Julio Santoyo Guerrero
El futuro está en el pasado
Lunes 30 de Enero de 2017
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“Mas si osare un extraño enemigo”. Para algunas generaciones de mexicanos esta frase era entendida como la expresión de una historia muy lejana, que perdía visibilidad en las décadas de un pasado clausurado por la modernidad de la globalización. En los últimos 30 años las élites gobernantes insistieron en que la idea de los enemigos exteriores, y más en particular del enemigo del norte, formaba parte de una narrativa política fuera de tiempo, en desuso. Una expresión ridícula para los tiempos en los que la libre competencia en los mercados y los acuerdos comerciales globales imponían un lenguaje distinto como medio de entendimiento entre las naciones.

Quién hubiera dicho que el nacionalismo mexicano habría de ser reactivado por el retorno al proteccionismo del gobierno del vecino del norte. Si la clase política mexicana se había venido sacudiendo poco a poco del lenguaje nacionalista que miraban como franco obstáculo para llevar a cabo las reformas económicas de los últimos decenios, en estos días de tensión internacional están corriendo apresurados a desempolvar los arsenales de la estrategia nacionalista para darle sentido y cauce a la inconformidad de toda la sociedad mexicana.

Ahora vemos rebrotar los nacionalismos, el económico, el político, y vemos despuntar el nacionalismo cultural y el retorno a los orgullos propios como no se había visto en años, y con una motivación tangible, tan cruda como la amenaza a los valores de nuestra nación: el trabajo migrante, el vínculo económico, demográfico y cultural con la sociedad norteamericana, la exclusión del idioma español y el agravio al pueblo mexicano con decisiones racistas y xenófobas.

La tensión con el delirante gobierno estadounidense que ha decidido declararle la guerra a nuestro país y que para ello ha dedicado la mayor parte del tiempo disponible desde que asumió la presidencia el 20 de enero, debe ser correspondida con el accionar de los gobiernos del mundo que aún son baluarte del derecho internacional y del respeto entre las naciones, y debe ser correspondida con la movilización de toda la nación mexicana, de tal manera que el mundo entero sepa que el pueblo de México, sus 120 millones de habitantes no le van a permitir al fascista gobierno de Trump imponerle sus leoninas condiciones. La voz de nosotros los mexicanos debe ser precisa: ¡No al muro fronterizo que divide familias, culturas, economías y concordias!, ¡jamás pagaremos, ni directa ni indirectamente, un solo centavo por ningún muro!, ¡derribemos los muros de odio que dividen a los pueblos!, ¡respeto a los tratados comerciales internacionales y/o revisión bilateral justa de los acuerdos sin que se dañen los intereses de México!, ¡repudio a las órdenes ejecutivas antiinmigrantes por violar los derechos humanos!, ¡repudio al racismo de las políticas Trump!, ¡revisión de los acuerdos de colaboración en materia de seguridad con el gobierno estadounidense!, ¡replanteamiento del gobierno mexicano de la política de regulación y penalización por el cultivo y consumo de drogas!

La natural y espontánea unidad nacional que se está gestando en el país, que representa la indignación contra las políticas fascistas de la Casa Blanca, pero también y no debe ocultarse, contra la pusilanimidad del gobierno de la República, debe caminar a pesar de la indecisión y la falta de estrategia de nuestro gobierno que hasta ahora no ha estado a la altura de la ofensiva que han lanzado los halcones de Washington contra nuestro país. Nuestro pueblo es más grande que su gobierno y no puede esperar a que los aprendices de diplomacia, alelados y tibios, encaren con dignidad al agresor del norte.

En este difícil trance México necesita una gran unidad de su sociedad y una amplia alianza internacional con los gobiernos y pueblos del mundo para frenar la voracidad y la altanería de Trump. La vía por la que esa unidad nacional ya está transitando, quién lo hubiera imaginando, es el sentimiento nacionalista que realmente nunca se había ido del imaginario político y cultural de los mexicanos. Nuestro nacionalismo seguramente nos llevará, como al Cid, a ganar nuevas batallas, a pesar de haber sido declarado muerto hace años. Cosa curiosa, el futuro de México hoy está en su pasado, en ¿su nacionalismo revolucionario?

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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