Rafael Calderón
Elegía del destino
Corona de llamas: “Tu piel vuelve a mi boca”
Lunes 6 de Marzo de 2017
A- A A+

En 1992 Gaspar Aguilera Díaz de su poesía publica el séptimo libro y a partir de esa fecha queda consolidada bajo el efecto de la corona de llamas: es el tema del erotismo el que permanece como la vigencia de sus versos. Si antes era una presencia colateral y de efectos circunstanciales, para aquel año llega el tema y se queda registrado en el título Tu piel vuelve a mi boca (publicado en San Luis Potosí). Por esto es mejor recordar lo que se dijo en su salida inicial: “Este libro tiene su marca singular en la magia de los números: séptimo. Acaso por ese hecho, de un misterio tan simple, anuncia su calidad de compendio. Pues cada uno de los seis títulos anteriores en la obra de su autor, con sus mejores virtudes, se despliega en este volumen. Aguilera Díaz llega nuevamente a nosotros como una de las voces ya distinguidas de nuestra poesía… Ahora la fina sensualidad y el escepticismo de este libro, su armonía y su toque nostálgico, debe ser un testimonio más de una vida que se fija en la palabra, de la poesía que así logra alcanzarnos. Pues la generosidad de un verso puede ser sencilla y magnífica: cifrar y descifrar la sorpresa y el efecto por las cosas, por los asuntos de la memoria. Tal es el ofrecimiento que Gaspar Aguilera Díaz nos hace aquí, igual que siempre, con un gesto cómplice, con una palabra que alude a los tonos enfáticos, la presunción: su poesía”. Por esto hay que pasar a indagar antecedentes y datos que arrojen luz de este modelo de poesía agrupada bajo el efecto de la lectura de Pablo Neruda y Los versos del Capitán o decir que la boca, vuelve, esta presiente. Es la cita de un naufragio que alimenta sentido con de la escritura de versos entre el círculo legendario del amor y el orgullo infatigable de la poesía moderna, regida por el verso libre, pero con ritmo y musicalidad.

Gaspar Aguilera Díaz, poeta.
Gaspar Aguilera Díaz, poeta.
(Foto: Especial)

Para reconocer huellas y antecedentes que encierran estas páginas, se vislumbra la presencia de Juan Gelman y Rubén Bonifaz Ñuño y comprender esa fuerza de las influencias afortunadas pero nunca dejadas de lado, sino revividas con un verso que parece ser la voz recobrada. Es la interrogante para preguntar por el amor, saber dónde se encuentra y dónde ha quedado; es un orgullo, perdido, o decirlo con sinceridad y si es una duda, ya con acierto, Bonifaz Nuño declara: “Es estar haciendo luz a todas horas”. A partir de Gelman sucede el contraespionaje –la sincera declaración– para decir quiénes son los atacantes del amor. Siguen otras huellas en estos versos de Aguilera Díaz y de pronto salta el mismísimo Francisco de Quevedo. Gratuito la cita de su versos, no; olvidado, nunca. Cita dos versos como presencia única entre su obra y el idioma y nuestro autor abre ese horizonte del diálogo, para nombrar verdugos y víctimas. Lo cita textual como unidad del tiempo fuerte: “Mira que la paciencia del sufrido, / suele vencer las armas del airado”. Por esa condición del diálogo perfila un salto inconfundible como voluntad del diálogo y llega has López Velarde: “Te conjuro a fin de que vengas, / desde la intemperie de la expulsión” y así llegar hasta Antonio Cisneros para comprender que lee con atención a los de su generación bajo esa realidad y lo cita con elegancia, para decir que “las ciudades son las gentes que dejo”.

En esa esencia de su indagación poética, Aguilera Díaz por esa suerte del diálogo indaga la fuerza lírica de Cavafis y Vallejo ni se olvida de Federico García Lorca y esa fuerza del lenguaje ni como fuente de algunas alusiones que son afortunadas. Escribe del erotismo como recuerdo con la lectura de algunos poetas que fue parte de esa fuerza múltiple. Por eso complementa una recorrido: la convivencia autentica hasta saber que constantemente están ciertos poetas escribiendo de estos temas, como si fuera una verdadera máscara, la metáfora encendida. Como decir que encierra el autorretrato por un poema que presenta la realidad del solitario o es su carta de presentación, sucede con dominio literario y autentica voz lírica.

Una poesía como la de Aguilera Díaz tiene el resumen en la vista aérea, en el lenguaje corporal y del encuentro con la amada. Considero que su escritura con estos temas se vuelve ejemplo de una pasión verbal, se sitúa frente al lenguaje: “Por la noche/ me aferro a tu mano/ antes de cruzar los hostiles paraísos del sueño/ tengo pavor/ de perder el rumbo o la memoria/ sin tu báculo tibio que me guía”.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

Del premio estatal de las artes Eréndiera

Un recuerdo para José Antonio Alvarado

190 años de poesía

Morelia: 190 años en la poesía

Morelia: 190 años en la poesía

Morelia: 190 años en la poesía

Morelia: 190 años en la poesía

Gerardo Sánchez Díaz; profesor emérito

Homenaje al poeta Virgilio

Homenaje al poeta Virgilio

AMLO: misión cumplida

Una edición excepcional: libertad por el saber

Escribir es recobrarse: Octavio Paz

Mallarmé dado a la luz por Ximena Subercaseaux

Octavio Paz: homenaje a una estrella de mar

La Universidad Michoacana y la trayectoría de los rectores

Ante la muerte de Nicanor Parra

Contraelegía: José Emilio Pacheco

En honor del novelista Jaime Martínez Ochoa

Contraelegía: el centenario de Raúl Arreola Cortés

Contraelegía: el centenario de Raúl Arreola Cortés

Contraelegía: el centenario de Raúl Arreola Cortés

Las concordancias del verbo o 70 años de Gaspar Aguilera Díaz

“La muerte del Quijote”, poema de José Antonio Alvarado

José Antonio Alvarado, in memoriam

Conmemorar la fundación de la Universidad Michoacana

Conmemorar la fundación de la Universidad Michoacana

Conmemorar la fundación de la Universidad Michoacana

El Café del Prado, en el Centro Histórico de Morelia

La poeta Margarita Michelena

Pedro Garfias, 50 años después

La hora de la política: el regidor Osvaldo Ruiz Ramírez

Lucía Rivadeneyra: “Cuenta la estoria”

Pedro Garfias 50 años después

Pedro Garfias, 50 años después

Ramón Xirau y la poesía iberoamericana

Pedro Garfias, 50 años después

Pedro Garfias, 50 años después

Pedro Garfias, 50 años después

Pedro Garfias, 50 años después

Diario, páginas extraídas

El pensamiento lírico de Odisseas Elytis

Alfonso Reyes: Un puñado de citas gongorinas

Las visitas a Paseo del Guamúchil

La generación del tercer milenio

La generación del tercer milenio

Lucía Rivadeneyra: De culpa y expiación

La ruptura generacional de la poesía michoacana

Para gozar la poesía de José Antonio Alvarado

La ruptura generacional de la poesía michoacana

La ruptura generacional del medio siglo en la poesía de Michoacán

Juan Bañuelos, in memoriam

Alfonso Reyes y la ciencia de la literatura

Los pasos políticos de un peregrino

Corona de llamas: “Tu piel vuelve a mi boca”

Laboratorio para una poética del siglo XXI

La ciencia de la literatura de Alfonso Reyes

Gaspar Aguilera Díaz, entre el blues y el jazz

La Ilíada: traslado de Alfonso Reyes

Noticias de las Tesis filosóficas de Morelos

Yo no estoy a favor de los adeptos: André Breton

Gaspar Aguilera Díaz: la escritura en movimiento

Alfonso Reyes o la Grata compañía

Alfonso Reyes y su constancia poética

El turno y la presencia de Manuel Ponce

El turno y la presencia de Benjamín Fernández Valenzuela

El turno y la presencia de Concha Urquiza

El turno y la presencia de Enrique González Vázquez

El turno y la presencia de Carlos Eduardo Turón

Diario, páginas extraídas

El turno y la presencia de Tomás Rico Cano

El turno y la presencia de Francisco Elizalde García

El turno y la presencia de Alejandro Avilés

El turno y la presencia de Marco Antonio Millán

El turno y la presencia de Alfonso Rubio y Rubio

El turno y la presencia de Alfonso Méndez Plancarte

El turno y la presencia de Francisco Alday

El turno y la presencia de José Luz Ojeda

El turno y la presencia de Ezequiel Calderón Gómez

El turno y la presencia de Gabriel Méndez Plancarte

El turno y la presencia, una introducción

El turno y la presencia. Una introducción

El turno y la presencia: una introducción

Esbozo y acercamiento

Porfirio Martínez Peñaloza (1916-2016)

León Felipe, intrépida metáfora

Leer al poeta Rubén Dario

La Presea Generalísimo Morelos para José Mendoza Lara

Leer al poeta Rubén Darío

Rubén Darío, Del símbolo a la realidad

Leer al poeta Rubén Darío

Leer al poeta Rúben Darío

Leer al poeta Rubén Darío

Leer al poeta Rubén Darío

Leer al poeta Rubén Darío

Leer al poeta Rubén Darío

Leer al poeta Rubén Darío