Jorge A. Amaral
La casa del jabonero
El piropo y el berrinche
Sábado 18 de Marzo de 2017
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A veces es tanto nuestro afán de ser víctimas de algo –lo que sea– con tal de llamar la atención, que somos capaces de armar cualquier escándalo para acaparar miradas y reflectores, volvernos tendencia en Internet y ganar seguidores, o simplemente como una vulgar revancha. Tal parece ser el fondo del escandalito cibernético que protagonizó Tamara de Anda, bloguera consuetudinaria y articulista promedio en El Universal.

Quizá esto no hubiera sido tan escandaloso de haberse quedado como lo que fue al principio: un chisme de redes sociales, pero, y de hecho por eso me enteré, esto pasó a portales de noticias como El Universal, Sin Embargo, Aristegui Noticias, Excélsior, y ya de ahí hasta los de provincia. En los portales que siguieron el juego de la articulista se consignaron todas las publicaciones que hizo en su cuenta de Twitter respecto al tema, desde el momento en que a un osado taxista se le ocurre decirle “guapa” hasta la culminación del caso, cuando al señor le imponen una multa. Y efectivamente eso fue lo que pasó: “Un taxista me dijo ‘Guapaaaa’ en la calle, lo cual es falta administrativa, así que decidí proceder”, escribió Tamara de Anda, y de ahí se sigue publicando “en tiempo real”, dicen los de Sin Embargo, todo el “doloroso” proceso de una mujer “violentada”.

En un país donde a diario aparecen mujeres asesinadas, donde son tantísimos los casos de violencia intrafamiliar en todas sus formas, con redes de trata de mujeres y niñas campeando por diferentes estados del país y nexos con redes internacionales, en un país donde los derechos laborales de muchas mujeres son pisoteados por embarazarse, por tener hijos, por no acceder a peticiones y propuestas del jefe, vaya, por cuestiones que se agravan por su condición de mujeres, de repente salta a la palestra una feminazi ávida de llamar la atención de los medios, quizá porque sus artículos, aunque con lenguaje chabacano, en realidad no son la gran cosa. Y claro, al tratarse de una colaboradora de un prestigiado diario nacional, las autoridades de inmediato procedieron, aun cuando la terrible falta del taxista fue llamarla “guapa”, siendo que verdaderos delitos de género y por miles quedan impunes en este país, la Ciudad de México incluida. No digo que lo que hizo el chofer haya estado bien porque, en primer lugar, ni siquiera es guapa, y dos, en la capital del país ya todo es acoso, hasta preguntar la hora.

¿Qué hubiera pasado si en lugar de un taxista hubiera sido el hombre o mujer ideal de Tamara de Anda (cualquiera que sea) el que le hubiera lanzado un encarnizado y despiadado piropo?, posiblemente ya estarían saliendo, porque, y quienes tengan más de 35 lo entenderán, mucho tiempo atrás, antes del arribo de los millennials y el nuevo feminismo chairo volátil, la gente solía relacionarse entre sí, a veces interactuando con desconocidos de maneras muy primitivas como sacar a bailar en una fiesta, preguntar la hora, incluso conversar.

Ahora le doy una repasada a las notas sobre el tema y Alejandra concuerda conmigo: Tamara de Anda sólo estaba poniendo a prueba a las autoridades para, en caso de no haber obtenido respuesta, sacar una airada columna. Eso le falló, pero en cambio ganó popularidad, la efímera, fugaz y a veces estúpida fama del Internet, pero, caso curioso, ahora busco en Google su nombre y sólo me aparece la nota del “acoso” en muchos portales, nada sobre su blog y sólo un resultado sobre sus columnas en El Universal. Y entonces eso nos lleva a preguntar, de toda esa gente que se subió a la controversia en las redes, cuántos conocerán su trabajo.
Y claro, tenía que sacarle jugo al tema porque pocas veces un periodista puede estar where the action is y vivir para escribirlo, magnificarlo y darle tintes anecdóticos, por eso luego luego publicó su “crónica” en el portal www.maspormas.com. En fin, cada quien hace su lucha; quizá si otro conductor me grita un improperio yo también haga mi berrinche con los de Tránsito y hasta escriba un artículo. No, en realidad no se me da eso, si algo me molesta son los cagones.

Y digo que Tamara de Anda sólo estaba poniendo a prueba a las autoridades porque sus publicaciones la delatan: “Vamos a ver si ‘mi denuncia es mi mejor defensa’”, y cuatro minutos después: “Sí vamos a proceder con @JusticiaCivica como falta administrativa. Ya me van a dar mi turno, como en el departamento de carnisalchichonería”, para concluir al cabo de casi dos horas: “Ya estuvo. Levanté mi reporte en @JusticiaCivica. Todos fueron amables y profesionales. Al taxista le van a poner una multa. Fin”.

El resultado de esto es: 1) el taxista tuvo problemas con la justicia, 2) quedó fichado como “acosador”, 3) posiblemente, si el taxi no era suyo, ya perdió su empleo, 4) Tamara de Anda fue más popular durante algunas horas, 5) si eres periodista, mujer y tienes muchos fans, las autoridades de la Ciudad de México hacen caso incluso a tus más ridículos berrinches, aunque desatiendan verdaderos casos de violencia de género. Por cierto, Tamara de Anda ni siquiera es guapa pero eso es lo de menos, lo que sí destaca es que por gente como ella las causas justas se desvirtúan al grado de rayar en la imbecilidad. Es cuánto.

Tal parece ser el fondo del escandalito cibernético que protagonizó Tamara de Anda, bloguera consuetudinaria y articulista promedio en El Universal.
Tal parece ser el fondo del escandalito cibernético que protagonizó Tamara de Anda, bloguera consuetudinaria y articulista promedio en El Universal.
(Foto: TAVO)

Para escuchar el fin de semana: Enter The Wu-Tang (36 chambers)

Era 1993 –noviembre para ser precisos– y en Nueva York salió a la luz uno de los mejores discos de rap de todos los tiempos: Enter The Wu-Tang (36 chambers).
Bajo el liderazgo de The RZA, Wu-Tang Clan se fue integrando como un colectivo de MCs, verdaderos monstruos del rap como GZA, Ol' Dirty Bastard, Ghostface Killah, Raekwon, Method Man, U-God, Inspectah Deck, Masta Killa y Cappadonna.

Inspirado en las artes marciales y los postulados de la Nación de los Dioses y las Tierras, una rama de la Nation of Islam, toma su nombre del wu tang, un estilo de pelea oriental, y el apellido del disco homónimo, 36 chambers, hace alusión a la cinta de artes marciales Las 36 cámaras de Shaolin (1978).

Underground en su inicio, Wu-Tang Clan poco a poco fue posicionándose entre el exigente público neoyorkino y su primer álbum, con letras basadas en la vida de las calles pero permeadas con postulados de filosofía oriental e islámicos, se caracteriza por su sonido oscuro, crudo, no estruendoso pero imponente, como creo que debe ser el buen rap.

El sampleo es sencillo pero esa es su principal virtud: la extraordinaria sencillez con cortes breves e inserciones discretas que dan como resultado uno de los mejores beats, que de hecho se volvería característico en el rap de la Costa Este a mediados de los 90.

Oscuro, enigmático, nocturno, crudo, así es Enter The Wu-Tang (36 chambers), ideal para un fin de semana nublado. Salud.

Sobre el autor
Jorge A. Amaral Morelia, 1980. Melómano, aficionado a la cocina y poeta rehabilitado. Narrador ocasional, cronista eventual y articulista consuetudinario. Aprendió algunas cosas bastante útiles en la Facultad de Filosofía, tuvo un centro botanero, ha sido desempleado, obrero, carnicero, oficinista, funcionario, dirigente partidista y taquero. De oficio corrector, ha publicado en diferentes antologías editadas dentro y fuera del estado, en las revistas Letra Franca, Clarimonda y otras de menor notoriedad, además de ser columnista en la revista digital Revés. Abomina la presunción sabedor de que, en la casa del jabonero, el que no cae, resbala.
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