Estrellita M. Fuentes Nava
Comida orgánica, ¿sólo para las élites?
Viernes 10 de Febrero de 2017
A- A A+

Los alimentos orgánicos parecen estar de moda en México, pero el problema es que en los anaqueles del supermercado su precio es mucho más elevado que el promedio: una pasta integral cuesta 80 pesos, nuestras moras en cajita (y que producimos en Michoacán como el arándano azul, la mora roja y la zarzamora) oscilan entre los 40 y 60 pesos; un paquete de quinoa, en 60; la arúgula, 70, y una caja de cereal, en casi 80 pesos. Este tipo de alimentos son aquellos que se cultivan libres de químicos como los pesticidas, o de hormonas en el caso de los animales. Su consumo ha ido cada vez más en aumento, y además está documentado su beneficio: según un estudio de la Universidad Estatal de Washington, los productos orgánicos tienen más antioxidantes que pueden ayudar a prevenir enfermedades neurodegenerativas y cardiovasculares. En contraparte, de acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, el uso de ciertos pesticidas en los cultivos puede tener efectos cancerígenos o afectar al sistema nervioso.

Nuestro país es un gran productor de orgánicos: según la Sagarpa, Chiapas, Oaxaca, Michoacán, Baja California Sur, Guerrero, Yucatán, Chihuahua, Sinaloa, Colima y Veracruz se encuentran entre los principales estados con mayor producción en el rubro
Nuestro país es un gran productor de orgánicos: según la Sagarpa, Chiapas, Oaxaca, Michoacán, Baja California Sur, Guerrero, Yucatán, Chihuahua, Sinaloa, Colima y Veracruz se encuentran entre los principales estados con mayor producción en el rubro
(Foto: Cuartoscuro)


Nuestro país es un gran productor de orgánicos: según la Sagarpa, Chiapas, Oaxaca, Michoacán, Baja California Sur, Guerrero, Yucatán, Chihuahua, Sinaloa, Colima y Veracruz se encuentran entre los principales estados con mayor producción en el rubro, lo cual incluye café, hortalizas, miel, leche y derivados, carnes, huevo, entre otros. Somos exportadores de más de 600 millones de dólares anuales en orgánicos, según el Consejo Nacional de la Producción Orgánica (CNPO), y el número de agricultores de ello creció, entre 2002 y 2012, de 33 mil a 169 mil según datos de Impulso Orgánico AC, lo que representa un crecimiento de más del 400 por ciento. La superficie total sembrada asciende a 512 mil 246 hectáreas. También en 2016 hubo un incremento del 13.7 por ciento en cuanto a las exportaciones agrícolas de México, generando ingresos por catorce mil 743 millones de dólares, con lo que este sector se consolidó como el de mayor crecimiento en el rubro de comercio exterior mexicano. Sin embargo, sólo el quince por ciento del consumo de orgánicos es interno y el 85 por ciento se destina a la exportación, principalmente en la Unión Europea, Canadá y Estados Unidos.

A nivel mundial hay un boom, incluso con restaurantes famosos por especializarse en ello; entre los más conocidos se encuentran el Nat, en Alemania, que pretende extenderse por el resto de Europa con 34 franquicias; Whole Foods, en Nueva York –ciudad donde el 65 por ciento de los habitantes sufren de sobrepeso–, y Blynk, en Carolina del Norte, Estados Unidos, que además de comida orgánica contribuye al medio ambiente reduciendo el uso de desechos sólidos y materiales verdes en el diseño del restaurante con pisos de bambú y pintura natural sin tóxicos. En la Ciudad de México, desde 2003 se fundó la primera franquicia de este tipo de alimentos, y a partir de entonces ha habido un auge en cuanto a las tiendas y restaurantes de comida orgánica, así como muy recientemente aquí en Morelia. Esta oferta se ha amplificado gracias al gusto de los consumidores cada vez más preocupados por su salud y por el medio ambiente.

Asimismo, en el caso de la Ciudad de México, es más común ahora encontrar mercaditos sobre ruedas que se anuncian mediante las redes sociales en los que se puede comprar directamente al productor con una gran variedad de sazonadores, perfumes, jabones, aceites, pañales, hasta herbolaria. La ventaja de vivir en Morelia es que afortunadamente tenemos nuestros mercados públicos a la mano, donde se encuentran huevos de granja, quesos, miel y una gran variedad de frutas y verduras.

En nuestro país, los productores de orgánicos (y más los de exportación) deben cumplir con altos estándares de calidad y requieren incluso de certificaciones y constantes verificaciones en campo para garantizar que cumplan con las normas de sanidad necesarias, lo cual les resulta muy costoso. Sin embargo es algo necesario si tomamos en cuenta, por ejemplo, que en el estado de Hidalgo ciertos cultivos son regados con las aguas residuales que les llegan de la Ciudad de México.
Hablar de la soberanía alimentaria no refiere únicamente a asegurar un plato de comida en un comedor comunitario auspiciado por el gobierno para quienes viven en las localidades de alta marginación, o que se les regale una despensa a las personas en condición de pobreza a cambio de un voto. Una verdadera soberanía es la que desde el diseño institucional garantice que todos los mexicanos tengamos acceso a alimentos de tanta calidad como los de exportación a un costo accesible, y que además los pequeños productores reciban un pago justo por ello.

También es una agenda de salud pública: si fortaleciéramos más la producción de orgánicos y se buscaran esquemas para facilitar su acceso al consumidor local, seguramente tendríamos ahorros significativos en el largo plazo, como reducir en algo los casi 800 millones de dólares que costó la diabetes al país en el 2010 (Value in Health, 2011). Otra agenda implícita es la del acceso al agua limpia y al saneamiento, como observamos en el caso de Hidalgo, y la ambiental está presente porque al no usar pesticidas ni químicos no se contaminan ni erosionan los suelos y no se pone en situación de peligro a los acuíferos con los que regamos las frutas y hortalizas que comemos.

Es triste pensar que aún haya muchos niños a los que se les da un cereal de cajita y un jugo de bote para el desayuno, o unas papitas fritas para el recreo. Es triste saber que las empresas de la comida chatarra hayan cabildeado ante el Congreso para regresar a las escuelas. Es triste que salga más económico comprar este tipo de alimentos procesados y poner en riesgo la salud porque es más caro lo libre de químicos. Y más triste es saber que México ocupe los primeros lugares en exportaciones de orgánicos, pero que su producción no se quede para el consumo doméstico.

Tenemos que buscar cómo revertir esta condición y encauzarla desde una óptica integral en la que se atiendan las necesidades internas de seguridad alimentaria, genere utilidades económicas para nuestros agricultores (no sólo a los exportadores), proteja su capital ambiental, y garantice que nuestros niños coman sano y suficiente, ya que la justicia social incluye también la condición de contar con productos en la mesa de alta calidad.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

Los millones del PEF 2018 ¿hacia dónde?

De la muerte y sus ironías

Ecos de Rusia de ayer y hoy

Los cuatro jinetes del Apocalipsis en la agenda ambiental

Del feng shui a los Atlas de Riesgos

Los dos Méxicos

El costo de no invertir en el agua en México

In the name of dog

El otro México

Controlar lo incontrolable: del reino de la TV al Smartphone

La doble cara de la minería en México

Una mirada al agua con ojos de mujer

Viejo PRI, ¿nuevo PRI?

El mito que se desmorona

Adiós a Barbie

Una vida entre perros

El valor de lo simple y ordinario

Fanta elecciones

El Inlakesh del agua

Voces de conciencia por el Lago de Cuitzeo

Movilidad social y discriminación en México

El reto de ser hoy municipio en México

El gran reto del agua desde lo local

Crisis del Estado y gobernanza

Más gorditos para 2030

La discriminación por el agua en México

De juniors, mirreyes y lords

#SiMeMatan

Planear sosteniblemente a México

Mundo millenial

La sonrisa de Duarte

¿Qué tienen en común United y Michoacán?

¿Un nuevo orden internacional?

De la mediumnidad al New Age en la clase política mexicana

¿Por qué desperdiciar agua?

¿Cómo medir la salud mental de los líderes políticos?

La vía de las mujeres en México y el mundo

El paradigma del gobierno del agua en México

El modelo de hidro-diplomacia entre México y Estados Unidos

La seguridad humana en el renglón de la democracia

Comida orgánica, ¿sólo para las élites?

Reset México

¿Reviven la Ley Korenfeld en San Lázaro?

Surfear la ola según Davos

En mis ideas mando yo

Compactémonos

El valor de la confianza

Agarrados por el cuello

Crecimiento de las exportaciones agrícolas en México, sí, pero no sin agua

Calidad democrática y crisis de legalidad en México

¿Aires de esperanza para la agenda ambiental?

Agua, pobreza y agricultura

Día Mundial de la Educación Ambiental

Pensar globalmente y actuar localmente en el agua

¿Quién es quién en el agua?

Agua y pueblos indígenas: una asignatura pendiente

La cooperación por el agua

Desastres naturales y pobreza

Cambio climático: una agenda de seguridad para Michoacán