Rafael Calderón
Laboratorio para una poética del siglo XXI
Lunes 27 de Febrero de 2017
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El poeta Ernesto Hernández Doblas, a sus 45 años de introspección de vida, ha publicado el séptimo título de su poesía. Con éste podemos decir que es un autor llamado a guardar distancia histórica con respecto de los anteriores títulos. Aquellos son parte de un periodo conseguido por la intensidad creativa: Museo de musas (2008), Inventar París (2009) y Lugar de muertos (2007) registran su naturaleza lírica, etapa productiva que abre y determina su presencia. Ahora Laboratorios del soy consolida la vigencia de su poesía y al comprender esto se ocupaba llegar a la sólida escritura de su hemisferio, tiende puentes entre lo que escribe y lo que sincroniza por su voz modulada. Estos veros van del versículo prolongado y por su intensidad son muy parecidos a los aforismos; los poemas en prosa poética colindan con el cuento. Una parte de estos poemas en prosa se dio a conocer en 2011 como homenaje a sus 40 años en los Cuadernos Palabra Poesía. Ahora Laboratorios del soy los arropa en un apartado que se llama igualmente Aeroplanos y reconoce que conservan su excepcionalidad.

Ernesto Hernández Doblas, poeta
Ernesto Hernández Doblas, poeta
(Foto: Cambio de Michoacán)

Es un autor que ya no tiene frenesí entre el verso de la espontaneidad y el juego de las palabras. Ahora es arriesgado por lecturas y revisiones y genera recreaciones que lo llevan a ver antecedentes que influyen para apropiarse de temas y vanguardias con el sabor de su entorno, sentirse parte de la ciudad donde vive y captar estas imágenes. La estructura de esta obra es otra, muy diferente; en algunos poemas ronda la amargura y el frío o la contemplación desnuda de sus musas para nombrar la seducción con un lenguaje que es parte del erotismo descarnado que practica con la escritura entre mirar o desnudar lo que observa.

Algunas veces es la metáfora encendida que tiende puentes entre luces y sombras y registra la presencia de sus musas que en sí son de carne y hueso. Es un autor que quiere ser surrealista y por eso intenta experimentar el resultado del verso sin rima pero con ritmo. La transformación de la voz es parte de la convierte en una elegía, una carta de invierno y de primavera. Es la poesía su verdadera religión de vida. Explora con la palabra su laboratorio y es asimismo la poética de su vida. Laboratorios del soy es parte de esas obras que encierran misterios de su propia lírica. Las voces se desprenden por una sección o la totalidad del libro y por el ejemplo de la unidad interior. Por ese encuentro se puede transformar al reconocerse en una de sus secciones la firme voz reiterada de la metáfora en movimiento. Lo mejor será depurar todo el sentido de unidad e ir a un puñado de poemas, detenerse ante éstos para escrudiñar y llegar al verso que en sí puede ser presentado perfecto y justamente ahí se encuentra la voluntad y trascender al silencio. Esta poesía tiene ese registro que por sus páginas acierta y por lo mismo tiene sonido y la metáfora está viva; el misterio se observado y podemos decir que por la poesía sobrevive a la muerte, y en este caso dice la intemporalidad de las fechas que sirven para reconocer su evolución literaria.

Algunos poemas son apariciones de su lucidez y explora la lujuria y la aparición de esta seducción lo tiene inmersa en el recuerdo que le entrañan sus musas; la ironía de su escritura podría ser un recuento de sueños, la pureza de aquellos juegos de la seducción que convierte en versículo y que son himnos al amor, el erotismo y la seducción del lenguaje. Es un vocabulario que ya es parte de su inventario. Tienen en sus fines eróticos y mundanos la posteridad como una imagen granada. Deja de ser diálogo y renueva y discute embalajes añejos para que pasen a ser parte de esos simbólicos ritmos de sus versos, versículos o aforismos. Laboratorios del soy, una develación de misterios.

Por un verso se determina su existencia, como si fuera un autorretrato del autor, para decir que es una obra de los sentidos. La presencia de estos versos muestra al oído que conscientemente es un autor que escribe, y escribe para reconocerse por su estilo. Quizá sea por esto que nunca leerá ciertos clásicos como El Quijote o la Divina comedia, y lo ha dicho por su condición de poeta, aunque la seducción de sus versos lo mueve por esos lindes y termina escribiendo un tanto diferentes a los demás de su generación, y más bien aquellas obras de la tradición clásica permiten deducir que son la raíz de su laboratorio y consumación poética.

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