Natalia Reza
Todos queremos que los bailarines piensen
Sábado 18 de Marzo de 2017
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Es curiosa la situación que viven los adultos que antes fueron niños. Se les pide que sean proactivos, ecologistas, productivos, empáticos, solidarios, altruistas, equilibrados, honestos, saludables, cultos, libres, pero en su infancia se les mandaba callar cuando opinaban. Que dijeran cosas chistosas, eso sí, claro que lo podían decir, para las monadas siempre hay lugar; que si venían con los abrazos y los te quieros, los te admiros, por supuesto que podían hablar, pero de lo demás no, eso ellos ni lo entienden, son cosas de grandes.

Luego esos adultos que antes fueron niños siguieron creciendo y teniendo sus propias ideas, pero siempre hubo alguien que les recordó afanosamente que `estas son las reglas de la casa, la escuela, el primer empleo y si no te gusta te puedes ir, la puerta está muy ancha´.

Es curiosa la situación que viven los bailarines de hoy en día porque una vez fueron niños mandados a callar y alguien les dijo que en la danza había libertad, pero es una ilusión, es un espejismo.
Es curiosa la situación que viven los bailarines de hoy en día porque una vez fueron niños mandados a callar y alguien les dijo que en la danza había libertad, pero es una ilusión, es un espejismo.
(Foto: Cuartoscuro)



Esos adultos que fueron niños y luego adolescentes y jóvenes nos ven a los adultos a su alrededor tirar basura en la calle, dejar los deberes para el último momento, juzgar a todo aquel que ose salir de nuestros esquemas, dejar que el otro se haga bolas con sus problemas que por algo los ha de tener, atesorar y acumular bienes materiales, salirnos de nuestras casillas en el tráfico, en la fila del súper, en la plática de futbol, en las prisas de las mañanas; nos escuchan decir mentiras (o excusas que ya casi es sinónimo), comer comida enlatada, empaquetada, congelada, ver todas las series de Netflix que alcancemos el fin de semana y básicamente fluyendo en la sociedad de consumo y apariencias.

Que compleja es la situación que viven los adultos que antes fueron niños, se les pide que sean algo que no se les permitió ser, desarrollar o aprender.

Y cuando alguno corrió con la suerte de haber crecido en un ambiente amoroso y propiciador lamentablemente no va a encajar en una realidad en donde nadie quiere salirse del molde, porque puede ser muy peligroso, es más fácil quedarse callado y aceptar con una sonrisa la suerte que le tocó.

Nos quejamos del presidente, gobernador, alcalde, jefe de colonos. Nos quejamos de los maestros, de los tíos, los amigos. Nos quejamos, pero siempre en el pasillo, siempre de lejitos, quedito, sin que nos oigan. No vaya a ser que se ofendan y luego tal vez perdamos su `favor´.

En la danza queremos que los bailarines piensen, pero no tanto. Que piensen lo suficiente como para tener ideas que ayuden a resolver la obra, que ayuden a mandar un correo o a tomar fotos de las giras y las suban al Facebook. Queremos que participen en las clases para que luego no digan que los bailarines piensan con los pies. Pero que no se crean filósofos; que no piensen que se puede cuestionar a los maestros, sus métodos y bibliografías. Queremos que nunca olviden que son bailarines y nada más. Que no traigan temas de género y respeto a los salones, eso no tiene nada que ver con la clase. Que no se pongan tampoco muy sentimentales, sí que digan que lo sienten desde lo más profundo y no lo puedan entender está bien, pero cuando lo ligan a un tren de pensamiento ya están en otra cosa "que ahorita no vamos a tocar". Que no se pongan muy conceptuales, o muy abstractos o representativos. Que se pongan lindos, esos sí.

Es curiosa la situación que viven los bailarines de hoy en día porque una vez fueron niños mandados a callar y alguien les dijo que en la danza había libertad, pero es una ilusión, es un espejismo. Igual los queremos domesticar, los queremos condicionar a reaccionar como a nosotros nos conviene, para que no den problemas y `hagan su chamba´.

Escuché una vez más la tan aplicada frase "qué curioso que la gente que más sabe, que más experiencia tiene en la danza, es a la que más trabajo le cuesta abordar el movimiento". Lo que a mí me parece curioso es que siendo adultos y artistas con trayectoria, en lugar de escucharnos y dialogarnos todavía nos manden callar.