Rafael Mendoza Castillo
Izquierda y derecha, ¿para qué?
Lunes 20 de Febrero de 2017
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Revisar con actitud crítica los valores, los programas, las ideologías, las identidades, las concepciones de mundo y, sobre todo, la acción política manifestada por el binomio izquierda-derecha es un asunto que reclama una discusión colectiva e individual.

La izquierda y la derecha, consciente o inconscientemente, constituyen dos horizontes políticos, ideológicos, éticos y morales, los cuales orientan la acción humana de grupos, individuos o clases sociales
La izquierda y la derecha, consciente o inconscientemente, constituyen dos horizontes políticos, ideológicos, éticos y morales, los cuales orientan la acción humana de grupos, individuos o clases sociales
(Foto: Especial)

Es claro que para algunos la problematización anterior, resulta ociosa y carente de valor político. Sin embargo, para otros la discusión encierra un valor y sentido ético, político y social. Nos ubicaremos en el segundo momento y daremos las razones pertinentes ¿Con qué valores y proyectos de mundo histórico se identifican las derechas y las izquierdas en su accionar práctico y teórico? ¿Qué sentido tienen, para ambas configuraciones históricas, las ideologías conservadoras, liberales o revolucionarias de nuestro tiempo? ¿Qué sentido adoptan en sus proyectos la conciencia, la acción y los contenidos históricos de la objetividad?

La izquierda y la derecha, consciente o inconscientemente, constituyen dos horizontes políticos, ideológicos, éticos y morales, los cuales orientan la acción humana de grupos, individuos o clases sociales en su vinculación con el contenido objetivo del orden establecido. Como dice Enrique Zemo: “Los inmensos cambios que presagia el siglo XXI nos obligan a redefinir las fronteras que separan a la izquierda y la derecha, pero no las cancelan”.

Hay quienes piensan que las determinaciones de izquierda y de derecha han perdido su capacidad de potenciar la acción de los hombres. Es tan grave la situación que llegan a afirmar que la historia y los mismos conceptos mencionados han muerto. Esto, por supuesto, se instala en un tipo de ideología conservadora cuyo fin es la defensa de un proyecto político explotador y de una sola dimensión económica y social (neoliberalismo).

Este último proyecto y su valoración hacen de la sociabilidad un instrumento altamente técnico, donde la objetividad se presenta a los ojos humanos como si fuera neutral. En esta posición, la conciencia parece rendirse ante la opacidad constituida por el programa de la derecha prianista nacional y la derecha mundial. En esta circunstancia la tragedia hace de la subjetividad una adaptación conductual a lo dado o establecido, sin posibilidades de futuro.

Históricamente la izquierda se asume en la búsqueda de la libertad, la igualdad, la justicia social, y en la acción, contra la indiferencia, la insatisfacción, el sufrimiento, el proyecto del capital, las relaciones de explotación y de dominación; en una palabra, en pugna con el proyecto de la derecha. Este país sólo se puede salvar hacia una izquierda antisistémica.

Por ello la izquierda tiene sus propias identidades que la distinguen de otras acciones que se orientan a lo pragmático, lo utilitario, lo calculado; muy propios estos valores del orden que defiende, hoy la derecha priísta y panista en el poder.

El recorrido temporal y espacial de la izquierda no es de unidad, sino de fracturas, aciertos y de traiciones a sus propios ideales e ilusiones (socialismo real). Ella también ha transitado por la fantasía, la dogmatización, el autoritarismo, y tuvo la oportunidad de constituir un mundo distinto al del capital (tragedia del socialismo).

Lo importante de todo ello es que la razón de la izquierda vuelve a retomar la determinación de las fuerzas y contenidos de la historia y los echa a andar de nuevo, en búsqueda del sueño y la utopía. Sin embargo, la derecha que defiende el capital o el progreso ilimitado completó su sueño con el orden y clausuró su camino en la historia.

Deslindar los proyectos de la derecha y de la izquierda clarifica la posición de estos segmentos sociales y evita la opacidad que existe entre los grupos gobernantes, los empresarios, los poderes fácticos y la oposición de izquierda que ya accede al ejercicio del poder (perredismo chuchista). Sin embargo, el corporativismo mexicano impidió la distinción de los sujetos históricos y sus proyectos.

Nos parece un acierto político y ético el hecho de que Morena, que en estos momentos encabeza la intención del voto según las encuestas de opinión, se asuma como un partido de izquierda. Faltaría solamente que sus acciones y programas apunten hacia la constitución de una sociabilidad sin dominación, en lo concreto, es decir, antisistémico.

La izquierda que deseamos se inscribe en una actitud crítica ante la objetividad, la acción y la intersubjetividad. No como un parámetro detenido y petrificado, sino en contradicción y en movimiento. Hay todavía elementos de irracionalidad (estalinismo), representaciones que se han detenido (estados totalitarios, partidos únicos), conceptos que han perdido vigencia, y la misma acción constituyente, la cual se ha confundido con el accionalismo o el pragmatismo, donde todo vale y donde todo vale, nada vale.

Por ello la ideología no es el único componente de identificación de la izquierda, sino que también hay una posición ética, moral y una concepción epistémica que tiene que ver con la verdad, esto es, la forma en que la izquierda se relaciona con el mundo.

La izquierda que queremos se apropia del mundo con justicia, con equidad, y no como lo hace la derecha prianista de manera injusta y violenta. Verdades completamente distintas. La verdad, post-verdad, hechos alternativos de la derecha, mantiene las formas del mundo alejadas de los hombres y gobiernan con la mentira (trumpismo). La verdad de la izquierda se fundamenta en lo humano, lo histórico y relaciona la objetividad, la acción, la conciencia y, sobre todo, niega toda dominación y explotación.

La derecha ve al mundo como privado y lo usa para su propio provecho. La izquierda se instala en lo público, en la mirada de todos, en lo que interesa a todos, en la república, la nación como proyecto compartido. La izquierda ve el malestar del individuo y el proyecto colectivo. La derecha solamente ve el individualismo posesivo y neurótico. La acción de la derecha y su conciencia calculadora se adaptan muy bien al orden y sus productos generan desigualdad social, guerra y violencia en millones de seres humanos. Este último proyecto es asumido por el Estado mexicano actual, canalla, fallido, simplificado y desregulado, y su clase política conservadora.

La acción y la conciencia operante de la izquierda se identifican con un proyecto de nación, donde la vida social se sustente en la acción constituyente que produzca la condición humana de libertad, justicia, tolerancia, crítica, igualdad y de reflexión; en síntesis, de la emancipación humana. La izquierda sabe que la fuente del poder está en la comunidad, es decir, en el pueblo. De ignorar lo anterior, se estaría en la plena corrupción de lo político. No sólo es corrupto el que roba dinero público, sino también el que se cree que es la fuente del poder (tirano, tribu, gobernador, diputado, etcétera) y puede hacer lo que le venga en gana ( militares en la calle, con su Ley de Seguridad Interna, privatizar el petróleo y la electricidad, los gasolinazos, afectación al erario por 165 mil millones de pesos), para eso quieren la unidad. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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