Julio Santoyo Guerrero
Dios salve de Trump a Estados Unidos y al mundo
Lunes 23 de Enero de 2017
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No porque haya sido breve, mediocre, falto de aliento, repetitivo, jactancioso y primitivo el discurso inaugural de Trump, deja de ser un verdadero riesgo para lo que nos queda de paz mundial, para el ejercicio del derecho de las naciones y el justo entendimiento económico y político de los estados. Es el número uno de la –hasta ahora– nación más poderosa de la Tierra y en manos de quien está el resguardo de los arsenales nucleares más importantes y quien tiene bajo sus órdenes una de las armadas militares más experimentadas y con mayor capacidad destructiva que haya creado nación alguna en la historia reciente.

El discurso inaugural de Trump ha contenido, aunque conceptualmente burdos pero muy nítidos, los principios que ordenarán su política.
El discurso inaugural de Trump ha contenido, aunque conceptualmente burdos pero muy nítidos, los principios que ordenarán su política.
(Foto: TAVO)

Con todo y su mediocridad, el discurso no se trata de una ocurrencia. A estas alturas debemos asumir que Trump es coherente entre su discurso y su acción. Si como candidato y luego como presidente electo afirmó que derogaría una parte del sistema de seguridad de Obama, como presidente ha sido el primer decreto que firmó y eso es coherencia. Como coherencia es que a la vez decretó el 20 de enero como un día de gloria nacional, es decir, está haciendo de su petulancia una política de estado. Y será coherente con anular el Tratado de Libre Comercio y con levantar el muro y repatriar emigrados, como será congruente con lanzar una ofensiva de exterminio contra el mundo islámico.

Y no debe quedarnos duda al resto del mundo de que su política internacional estará determinada por el principio de “primero Estados Unidos”, independientemente del derecho internacional, los valores de sana convivencia, la justeza en el intercambio comercial, la soberanía de las naciones, la preservación de la vida planetaria, el derecho universal de las personas al trabajo y a la vida, el respeto a las creencias religiosas y los derechos de la diversidad.

El discurso inaugural de Trump ha contenido, aunque conceptualmente burdos pero muy nítidos, los principios que ordenarán su política. Parte de asumir falazmente que Estados Unidos está arruinado, bajo el mismo juego manipulador que utilizó Hitler en la Alemania de mediados de los 30 del siglo pasado, culpando a la migración mexicana, a sus socios comerciales en el TLC, México y Canadá, de haberle ocasionado esa ruina, y acusar a competidores “desleales” como China para encrespar los ánimos nacionalistas de los electores más resentidos de su país, a los que también busca comprometer a una acción bélica sin precedentes contra los pueblos islámicos, a quienes identifica como la mayor amenaza para su seguridad.

A estas alturas es estéril especular si Trump lo hará o no lo hará. A nuestros ojos están los hechos, este hombre bufón y orate está actuando conforme lo prometido. Y esto lo entiende perfectamente esa parte de la sociedad estadounidense que no sufragó por él. Por eso su reacción inmediata y contundente. Por eso la marcha de las mujeres y la movilización multitudinaria en Washington DC y en varias ciudades del país, que buscan, como también lo entienden ciudadanos en muchas partes del mundo, la manera de frenar el voluntarismo agresivo, antihumanitario y neoimperial del loco de la Casa Blanca.

Las consecuencias de la política Trump en materia de proteccionismo económico, de militarismo enfermizo, de exclusión y persecución internacional, de provocación a las nuevas economías fuertes y a las economías emergentes, de arrasamiento de cualquier vestigio del “estado de bienestar”, serán la verdadera ruina económica de Estados Unidos. Sus políticas profundizarán, como ya es evidente, la división de la propia sociedad estadounidense, la que ya está confrontada y la que desde ahora le está negando la legitimidad de presidente.

Dios salve de Trump a Estados Unidos, a México y al mundo, debiera ser la oración de todo ciudadano del planeta bien intencionado. Qué bien que desde adentro de la sociedad estadounidense millones lo estén encarando y se hayan hecho el propósito de resistir y buscar la manera de influir en sus congresistas, buscándolos, persuadiéndolos y presionándolos para frenar y anular las locuras del primer presidente bufón que ha tenido ese país. Qué bien que en todo el mundo haya emergido con profusión un movimiento anti Trump que alcanza a percibir la amenaza que representa para la humanidad. Qué lástima que nuestro gobierno mexicano esté optando por la mansedumbre creyendo que el ogro lo va a excluir de su menú. ¡Que Dios salve a México!

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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