Viernes 3 de Febrero de 2017
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Han sido las dos semanas más intensas, confusas y espeluznantes que hemos vivido en México desde la llegada del presidente Trump: mensajes aterradores, órdenes ejecutivas tajantes y beligerantes, y así nuestros más grandes miedos como humanidad nos han salido al paso. El presidente del país vecino está cumpliendo lo que prometió en campaña, e incluso pareciera que en tres o cuatro días ya terminó su tarea (hasta ya se puede ir a su casa): instruyó la construcción del muro en la frontera con México, prohibió la entrada a migrantes musulmanes originarios de países “peligrosos”, está presionando a las empresas para que se queden en su país y generen fuentes de trabajo, y más. El hombre es un negociador rudo y está habituado a tomar las decisiones de manera rápida y práctica; no viene del mundo de la política, por lo que no sigue las formas habituales.

La periodista Naomi Klein, en su libro La doctrina del shock (2007) expone cómo las sociedades son moldeadas a través de impactos en la psicología social como desastres o contingencias
La periodista Naomi Klein, en su libro La doctrina del shock (2007) expone cómo las sociedades son moldeadas a través de impactos en la psicología social como desastres o contingencias
(Foto: Especial)



Este nuevo panorama está teniendo un impacto severo en la dinámica de nuestro país y no sólo en lo que refiere al ámbito económico y el de la migración, sino porque también está evidenciando que nuestro viejo modelo de sistema político ya no está funcionando. Además, los actores tradicionales se están desdibujando y han entrado en circulación nuevos de ellos, como es el caso del empresario Carlos Slim. Por otra parte, en el colectivo social cada vez más está permeando la idea de movilizarse, de no seguir tolerando los actos de corrupción, ni de agachar la cabeza ante las imposiciones que nos afecten negativamente, incluso al punto de lograr suspender el gasolinazo que estaba programado para este mes de febrero.

Lo positivo de todo esto es que como no lo habíamos visto desde hace muchos años (quizá desde el terremoto de 1985) los ciudadanos y los actores políticos y privados han hecho eco en cuanto al llamado urgente a la unidad, aún en torno al presidente Peña Nieto, dejando de lado sus diferencias (aunque sea de dientes para afuera). También se ha conformado una especie de gran think tank (grupo de pensamiento) entre los expresidentes, intelectuales y estudiosos que de manera muy certera están dibujando vías para amortiguar los golpes de Trump: diversificación de intercambios comerciales con otros países y dinamización del mercado interno. Todos con un mensaje muy claro: que no nos gane el miedo.

Considero que precisamente ese sería el peor error en el que podríamos incurrir ahora como sociedad: dejarnos que nos aterroricen, perder la cabeza fría y que una vez paralizados no metamos ni las manos para defendernos; o también refrendar la creencia de nuestra baja autoestima nacional para que pasen por encima de nosotros y aceptemos cualquier imposición desde la Casa Blanca. Para ello traigo a colación a la periodista Naomi Klein, quien en su libro La doctrina del shock (2007) expone cómo las sociedades son moldeadas a través de impactos en la psicología social como desastres o contingencias, provocando que ante la conmoción y confusión, se puedan hacer reformas impopulares.

Aunado a ello, pareciera que otra vez nos estamos perdiendo en la dimensión de los efectos más que en la estructural, y bajo una lógica como siempre reactiva. Perdón que lo ponga tan llano, pero de inicio nuestros connacionales no habrían tenido por qué huir y buscar empleo en Estados Unidos, si no fuera por la pobreza y la falta de trabajos bien remunerados, y esta condición no se tendría si no fuera por la corrupción y el manejo irresponsable de los recursos públicos. Si ello no hubiera sucedido, no tendríamos este pleito con el presidente Trump (aunque seguro que estaría buscando más excusas, dada su personalidad).

Sabemos que los hubieras no existen, por lo que tenemos ahora enfrente una gran tarea por hacer, pero nuevamente teniendo muy claro aquello que nos dé soluciones de estructura y no aspirinas que nos quiten el dolor de manera temporal. Considero que ahora es tiempo por ejemplo de volver a revisar el gasto público federal que se aprobó para este año y el destino de éste a los programas sociales: recortar aquellas áreas que no se justifican porque no son primordiales, darle un gran impulso a la movilidad urbana sustentable ante la crisis de las gasolinas (transporte eléctrico), sustituir nuestros energéticos petroleros por energías alternativas, promover incentivos más que castigos a los empresarios para generar más y mejores empleos, destinar una fuerte inversión a la educación, así como a la ciencia y a la tecnología, esto último para darle las respuestas urgentes y masivas a nuestra población en materia de agricultura, transporte, medicina entre otras, y así ir ganando terreno en nuestra autosuficiencia y soberanía nacional.

Por otra parte, como sociedad tenemos que estar muy atentos ante esta doctrina shock con la que pretenden dominarnos; debemos aprovechar la oportunidad para sacudirnos de nuestras viejas estructuras políticas, romper nuestros propios paradigmas limitantes y construir un nuevo pacto social. Y en esta coyuntura no estamos solos, porque México tiene aliados: en el contexto geoeconómico países de la Unión Europea que se han mostrado empáticos con nuestra situación; los países hermanos en América Latina (porque recordemos que lo del muro es un problema compartido con ellos); la población multicultural dentro de Estados Unidos, los demócratas y quienes no votaron por Trump. Como dice Jorge Castañeda, esto va a ser cuestión de resistencia.

Así que aprovechemos este gran impulso para resetear a México como se dice en el lenguaje cibernético: vayamos por una nueva cultura democrática y ciudadana y también un nuevo orden político. Y a fajarse los pantalones como lo hicieron en su momento Carranza o Cárdenas, porque no es momento de tibiezas ni para nuestros políticos, ni para cada uno de nosotros. Este es el llamado a trascender y a hacer historia, pero ahora con una visión muy clara de qué tipo de hardware y software queremos instalarle a México.

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