Hugo Rangel Vargas
Legisladores bizantinos
Viernes 18 de Marzo de 2016
A- A A+

¿Qué tendrían en común la Ley de Disciplina Financiera para estados y municipios recientemente aprobada por el Senado de la Republica y la iniciativa de prohibición de la fiesta brava presentada por un legislador local en el Congreso de Michoacán? Si bien se trata de temas ubicados en esferas totalmente distanciadas de la vida pública del país, ambos hechos dan cuenta de un desorden bizantino en las prioridades de los legisladores.

En el siglo VII, los habitantes del imperio bizantino se convirtieron en aficionados a cuestiones teológicas y reproducían en sus encuentros y festividades intensos debates que habían tenido lugar
En el siglo VII, los habitantes del imperio bizantino se convirtieron en aficionados a cuestiones teológicas y reproducían en sus encuentros y festividades intensos debates que habían tenido lugar
(Foto: Especial)

En el siglo VII, los habitantes del imperio bizantino se convirtieron en aficionados a cuestiones teológicas y reproducían en sus encuentros y festividades intensos debates que habían tenido lugar a raíz de preguntas improductivas formuladas tres siglos antes por el obispo de Nisa, Gregorio. Las discusiones de los bizantinos versaban sobre el sexo de los ángeles, la relación de Cristo con Dios Padre y el misterio de la Trinidad, entre otras curiosidades.

La profunda ociosidad de las discusiones del bizantino es retomada por nuestros legisladores que han decidido perder el sentido de prioridad en su trabajo legislativo. En el caso de la Ley de Disciplina Financiera los números no cuadran para poder justificar cómo se considera importante en orden superior la regulación excesiva de la deuda subnacional que apenas representa el tres por ciento del Producto Interno Bruto, y dejan en el mismo estado de laxitud las facultades del Ejecutivo federal que han permitido que la deuda pública federal alcance el 43 por ciento del PIB.

Y es que el crecimiento de la deuda de estados y municipios es un fenómeno perfectamente focalizado ya que nueve entidades de la República concentran el 45 por ciento de la deuda de los estados y 20 municipios concentran un porcentaje similar de la deuda de este orden de gobierno; por lo que las excesivas medidas adoptadas por la legislación que fue aprobada por la Cámara Alta parece no tener en cuenta el elevado ritmo de crecimiento de la deuda pública nacional en el presente sexenio, la cual ha alcanzado una tasa promedio de dos mil millones de pesos al día.

Además de que pudiera resultar lesiva a la soberanía de las entidades, en la medida en la que la Secretaría de Hacienda tiene intervención en el entramado que permitiría a las entidades la contratación de empréstitos; la nueva legislación es omisa del fenómeno de reducción de las transferencias a los estados que ha venido ocurriendo a partir de la crisis económica de 2009 y de la obsolescencia de la Ley de Coordinación Fiscal, que asfixia las finanzas de las entidades federativas.

El síndrome del legislador bizantino también tiene su eco en el Congreso local de Michoacán, entidad cuya población sigue percibiendo, desde cualquier estudio de opinión que se realice, a la inseguridad y el desempleo como los principales problemas. Aquí sin embargo, el Congreso local comenzará a discutir la propuesta de prohibición de la tauromaquia en la entidad.

Más allá de tratarse de una iniciativa de ley que esconde la doble moral de un movimiento antitaurino que cohabita y se reproduce en una sociedad que consume pieles, que sacrifica animales y pervive sobre la muerte de miles de seres vivos y que sin embargo detesta el procedimiento que le da estabilidad al conglomerado social del que forma parte; la propuesta bizantina de normar la actividad de la tauromaquia está sustentada en la elevación de juicios particulares a universales, llegando a la exuberancia retórica de la proclamación de la defensa de la vida, alocución que esconde la mortaja sobre la que se alza el actual estatus evolutivo de la especie animal de la que forma parte el propio juzgador.

El desorden de prioridades de los legisladores no sólo es un asunto digno de la curiosidad y la parodia, podría derivar en debates interminables que lleguen al exceso del absurdo, cuyo fin ya está señalado en la historia del Edicto de Constante, con el que concluyeron las discusiones bizantinas: “Hay que mantener el sistema que existía antes del inicio de la contienda, ya que así habría sido si no hubiera surgido la discusión”.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

100 años, sólo un Pedro

Fidel, a un año de tu ausencia

Ayuntamientos en crisis

Uber en Michoacán

En defensa de la política

Michoacán: presidentes vulnerables

La ilusión del Frente Ciudadano

Imposturas en medio de tragedias

La tierra cruje

Por qué López Obrador

No mentir, no robar, no traicionar

Se llama Harvey

El expulsionismo militante

El “casting” del FAD

El ejemplo de Rafa y Julión

México, Venezuela y el TLCAN

El dinosaurio se niega a morir

A la altura de la maestra

El socavón de la corrupción

El origen de la vanidad

PRD: La impericia de la codicia

2018: Comienza el juego de imposturas

Las opciones de Mireles

Después del 4 de junio

Correa: La reivindicación de la esperanza

Burguesía a la mexicana

PRD: El discurso “definicionista”

Carmen Aristegui: La nueva patzcuarense

Yarrington, Duarte y la capacidad de asombro

Todo está en la mente

Cárdenas y la mayoría necesaria

La turbulenta izquierda y el enturbiado país

Patria antes que partido

¿Nueva?, ¿izquierda?

Michoacán, hacia un nuevo interinato

Autodefensas: cuatro años de afrentas

La diáspora perredista

#NoEsTrumpEsPeña

AMLO: ¿El triunfo irreversible?

El contrasentido del acuerdo peñista

Gasolinazo y crisis de confianza

Chávez, el parto pendiente

Postdata: Sobre los buenos fines

Casi al fin del mundo

Casi al fin del mundo

El Buen Fin

Trump: El villano favorito

Estados Unidos: lo que está en juego

De “salvador” a “jodedor”

El caso López Obrador

Tras los recortes

El falaz `paralelismo´ Clinton-Zavala

Los pendientes de los Calderón

Los diez minutos de El Tuca

Movimiento al 18

Las redes y Juanga

Peña Nieto: por si faltara poco

Políticas públicas sin medición

Peña Nieto: entre amistades, disculpas y rechazos

Election day

Inauguration Day

Inegi, acribillado

Una mayoría política, para una mayoría electoral

PRD: Un momento para aprovechar

2018:El tiempo de honrar a Heberto

¿Por qué no le creo a Jesús Ortega?

Después del 5 de junio

Muy al sur de Morelia

Mireles: Sin derecho a la rebelión

Trump: La amenaza de la estulticia

Del “ya me cansé” al “mal humor”

AMLO y EPN, dos caras de la misma moneda

Pedro Infante vive

Al diablo con sus instituciones

Legisladores bizantinos

La cumbre de la usura

Legislativo: Desequilibrio de poderes

Un Eco a la eternidad

Bernie Sanders: La esperanza de lo imposible

Febrero: Episodios de colonialismo y de libertad

Acciones afirmativas: El debate continúa

Participación ciudadana y construcción de gobernanza

Bautista, la alternativa perredista

Temixco: La vulnerabilidad revelada

La crisis que se asoma

Sudamérica: ¿Una golondrina que hace primavera?

Autodefensas y fibrosis social

PRD: Las alianzas posibles

Reformas fracasadas

Basave: Por la redención de los intelectuales

Canarios: la resistencia

Por México Hoy

PRI: La guardia al Maximato

Pátzcuaro: La ciudad de la utopía

“Un amigo se metió a la mafia…”

La confesión de la usura

Estados Unidos y Europa: Medidas divergentes, resultados diferentes

Presupuesto base cero: pretextando eficiencia

Cerati: Pasión por la eternidad

Inflación controlada, ¿el fin del fetiche?

2016: El año de la verdad

Cárdenas frente a Navarrete

Deuda pública federal: ¿Quién la detiene?

Los temores de Peña Nieto

Semeí, Mireles y el Tri

Política ficción: Una sucesión sin control

Grecia: Lo que está en juego

Libertad a Mireles

EPN: Crecimiento económico, popularidad y elecciones

7 de junio: Las lecciones de la elección

Itinerario de campaña

Jara: La pesadilla que está por terminar

Pátzcuaro: El costo de la municipalidad

Salarios y precios: una carrera perdida

Apuntes para una política de desarrollo rural

La piedra de toque de Peña Nieto

Sin lugar a duda… los Calderón

Hipólito Mora: libertad sin justicia

BRICS: ¿El principio del fin de una hegemonía?

Aplausos desaparecidos

¿Estado laico?

Michoacán: Las cartas están echadas

…Y no te volverán a aplaudir

El legado de Castillo

2018: Los adelantos del festín

2015: El paradigma en develación

Michoacán es un desmadre

2014: Lugar indeterminado

EPN: Revolución cancelada

EPN: La desproporción del derrumbe

El momento de Goyo y los nicolaitas

Economía campesina: Economía libertaria

Economía campesina: economía libertaria (Primera de dos partes)

Convención de Aguascalientes: El centenario

Contepec: Desempantanar a Michoacán

“La Tuta” y la mano que lava a la otra

PRD: La nueva cuota de sangre

Tauromaquia: el ejercicio de la libertad

EPN: La nomenklatura

Consejo Económico y Social de Michoacán: Las resistencias

La madre de las consultas

Reformas: de Acapulco a Atlacomulco

Michoacán: entre la desmemoria y la ignominia

FVF: El riesgo de los ciegos y los sordos

Y sigue la yunta andando

Televisa: El pecado original

Campo y Reforma Energética: la lucha que viene

Los pendientes de Alfredo Castillo

La rebelión de la humildad

Crecimiento económico: Guerra de tecnócratas