Alma Gloria Chávez
Trabajadoras del hogar
Sábado 1 de Abril de 2017
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Instituido a iniciativa del Movimiento Internacional de Mujeres, el 30 de marzo, Día de las Trabajadoras del Servicio Doméstico, tiene entre sus objetivos promover, a través del conocimiento, defensa y ejercicio de los derechos humanos, la situación y problemática que viven quienes se emplean para realizar trabajos en el hogar, con la convicción de que sólo con su participación activa pueden impulsarse iniciativas tendientes a facilitar la expresión organizada de sus intereses con miras a mejorar sus condiciones de vida y fortalecer su presencia pública como sector social.

Resulta una fecha que definitivamente deja al descubierto el menosprecio de una mayoría de nuestra sociedad hacia las actividades que se realizan en casa, pero que cada una de ellas y en su conjunto resultan indispensables para el buen desarrollo de nuestra vida en familia y en sociedad. Las actividades “domésticas” (personalmente no me agrada ese término), asumidas generalmente por las mujeres, requieren de un gran sentido de responsabilidad, de aptitudes y experiencia, y es indudable el papel que desempeñan para el buen funcionamiento de las sociedades y las economías que las sustentan.

 Las actividades “domésticas” (personalmente no me agrada ese término), asumidas generalmente por las mujeres, requieren de un gran sentido de responsabilidad, de aptitudes y experiencia, y es indudable el papel que desempeñan
Las actividades “domésticas” (personalmente no me agrada ese término), asumidas generalmente por las mujeres, requieren de un gran sentido de responsabilidad, de aptitudes y experiencia, y es indudable el papel que desempeñan
(Foto: TAVO)



Hace menos de un lustro, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) realizó una serie de actividades tendientes a visibilizar la situación discriminatoria que prevalece dentro en ese sector que ni siquiera la Ley del Seguro Social contempla como sujetos de aseguramiento obligatorio por parte del patrón, negándoles el derecho a la seguridad social. Producto de estos esfuerzos que tuvieron respuesta inmediata entre académicos, activistas, intelectuales y especialistas en derechos humanos, fue el libro Dos mundos bajo el mismo techo. Trabajo del hogar y no discriminación, en el que personas provenientes de distintos ámbitos sociales reflexionan sobre las problemáticas de las trabajadoras del hogar desde diversas perspectivas.

En el volumen de la colección Matices se documenta que “recientemente el Inegi (Instituto Nacional de Estadística y Geografía) publicó algunas estimaciones del valor económico del trabajo doméstico no remunerado que se realiza por los miembros del hogar. Esas estimaciones indican que equivale a 22.6 por ciento del Producto Interno Bruto (…) Por ejemplo, se estima que actividades específicas como la preparación de alimentos por los miembros del hogar que no reciben remuneración tienen un valor económico de 617 mil 098 519 miles de pesos y representan 5.3 por ciento del PIB de la economía nacional a precios de mercado. Esta actividad representa 34 por ciento del valor total del trabajo doméstico realizado en hogares”.

En estos últimos años, a pesar de las condiciones sociales y económicas desfavorables de las trabajadoras del hogar, el incremento de mujeres de mayor edad, casadas y de mejor nivel de instrucción en este tipo de ocupación, ha ido en aumento, respondiendo así a la situación económica y de desempleo del país.

En Dos mundos bajo el mismo techo, Marcelina Bautista, de origen mixteco que llegó a la Ciudad de México a los catorce años de edad para emplearse como trabajadora del hogar, narra cómo esta actividad la llevó a hacer algo para erradicar la discriminación y explotación hacia las mujeres como ella. “Mi experiencia de trabajo –dice– ha durado 22 años limpiando casas y cuidando niños. Esto hace que me ponga en los zapatos de mis compañeras. Creo que puedo contribuir al cambio social en un contexto donde nuestro trabajo no se valora. Algo muy importante que logramos al juntarnos entre compañeras, empezando por tejer redes de apoyo mutuo, fue la conformación del Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (CACEH), donde las empleadas del hogar desde el año 2000 reciben talleres y cursos para conocer sus derechos humanos laborales y sus obligaciones en el trabajo. El CACEH propone cambios al capítulo XIII de la Ley Federal del Trabajo pues no es claro en los derechos de los trabajadores del hogar”.

Marcelina, actualmente de 40 años, comenzó su lucha en la Juventud Obrera Cristiana y colaboró con el Colectivo Atabal, donde fundó el grupo La Esperanza para informar a las trabajadoras del hogar sus derechos laborales. Siempre ha realizado un trabajo de hormiga con otras trabajadoras, y además de fundar el Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar, fue becaria de la Fundación MacArthur. Ha sido galardonada con el Premio de Derechos Humanos de la Friedrich Ebert Stiftungy, el Premio Hermila Galindo de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y ha sido secretaria general de la Red Internacional de Trabajadoras del Hogar (IDWN), desde donde impulsa la campaña regional “Por un trabajo digno. Nuestros derechos no tienen fronteras”, que promueve la ratificación del Convenio 189 de la OIT en América Latina.

En la actualidad, 1.8 millones de personas desempeñan día a día actividades y servicios en los hogares de todo el país; 91 por ciento corresponde a mujeres y una de cada cuatro es jefa de familia. El artículo 123 constitucional establece que toda persona tiene derecho a un trabajo digno y socialmente útil; sin embargo, el empleo doméstico sigue siendo una actividad que se realiza sin contrato, sin prestaciones ni seguridad social. Esta es una forma de discriminación que debemos erradicar porque, además, su trabajo aporta mucho en el mercado laboral y es un detonador fundamental del desarrollo económico y social de nuestro país.

Es un hecho: el trabajo no remunerado de las mujeres supera y por mucho al de los hombres. Según datos del Inegi, en 2016 el valor económico del trabajo doméstico y de cuidados de los varones que están casados o unidos y colaboran con labores en el hogar fue equivalente a 19 mil 571 pesos, mientras que la aportación de las mujeres en la misma situación ascendió a 64 mil 031 pesos.

“No existen recetas mágicas para combatir y desmontar injusticias estructurales. (Pero) estoy convencido de que la efectividad crece en la medida en la cual logremos canalizar el resentimiento en la indignación sustentada en la fuerza de los hechos y la razón”, afirma categórico Sergio Aguayo en el libro Trabajo del hogar y no discriminación.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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