Alma Gloria Chávez
Con perspectiva de género
Sábado 25 de Febrero de 2017

La perspectiva de género no es la perspectiva de las mujeres, son dos cosas distintas.

Alda Facio.

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Más de cuatro lustros han transcurrido desde que, como grupo de mujeres interesadas en promover espacios de participación comunitaria “con perspectiva de género”, tuvimos oportunidad de compartir con otras compañeras de distintas asociaciones, o independientes, los conocimientos, aprendizajes, experiencias y reflexiones acerca de un tema que a todas nos interesaba de igual manera, aunque lo vivíamos de distintas formas: el sexismo imperante en cualquier espacio de nuestra existencia.

Sin embargo, a pesar de que actualmente se hable tanto de equidad y perspectiva de género, todavía se percibe el desconocimiento de lo que (a nuestro parecer) resulta fundamental para desarrollar programas tendientes a fortalecer la participación ciudadana, dejando a un lado el asistencialismo o el “clientelismo” que aprovechan algunos partidos políticos.

Quienes estamos interesadas en la problemática de la mujer insistimos en que en esta vida todo tiene que ver con género y todo se puede analizar desde una perspectiva de género. Es más, sabemos que si una no hace un análisis desde la perspectiva de género lo está haciendo desde la perspectiva androcéntrica, porque al no tomar en cuenta la desigualdad de poder entre hombres y mujeres y la desigual valoración de lo masculino y lo femenino al analizar una determinada situación, ya sea en la que participamos hombres y mujeres, o sólo hombres, o la situación del medio ambiente… si una toma en cuenta desde dónde se hace el análisis, una está haciendo un análisis androcéntrico (sólo desde la óptica masculina).

Alda Facio, abogada y feminista costarricense, especialista en género y derecho, autora de diversas publicaciones sobre el tema, lo explica de manera clara y sencilla: “La perspectiva de género no es, de ninguna manera, la perspectiva de las mujeres; son dos cosas distintas. Tampoco hablar de género es hablar necesariamente de las mujeres, aunque pareciera que sí, debido a que casi siempre que hablamos desde una perspectiva de género estamos hablando de las mujeres. Esto es así por dos razones fundamentales: primero, porque las mujeres somos las que hemos desarrollado más la teoría de género y esta nueva forma de ver el mundo a la que llamamos perspectiva de género. Es natural que nos hayamos dedicado más a investigar nuestra realidad que la de los otros, no sólo porque somos nosotras las que sufrimos el sexismo, sino porque se sabía muy poco sobre nuestra realidad”.

Y continúa argumentando: “La segunda razón que nos ha llevado a la definición ‘perspectiva de género’ es porque como antes estábamos invisibilizadas en todo el quehacer humano, aun cuando estamos describiendo una situación en la que estamos hombres y mujeres, o que nos afecta a hombres y mujeres, tenemos la impresión que sólo se está hablando de las mujeres o de lo que afecta a las mujeres, especialmente si aparecemos como protagonistas de la situación”.

Por ejemplo, estamos acostumbradas a oír hablar de la situación de los indígenas (así, generalizando), porque se nos ha acostumbrado a la visión androcéntrica que parte de una concepción del mundo en que la experiencia masculina es central a la experiencia humana. Así, cuando escuchábamos la experiencia de los hombres indígenas, creíamos escuchar la experiencia de hombres y mujeres pertenecientes a la etnia, sin tomar en cuenta las especificidades de cada quien.

Ahora bien, cuando desde una perspectiva de género se nos habla de la realidad de hombres y mujeres indígenas, creemos que sólo se nos está hablando de las mujeres o de lo que a las mujeres les interesa. Y no es de extrañar que todavía suceda así, que todavía se crea que la perspectiva de género es sólo para analizar la situación de las mujeres… pero lo importante es entender que la perspectiva de género es mucho más que eso, que es mucho más profundo y que va mucho más allá de visibilizar a las mujeres o de visibilizar las relaciones de poder entre hombres y mujeres.

A estas alturas, a pesar de tanto discurso y declaraciones en otro sentido, estamos conscientes de que las relaciones sexistas que se tejen en la sociedad es lo que ha obligado a instancias gubernamentales a emitir las “alertas de género” en una mayoría de entidades del país (Michoacán incluido).

El sexismo, como el racismo y el clasismo, no sólo definen las prácticas sociales que son construidas diariamente, sino que definen también las características de las instituciones sociales, y más importante aún, conforman nuestros patrones de pensamiento. El sexismo interactúa con el racismo y el clasismo para estructurar todas las instituciones sociales que hoy existen y por ello afirmamos que están construidas con una concepción androcéntrica, racista y de clase. Por ende, cualquier análisis de la realidad que no sea sexista tiene que tomar en cuenta cómo el género construyó esa realidad. Es precisamente la perspectiva de género la que da cuenta de cómo está en la base de esa realidad.

“Con la perspectiva de género (afirma Alda Facio) hemos detectado el sistema de sexo/género en la construcción de lo doméstico, de lo público, de qué es objetivo, qué es ciencia, cuál es la distinción entre cultura y naturaleza. Con la perspectiva de género hemos visibilizado que casi no ha existido un acto humano o un pensamiento humano (que complemente al hombre y a la mujer); la vasta mayoría de los actos y pensamientos registrados han sido actos y pensamientos sólo de los hombres. La perspectiva de género resalta toda una serie de valores y creencias que estaban invisibilizadas en el análisis de cualquier situación”.
Si lo que nos proponemos es trabajar con perspectiva de género para construir nuevos modelos culturales, sociales, de convivencia armónica, resulta necesario visibilizar, valorar y reubicar la experiencia femenina al centro de la experiencia humana. De nosotras depende el que sigamos siendo invisibles, escondidas detrás de lo masculino, o que transformemos esta sociedad inequitativa en una donde las mujeres nos valoremos a nosotras mismas y seamos capaces de alcanzar la plenitud… la felicidad.

Recordemos: no es lo mismo el sexo biológico que el género, que es la identidad asignada o adquirida por ese sexo.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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