra; banderitas doradas y papel picado que revolotean al soplo del viento; velas y veladoras, que mantienen vivo el fuego de la esperanza de una nueva vida, aún después de la muerte.

La preparación del altar comienza con la siembra (dos semanas o diez días antes) de diversos granos en pequeñas macetas de barro, en comales o en latas de sardinas (que se consumen en temporada de cuaresma): chía, alpiste, trigo, cebada o amaranto, cuidando de regarlas con frecuencia para que el día de la colocación del altar se encuentren debidamente germinados. Se sugiere germinar las semillas en rincones obscuros y frescos para que adquieran un color verde tierno.

Se pintan algunas naranjas de color dorado para que sirvan de base y encajar en ellas las banderitas de papel picado de colores morado, blanco o dorado. Con papel picado también se preparan algunos corredizos, o incluso se puede tapizar el muro de fondo del altar. Para darle colorido al montaje se tiñe agua de siete colores diferentes (con anilinas vegetales) y se vierte en recipientes transparentes como copas, botellones o vitroleros. También se pueden colocar esferas de cristal de colores o azogadas de mercurio con tonalidades púrpura, doradas o plateadas.

Las velas colocadas en candeleros, así como lámparas de aceite, pueden suplirse con veladoras, para que al encenderlas el calor de las llamas haga que el papel picado se mueva y cruja, produciendo además suaves destellos. Pétalos de flores, ramos y macetas complementan el altar en el que, por supuesto, una escultura de la Virgen Dolorosa o una pintura representando su rostro preside el montaje, que recuerda los siete dolores que vivió como Madre del Salvador.

Desde el año 1993 el Museo de Artes e Industrias Populares de Pátzcuaro ha incorporado este montaje anual en sus instalaciones con el propósito de contribuir a la recuperación de esta bella tradición en el lugar. Les invitamos a visitarlo, a partir del viernes 7 y durante toda la Semana Santa.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
Comentarios
Columnas recientes

16 de noviembre. Día de la tolerancia

Días de ánimas, días de ofrenda

Ética para médicos

Un hombre de principios

La invención de América

Laudato sí, mi signore.

Pátzcuaro y su legado patrimonial

Día internacional de la paz

Mujeres disidentes

De las crónicas del lago

Fecha para adultos mayores

Proyectos contra la vida

La cultura: un derecho esencial

Turismo y cuidado del entorno

Contando y recordando

Entre costuras

A ejercer ciudadanía con responsabilidad

Apuntes para una historia

Construir la democracia

El maque y su decoración

Soy el museo de Pátzcuaro

Maternidad: desde adentro

La cruz: símbolo a través del tiempo

Festejo por los libros, sus autores y lectores

Un 19 de abril de 1940

Cuando se siembran ideales

Rituales de la Semana Mayor

Ofrenda para Itsii (agua)

La utopía quiroguiana

Buscadoras de vida

Dos maestros reflexionan

Violencia entre adolescentes

Metalurgia en Michoacán

Envejecer con dignidad

Dar sentido a la vida y a la muerte

Cuidar o atender a otros

Festejos de tradición

Atentar contra la seguridad

Los diarios de María Luisa Puga

Nombrar es crear

Sida, cuando el diagnóstico es tardío

25 de noviembre: ¿por qué esta conmemoración?

Mis recuerdos de Teresita

Un guardián del lago

Defensa de la Madre Tierra

Un panteon peculiar

Hambre en el mundo

Recuerdos de un 2 de octubre

Hablemos de un hombre honrado

Cuando la naturaleza grita

La Coalición Nacional de Jubilados Pensionados

Desapariciones forzadas en México

Ejemplos sindicales

Cuando de educación se habla

Pueblos originarios

Ejercitar la ciudadanía

Violencia colectiva

Seguridad ambiental

Sobrevivir la adolescencia

La medicina de la naturaleza

Medio ambiente: nueva visión

Nuestra salud, nuestro derecho

Por el día de los museos

Maternidad desinformada

Por la cruz, a la luz

Hablar de “indianidades”

Altares para La Dolorosa

Trabajadoras del hogar

Aqua sum, agua soy

Ecología integral

Mujeres, pequeños testimonios

Francisco J. Múgica: un documental

Con perspectiva de género

Los toritos en tierra purépecha

Una auténtica “bolsa de valores”

LXXVIII Aniversario del INAH

Por el camino de la ética

Quien ama al árbol respeta al bosque

Pastorelas en Michoacán

El tiempo: medida de hombres

Nana Iurixe

Día Internacional de Lucha contra el Sida

Nombrar es crear

El respeto a las diferencias

Morir por mano propia

Celebración a nuestros difuntos

Nivel educativo, a la baja

De alta peligrosidad

ISSSTE de Pátzcuaro: Un día especial

Día del Maíz

Nuestro derecho a la cultura

Infamias globalizadas

Educacion para la paz

Esfuerzo, disciplina y amor

Maravillosamente: mujeres

Aprendiendo de los oficios

El pensamiento del doctor Bach

Fiesta de los Oficios

El trabajo del hogar

Jornadas de Peritaje Antropológico

Alerta de Género: consideraciones

Defender la educación

Gastronomía

Feminicidio

Día Mundial del Medio Ambiente

La salud de la mujer

Celebremos la diversidad cultural

Para quien educa

Mujer y madre

Día del Libro y la Rosa

Elenísima

Hombre de probidad

Trabajadoras/es de lo invisible

Ser mujer… Y no quedar en el intento

Amnistía Internacional: 45 años

Diálogo interrumpido, acuerdos incumplidos

El palacio de Huitzimengari

El palacio de Huitzimengari

Jorge Reyes: Siete años

Viejos rituales, nuevo ciclo

Desapariciones en Mexico

La inaceptable violencia

Desde tierras orientales

La medida del tiempo

Los Nacimientos en México

Cuando la fiesta es un ritual

Campaña “16 días de activismo”

Defender nuestro legado cultural

El hostigamiento es sinónimo de violencia

Mario Agustín Gaspar

Tributo a la vida a través de la muerte

Discriminacion

Votamos y participamos

Recordando a doña Caro

Para una cultura de paz

Caminos hacia la paz

Cuando una mujer disiente

En recuerdo de Palmira

Abuso de la cesárea

Abuelas (anecdotario mínimo)

De raíz p’urhé

El Día Internacional de los Pueblos Indígenas

Celebrando el XV Aniversario de Decisiones

Territorio de volcanes

Cherani K’eri

Gobiernos incluyentes

Ejercer ciudadanía con democracia

La salud: cosa nuestra

La salud: cosa nuestra

Defender recursos naturales