Rafael Mendoza Castillo
No está en la mochila, sino en el sistema neoliberal
Lunes 23 de Enero de 2017
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Recordemos que el modelo neoliberal tiene sus dogmas: privatizar lo público, achicar el Estado, reducción del gasto público, desregularizar todo lo que impida el libre mercado y explotar la condición humana. Estas mediaciones alienan y enajenan la conciencia de los individuos, clases o grupos. Todo ello constituye la relación social capitalista y su acumulación de riqueza en pocos. Veamos.

El hombre se distingue de otro ser vivo, por ejemplo de los animales, en cuanto que nosotros construimos un mundo, una cultura, una sociedad que viene a potenciar nuestras formaciones interiores, habilidades, capacidades, aptitudes, muy superiores al apar
El hombre se distingue de otro ser vivo, por ejemplo de los animales, en cuanto que nosotros construimos un mundo, una cultura, una sociedad que viene a potenciar nuestras formaciones interiores, habilidades, capacidades, aptitudes, muy superiores al apar
(Foto: Disse)

Una institución forma parte de un sistema social creado por los seres humanos y aquella tiene dos sentidos. El primero es de carácter histórico, ya que existe el momento de su creación y su desarrollo en el tiempo y en el espacio; el otro tiene que ver con la posibilidad de control, con la finalidad de sostener lo establecido, lo dado, o sea, la estructura del sistema.

Si a la institución la colocamos en la historicidad, significa que existe la condición para que aquella se escape de la voluntad de sus creadores y marche en sentido contrario a los intereses de estos últimos y se olvide de lo público (fetichismo del poder). Las instituciones también se corrompen, por lo que estamos obligados a su revisión permanente. De ahí que toda institución se entiende como un conjunto de saberes, normas, prácticas, conductas; componentes que configuran la formación de un tipo de subjetividad que incide para sostener a una sociedad (conciencia alienada), pero también para cuestionar el sentido y orientación de la misma (autoconciencia).

Ninguna institución es neutral. Toda institución está inscrita en las tendencias generales que orientan al sistema social. En el caso de sistemas cerrados, de pensamiento único, la institución responde a los intereses de quienes dirigen el orden constituido. En un sistema abierto y democrático, la institución tiene un margen de autonomía para incidir en la marcha y destino de la estructura y fines del sistema.

En el momento en que la institución busca objetivos particulares y se aleja de lo público entra en un proceso de descomposición, de ahí la necesidad de trasformarlas y fundarlas nuevamente sobre contenidos éticos, morales y con sentido humano. No hay instituciones sagradas o intocables. Las hacemos nosotros y como tales siempre estarán en sospecha. No son eternas.

Por lo general, el contenido de la institución (valores, creencias, prácticas, normas, saberes, etcétera) llega un momento en que se detiene, se adapta ciegamente a lo dado, forman una unidad con el orden, no presentan novedades y se coloca en un proceso conservador que niega toda posibilidad de futuro y de utopía. Se pierde la autoconciencia y la reflexión sobre lo instituido. En ese momento los sujetos de la institución ceden la iniciativa al sistema (conformismo).

En la sociedad actual existen grupos, clases sociales e individuos, los cuales participan de distintas maneras en el campo de lo social. Unos dirigen a la sociedad desde el pode público, por mandato de la voluntad popular. Esta forma de organización social no siempre atiende lo que la gente piensa y desea, sino que la clase dominante ubica a las instituciones para defender sus propios intereses y se olvida de los intereses de la comunidad. Lo importante en todo ello es que el conjunto social, la sociedad civil, vigile permanentemente el quehacer de las instituciones.

Históricamente el ser humano a creado instituciones para potenciar su existencia, su forma de vida y para su protección individual y colectiva, además para defender la vida humana, para buscar la justicia, la paz, el bien común, y para crear una segunda naturaleza; en síntesis, crear su propio mundo. Lo anterior constituye el sentido originario, el objetivo que da razón de ser a las instituciones, pero en la marcha de las mismas y por el surgimiento de formas sociales y de intereses privados aquellos se traicionan y se olvidan.

Pensar significa “estar suspendido”, por lo tanto el pensamiento es algo que no depende de las cosas, aunque siempre parte de ellas. Es una actividad que realizamos al interior de nosotros y lo percibimos inmediatamente por nosotros mismos. De ahí la importancia de la filosofía para pensar lo establecido como subjetividad, objetividad y acción, dado que aquella tiene la posibilidad de interrogar, desde lo categorial y conceptual; es decir, desde la reflexión crítica, para incomodar al conformismo de esta época de neoliberalismo desbocado.

La institución como tal forma parte de la objetividad, de lo empírico, de lo dado. Si los sujetos que actúan en las instituciones se olvidan de distanciarse, del accionar de la institución, del sistema y de tomar distancia de los contenidos que ellos han introyectado en su conciencia, se quedan anclados en las decisiones del sistema. Por eso se hace necesario reformar los contenidos categoriales, conceptuales, para interrogar la orientación y el sentido institucional, individual y colectivo. Sin crítica, reflexión y sin pensar, la conformidad se apodera de la institución y del sistema.

El hombre se distingue de otro ser vivo, por ejemplo de los animales, en cuanto que nosotros construimos un mundo, una cultura, una sociedad que viene a potenciar nuestras formaciones interiores, habilidades, capacidades, aptitudes, muy superiores al aparato instintual, dado que en ese aspecto el animal es superior a nosotros. Creo que pensar es el máximo atributo como seres humanos, que nos da la posibilidad de tomar distancia de lo objetivo, lo subjetivo y la propia acción social. El pensar crítico es algo que tenemos que conquistar.

En este momento histórico vivimos una situación institucional que ya no responde a los deseos, aspiraciones e inquietudes de la mayoría de la población, y revela que el entramado institucional responde a las necesidades de los ricos, de los poderosos, por lo que se hace necesario refundarlas sobre otros sentidos más públicos, más humanos y de mayor protección a los millones de excluidos del sistema. Pero al mismo tiempo, revisar el contenido del pensamiento, ya que se pueden anidar en el mismo, dogmas, opiniones, doctrinas e ideologías, mismas que son distorsionadas por el sistema. Se requieren nuevas categorías y conceptos, es decir, nuevos pensamientos para incomodar a la realidad.

Se requiere que esa persona someta a la crítica, esto es que asuma una voluntad para distinguir aquellas ideas, conceptos, sentidos y prácticas que ya no permiten captar lo nuevo que aparece permanentemente en la realidad y que tienen la posibilidad de convertirse en algo cristalizado. De ahí la necesidad de incorporar nuevos lenguajes de las ciencias sociales, que vengan a desafiar a la realidad. Se trata de incorporar nuevas conceptualizaciones para establecer una relación de conocimiento distinta con la realidad existente. Asumirse en teorías sociales cuyos contenidos críticos alteren la objetividad, la propia conciencia y la acción humana. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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