Rafael Calderón
La Ilíada: traslado de Alfonso Reyes
Lunes 30 de Enero de 2017
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La Ilíada de Homero es una obra que todo lector tarde o temprano tiene en sus manos. Sucede en la infancia y más de las veces, porque un día llegan las primeras lecturas de la vida, y generalmente sucede antes de los diez años. La segunda, tercera y todas las que le sigan suceden con el curso de los años. Hace su primera aparición en la primaria y en el mejor de los casos sucede por voluntad propia. A veces son apenas unos cuantos capítulos los que se han leído: ya sea la traducción clásica de Luis Segallá y Estalella. Pero, inspiradamente, un día llega un ejemplar de La Ilíada de Homero: traslado de Alfonso Reyes. Primera parte: Aquiles agraviado, y cambia para siempre el significado de la lectura. Como decir que existieron consecuencias afortunadas para escritores como Octavio Paz y Rubén Bonifaz Nuño. El primero escribe un poema llamado “Mutra” y el veracruzano, además de traducirla, reseña el traslado de Reyes en el suplemento La Cultura en México, de Fernando Benítez.

El prólogo de Alfonso Reyes permite ir más lejos, como reconocer que sus palabras encierran algo de la lectura clásica y sus repercusiones más que interesantes. Inicia con un dicho que se vuelve referencia obligada: “No leo la lengua de Homero, la descifro apenas”. Pero la traduce hasta el rapsoda IX. Y en el asunto de la lengua y su dominio recuerda que lo dicho es una expresión que le llega de Góngora, el poeta cordobés en lengua castellana que más ha leído, que descifra con erudición y con palabras gongorinas escribe a la manera del poeta esas reflexiones de la siguiente forma: “Aunque entiendo poco griego –como dice Góngora en su romance– un poco más entiendo de Grecia”, clarificando al posible lector que no ofrece un traslado de palabra a palabra, sino de concepto a concepto: “Ajustándose al documento original y conservando las expresiones literales que deben conservarse”.

Es como oír esa música del verso y de alguna forma memorizar el episodio de la guerra de Troya, sentir la riña épica con versos melodiosos, y con la reserva misma del entendimiento que depara el idioma: “Canta, diosa, la cólera de Aquiles del Pelida, / funesta a los aqueos, haz de calamidades, / que tantas fieras almas de guerreros dio al Hades, / y a los perros y aves el pasto de su vida / –en tanto que Zeus las altas voluntades / iban adelantando por su propio camino– / desde que la disputa enemistó al Atrida, / príncipe de los hombres, y a Aquiles el divino”. Para el complemento de estos versos existen las ilustraciones que acompañan la edición de Reyes y que son hechas exprofeso por la excepcional ilustradora Elvira Gascón. Esto no puede olvidarse, sino matizar esa imagen a semejanza de lo que encierran los versos, observar detenidamente lo que interpreta; reconocer que abre a los ojos una impronta de la realidad, como complemento fijo e inmóvil; ella permite ir al sueño sublime entre sucesos que se abren con el ritmo del idioma, encierra ese puñado de silabas que citando para generar la ilustración que perdura en la memoria.

Cómo es imposible dejar de lado la importancia que otorga Bonifaz Nuño a la lectura del rapsoda cinco que considerado su preferida. Lo dice por el antecedente de la traducción de Segalá y Estalella, y que la versión lograda por Reyes es ejemplar, como recordar que lo único que lamenta, amén de su lectura rigurosa, es que no esté completa la traducción de la Ilíada que realizó el polígrafo mexicano. No conforme con esto, asegura que el segundo rapsoda vale elevarse como ejemplo único, porque es casi imposible de lograrse su acometido: asegura que Reyes lo traduce con brillo y un altísimo valor al enlistar nombres entre versos con un estilo único. Pero que diga esto, reviste un valor supremo, para realizar una lectura comparada entre su propia traducción y reconocer hallazgos entre una y otro resultado.

Octavio Paz, de su poema “Mutra”, poco puede decir, “excepto que, como confié a Alfonso Reyes en una carta, lo defendí para defenderme de la tentación metafísica de la India. En esos días había leído algunos fragmentos de su traducción de la Ilíada; las alusiones a Grecia, en la estrofa final de mi poema, son un eco de mi lectura de esa traducción”. El registro es vigente entre la correspondencia de la traducción de Reyes y esas imágenes que son un eco del lenguaje, como reconocer que la obra de Homero, sigue generando inspiración entre escritores. “La fidelidad ha de ser –como dice Reyes– de obra y no de palabra”.

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