Estrellita M. Fuentes Nava
El modelo de hidro-diplomacia entre México y Estados Unidos
Viernes 24 de Febrero de 2017
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Tal vez el presidente Donald Trump puede proponerse la construcción de un muro para detener los flujos migratorios pero eso no podría contener la dinámica de la naturaleza ya que México y Estados Unidos comparten un gran corredor de biodiversidad, el cual ha sido materia de cooperación entre ambos países desde muchos años atrás. Especialmente el rubro de agua es un tema prioritario en su agenda bilateral, ya que dos terceras partes de los más de tres mil kilómetros de frontera corresponden a cauces de agua (dos mil 019 kilómetros del Río Bravo y 38 del tramo limítrofe del Río Colorado), y cada año el territorio mexicano debe darle a Estados Unidos 431.7 millones de metros cúbicos de los afluentes del Río Bravo. Por otra parte, a México le corresponden mil 850 metros cúbicos de agua del Río Colorado anualmente.

México y Estados Unidos comparten un gran corredor de biodiversidad, el cual ha sido materia de cooperación entre ambos países desde muchos años atrás.
México y Estados Unidos comparten un gran corredor de biodiversidad, el cual ha sido materia de cooperación entre ambos países desde muchos años atrás.
(Foto: Especial)


Este acuerdo fue establecido desde el 3 de febrero de 1944, cuando se suscribió el “Tratado relativo al aprovechamiento de las aguas de los ríos Colorado y Tijuana y Del río Bravo (Grande) desde Fort Quitman, Texas, hasta el Golfo de México, entre los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América”, mismo que fue ratificado por México el 29 de septiembre de 1945 y por Estados Unidos el 18 de abril de ese mismo año. Dicho tratado especifica las obras de ingeniería, como lo son estructuras de derivación y represas necesarias para poder implementar estas asignaciones (por ejemplo, las represas Amistad y Falcón en el Río Bravo). Asimismo, establece las atribuciones de la Comisión Internacional de Límites creada en 1889, cambiando su nombre por el de Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA) México-Estados Unidos, organismo binacional encargado de dar solución a cualquier conflicto que surja entre ambos países, respecto al uso y aprovechamiento de las aguas internacionales en la frontera México-Estados Unidos.

A pesar de que en términos de volúmenes pareciera que México tiene cierta ventaja, lo cierto es que las amenazas por las sequías e impactos del cambio climático han puesto en condiciones difíciles a nuestro país para el cumplimiento de las cuotas en tiempo y forma, y ello ha sido objeto de conflicto. En 2002, por ejemplo, los agricultores texanos acusaron a los productores chihuahuenses de robar grandes volúmenes de agua, siendo que México argumentaba que la sequía les impedía cumplir con el compromiso. El conflicto se elevó a tal grado que fue tema de agenda entre los presidentes Vicente Fox y George Bush. Y es que el Río Conchos casi cruza la totalidad del estado de Chihuahua y de él depende la actividad productiva de sus habitantes. También en el Distrito de Riego Río Colorado (que incluye los valles de Mexicali y San Luis) la actividad agrícola depende del agua que Estados Unidos le proporciona; sin embargo, la producción de hortalizas se destina principalmente para exportación y de ello se benefician muchas empresas extranjeras, entre ellas del país vecino.

Por otra parte, las condiciones de la infraestructura instalada representan ventanas de oportunidad en cuanto al manejo de agua en la frontera norte: existen opiniones de que los sistemas de irrigación, que utilizan del 85 al 90 por ciento del agua de la cuenca del Bravo son obsoletos y poco eficientes; se calcula que algunas presas mexicanas pierden hasta el 40 por ciento de su contenido antes de llegar a los campos y los canales de irrigación en el Valle Bajo son estructuras viejas que necesitan repararse y otras están obstruidas por toneladas de tierra.

A esta condición se agrega la amenaza del cambio climático que fue motivo de un análisis profundo por parte de la XXVI Conferencia de Gobernadores Fronterizos en 2008. En dicho informe se apuntó que las simulaciones de clima global pronostican que el sudoeste de Estados Unidos y el noroeste de México (una región que ya es caliente y árida actualmente) será aún más caliente y seca en el futuro y que “los efectos pronosticados de los cambios climáticos inducidos por el hombre provocarán un aumento del calentamiento y la sequedad en el suroeste de los Estados Unidos y el noroeste de México, exacerbando la competencia por los recursos finitos de agua de la región”.

El agua no es un tema menor ya que, como vaticinan los especialistas en la materia, incluyendo al Banco Mundial, las guerras en el futuro transitarán del petróleo al agua como botín. Los cálculos de las Naciones Unidas indican que en 2025 la reserva potable y dulce del líquido apta para consumo humano será de tres por ciento del total existente; unos 2.5 millones de personas no tendrán en ese momento acceso al agua potable y a los servicios sanitarios y se pronostica esta escasez como nueva amenaza. Al respecto, incluso el historiador inglés Alan Knight escribió en su libro sobre la Revolución Mexicana que el inicio de ésta en el norte de nuestro país tuvo más relación con la falta de agua que con la falta de tierras, y como se ha expuesto en este texto, en la época actual aún continúa siendo motivo de disputa entre los agricultores de ambos países.

La gestión de la agenda binacional del agua entre México y Estados Unidos está montada sobre marcos legales claros, instituciones técnicas eficientes y competentes, y la fuerza del agua los une más que los separa; pero no podemos soslayar su naturaleza de conflictividad la cual podría agudizarse en los próximos años por las condiciones de sequía extrema y el cambio climático, lo cual se ha medido, documentado y reconocido oficialmente por los expertos de los dos países.

Quizá las agendas migratorias y económicas podrían tambalearse en esta nueva administración, pero lo cierto es que el agua no reconoce fronteras, y obliga a los dos países a cooperar en el rubro porque se necesitan mutuamente al compartir cuencas transfronterizas, ya que de ello depende la supervivencia humana y agrícola de importantes ciudades que aportan a su PIB de manera relevante. En lo personal considero que este modelo de hidro-diplomacia que ha sobrevivido desde 1944, que ha sabido adaptarse a los retos que la misma naturaleza le impone, y que ha sido ratificado y fortalecido administración tras administración, podría ser un buen referente para consolidar otras agendas igual de importantes.

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