Estrellita M. Fuentes Nava
De la mediumnidad al New Age en la clase política mexicana
Viernes 31 de Marzo de 2017
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Desde los inicios de los tiempos en los que el ser humano apareció en la faz de la Tierra, su vínculo con el mundo de lo espiritual ha estado íntimamente ligado con los procesos de la naturaleza misma. Su vulnerabilidad ante los fenómenos extremos que no podía explicarse como la erupción de un volcán o un terremoto, así como la observación y la maravilla del Cosmos, lo llevó a desarrollar un pensamiento mágico y un panteón de dioses en quienes buscaba protección y refugio para poder transitar en su cotidianeidad. Los líderes o guías de las comunidades o civilizaciones antiguas encarnaban la dualidad de la naturaleza espiritual y política, y eso nadie lo cuestionaba.

Ya en la época contemporánea, con los desafortunados excesos que se dieron en nombre de la religión, el diseño del sistema político trató de desligarse de la esfera espiritual o religiosa instaurando un orden laico que ha podido ser llevado a la práctica de manera muy diferenciada en los países del mundo. Así por ejemplo, tenemos que en Estados Unidos, a pesar de ser un referente del sistema capitalista, el presidente, cuando toma posesión del cargo, hace su juramento sobre una Biblia; en Turquía, después de las reformas del presidente Atatürk, se prohibieron las demostraciones religiosas en una nación cuya mayoría es musulmana, y también está el caso extremo de algunos países árabes, donde los líderes religiosos son quienes establecen de manera absoluta las reglas de lo político, pisoteando incluso los derechos humanos.

En México oficialmente somos un país laico con una mayoría católica, pero es un secreto a voces las prácticas “paganas” de actores políticos desde los albores de la Revolución Mexicana, o desde antes. Por ejemplo está documentado que Francisco I. Madero practicaba la mediumnidad. Durante su estancia en Francia en 1890, en los círculos de la “gente bien” hablar con los espíritus estaba muy de moda, y a Madero le fascinaron el esoterismo, la reencarnación y las sesiones en que los participantes esperaban recibir mensajes de los muertos. Armó una de las mayores bibliotecas esotéricas de las Américas y devoró los escritos de gurús, desde Emanuel Swedenborg hasta Madame Blavatsky. Ello está sólidamente escrito en el libro de C.M. Mayo Odisea metafísica hacia la Revolución Mexicana. Francisco I. Madero y su libro secreto, Manual Espirita (Literal Publishing). La tesis central de Mayo fue que “es imposible entender a Madero revolucionario sin entender a Madero espiritista. Desde una sesión que presenció de estudiante, cuando una voz le dijo que algún día sería presidente, sus aspiraciones y decisiones fueron fomentados una y otra vez por lo que percibió de espíritus. Todos lo animaron en su misión libertadora: la voz de un hermano menor que había muerto en la infancia, un tal José (posiblemente José María Morelos) y otro tal B.J., deduce Mayo: Benito Juárez”.

Otro autor, José Gil Olmos, prestigioso periodista de la revista Proceso, narró en Los brujos del poder 1 y 2 (Editorial Random House Mondadori, 2007 y 2009) las andanzas de los presidentes Madero, Calles y Alemán en esto del espiritismo, así como de la afición hacia los brujos de Catemaco de los ex presidentes José López Portillo, Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari. También relata que varios ex gobernadores y actores políticos han sido y son aficionados tanto a la santería como a otras prácticas esotéricas.

 El mundo espiritual forma parte inherente a la naturaleza del ser humano
El mundo espiritual forma parte inherente a la naturaleza del ser humano
(Foto: Especial)


En lo personal he tenido la oportunidad de conocer de manera muy cercana a personajes que han pertenecido a círculos masónicos, grupos de conocimiento o incluso miembros de la extrema derecha católica (apunto que no pertenezco a ninguno de ellos), y lo que he encontrado en común en muchos de ellos es la integridad moral, la búsqueda constante de la verdad, el compromiso con el bien común y una férrea disciplina y austeridad en su estilo de vida. Más allá de sus creencias religiosas o metafísicas que practicaron, mantienen una fuerte consciencia que ha marcado su vida personal y política, así como le sucedió a Madero en antaño.

Hoy pareciera que se ha democratizado este conocimiento oculto ya que actualmente existe una infinidad de corrientes alternativas o esotéricas a las que se accede fácilmente gracias a que la industria cultural ha encontrado un nicho de mercado en ello: desde películas como Matrix, ¿Y tú qué diablos sabes?, Sexto sentido, hasta libros como El secreto y Harry Potter, que tanto han marcado a las nuevas generaciones identificadas con un despertar de la nueva conciencia por el planeta, así como de una severa crítica y rebelión hacia el sistema. Hay también abundantes recursos en el Internet a través de canales de YouTube, y también un abanico de terapeutas locales que desde distintas herramientas como el reiki, las flores de Bach, ángeles, constelaciones familiares y más, ofrecen ayuda. Sin embargo me parece que lo que tiene todo ello en común es que los que no son charlatanes, en realidad llaman al ser humano a una profunda reflexión acerca de sí mismo (el “conócete a ti mismo” que rezaba el templo de Apolo en Delfos) y su relación con el entorno, así como el desarrollo de una conciencia respecto a que toda acción o pensamiento (que es de donde procede la acción) tiene un efecto sobre los demás (el Inlakesh maya que significa “tú eres yo y yo soy tú”).

Todas estas corrientes que enumero jamás habrían podido recetarle a una mujer esposa de un pillo (Javier Duarte, ex gobernador de Veracruz que robó sumas estratosféricas de millones de pesos y que tuvo la vileza de reemplazar los medicamentos de los enfermos de cáncer por agua) que escribiera cientos de veces en un cuaderno “Sí merezco abundancia”, como para recibir las bendiciones del universo. Tampoco justificaría a sicarios que en nombre de un culto al más allá sacrifiquen a inocentes de la manera más atroz y despiadada, emulando a los templarios, quienes en realidad se consagraban a la búsqueda del Santo Grial, una metáfora de la iluminación y la conexión con el Cosmos. La verdadera conciencia de espíritu es la que tantos filósofos y teóricos de la política han recomendado para el bien hacer y el bien actuar especialmente dirigido a quienes llevan las riendas de una nación o una comunidad: Platón, Tomás Moro, Max Weber y más. Por ello no basta con que nuestro líder del país nos diga que “la crisis está en la mente”, como si esta frase la hubiera copiado del libro El secreto y la ley de la atracción, de Rhonda Byrne; se necesita algo mucho más profundo que ello: un cambio de paradigma que nos haga resurgir a todos como una verdadera nación con absoluta conciencia del bien común de lo que tanto se ha escrito en las utopías.

El historiador Paul Vanderwood decía que no importa que en el oficio de escritor se creyera o no en Dios o en lo sobrenatural, lo importante es que uno tome en serio el hecho de que otros sí lo han creído. El mundo espiritual forma parte inherente a la naturaleza del ser humano, y a pesar de los esfuerzos que hagamos desde el andamiaje institucional o político para demarcarnos de ello, considero que puede funcionar como un sistema de contención para privilegiar la ética en el ejercicio de hacer la política. Aunque si bien es cierto que ello es una decisión íntima y personal, lo que no se vale es que desde las fuerzas obscuras de esta esfera justifiquemos el daño que le podamos generar a otros; eso no tiene nada de espiritual: es vil y reprobable aquí y en todas las corrientes y religiones de la denominación que sea. Todos tenemos conciencia natural para actuar (excepto los que están atrofiados de la amígdala cerebral), y el bien más allá de su dimensión ética es una herramienta necesaria para la supervivencia y el pleno desarrollo de la existencia humana.

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