Rafael Calderón
Elegía del destino
Gaspar Aguilera Díaz, entre el blues y el jazz
Lunes 13 de Febrero de 2017
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En la tradición lírica acumulada por Gaspar Aguilera Díaz sobresalen giros que brillan por títulos que son al mismo tiempo un salto entre música y jazz, rostros de músicos acompañan su escritura, por ejemplo. Para reconocer esto me detengo en ese cuaderno de poemas que es de los últimos que ha publicado, pero curiosamente refleja algo más que la impronta de la música: ese título no es otro que Coloraturas y silencios (Editorial lectura, 2010), acompañado con ilustraciones del pintor y grabador Miguel Carmona Virgen. Se trata de una colección de poemas que se mezcla con la música, especialmente músicos de blues y jazz. Son versos que están ejecutados para sentar precedentes metafóricos, alegorías a sus instrumentos y por consecuencia, visible entre palabras vivas del idioma y ese aliento que es su exploración. En este conjunto de poemas tiene oportunidad su autor de ir al encuentro con la música que propone, que por consecuencia, mantiene una estrecha vinculación entre las fichas biográficas que acompañan la edición de cada uno de esos músicos referenciados y en el mejor de los casos, percibimos, la presencia de la música y la escritura como ejemplo de su complicidad poética.

Gaspar Aguilera Díaz
Gaspar Aguilera Díaz
(Foto: Cambio de Michoacán)

Para esto es importante resaltar un detalle que en un solo poema figura: el poema “La fuga de Miles”, fechado en la Casona del Elefante, San Ángel, octubre, 1991. Es el único que conserva la fecha y por esto resulta pertinente reconocer esa travesía, observar voces que son un eco de la música que lo inspira, ya que lo escribe en la Ciudad de México, y desde entonces refrenda su autor la travesía de su vida: los viajes como sinónimo de su enriquecimiento entre la cultura y la música: el jazz, por supuesto, hace su aparición y llega para quedarse en sus referencias musicales y la ciudad metafóricamente es parte de su estadía. Y si detenernos la lectura por un instante podemos intuir que estos temas son añejos entre la música y el jazz, para ver con esta óptica que aquí, bajo un tema, se coloca una serie de poemas que tienen en común la tónica de la música. Abren un registro más que interesante y sirven para saber cómo ha sorteado su gusto por la música, la pintura y otras manifestaciones artísticas. Y decir que ha podido complementar su condición principal que es escribir poesía y continuar esa búsqueda que se vuelve intermitente y pasional, o decir que llama la atención por esas imágenes y sonidos; polvorín de metáforas entre sonidos de la escritura.

Por eso tomamos el texto de Julio Cortázar que figura al frente –por su extensión– para resaltar que en realidad es un prólogo a los poemas. Estamos ante una realidad no sólo interesante, sino llena de escritura: “Para mí la escritura es una apertura musical. Lo he dicho ya varias veces: es la noción del ritmo, de la eufonía. No de la eufonía en el sentido de las palabras bonitas, por supuesto que no, sino la eufonía que sale de un dibujo sintáctico –ahora hablamos del idioma– que al haber eliminado todo lo necesario, todo lo superfluo, muestra la pura melodía”. Para comprender que el tema de Coloraturas y silencios tiene en sus páginas la respuesta al título que es en sí un hallazgo frecuente en la poesía de Aguilera Díaz.

Por esto me refiero únicamente a este poema y comprender que nos deja ver indicios de esa melodía y en una de sus estrofas expresa: “Las hojas,/ No crujirán igual/ Bajo el peso infiel de los amantes/ Podrá ser París o Central Park/ En cualquier rincón anida la melancolía”. Son imágenes que remontan hasta el año 1991 y por la escritura del tiempo, sigue vigente, está en movimiento. Por la fecha del libro, uno se puede dar cuenta que han transcurrido prácticamente dos décadas de distancia, por lo que hay que decir que la conciencia poética expresada tiene ventajas: son imágenes que se fueron haciendo con el tiempo y llegaron al punto que se convierten en una metáfora fuerte, como obligada, para sintetizar en la escritura decantada no solo por el jazz sino también con el blues. Algo de aquel sonido impregna con imágenes su escritura y deja salir versos que al mismo tiempo son “limpios y cautivadores”, la composición de estos versos reflejan conexión con la melodía que sirve para reconocer que está viva la búsqueda porque encierra música y poesía como elemento vivo de un mismo instante: este título fue escrita entre disfrutar y oír la caída de la tarde con blues y jazz en uno y otro extremo de la vida.

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