Julio Santoyo Guerrero
Y sin embargo cambiamos
Lunes 16 de Enero de 2017
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Hay acontecimientos que cimbran, que calan en la conciencia social y que si bien no acarrean cambios profundos inmediatos, poco a poco se dejan sentir y se visualizan. El gasolinazo, esa síntesis de indignación nacional acumulada por años de corrupción, despilfarro, ineficacia gubernamental, impunidades, privilegios de pocos, es uno de esos eventos. Y tendrá –ya está teniendo– efectos en la configuración de los escenarios nacionales que anticipan transformaciones a la vuelta de la esquina.

El gasolinazo, esa síntesis de indignación nacional acumulada por años de corrupción, despilfarro, ineficacia gubernamental, impunidades, privilegios de pocos, es uno de esos eventos.
El gasolinazo, esa síntesis de indignación nacional acumulada por años de corrupción, despilfarro, ineficacia gubernamental, impunidades, privilegios de pocos, es uno de esos eventos.
(Foto: TAVO)

Un efecto inmediato ha sido la fractura de la amplia alianza política que sostenía al presente gobierno y que articulaba a la mayor parte de los institutos de la partidocracia y a las élites dirigentes de organizaciones empresariales y sindicales. El gasolinazo, o más bien la crisis política con olor a gasolina, ha diluido ya esta alianza e incluso ha debilitado la unidad del partido que gobierna al país, generando un silenciosa pero real diáspora de posicionamientos distintos a los fijados por la Presidencia de la República. El presidente y su gabinete se están quedando solos, aguantando el costo político de su medida que puede definitivamente sepultarlos si se considera que la crisis está en proceso y que otros factores como la toma de posesión del antimexicano Trump la agravará en su expresión política y la agudizará en el plano económico.

La furia contra el gasolinazo se está transformando al paso de los días, por fortuna para la cultura democrática del país, en participación cívica que está juzgando la política de sus gobernantes y tratando de proponer alternativas para el cambio. La provocación que trató de utilizar el enojo nacional para hacer estallar la violencia y la rapiña y derivado de ello justificar la militarización del país ha fracasado, ha sido derrotada por los ciudadanos pacíficos. Esta es otra transformación que estamos viviendo socialmente y que derivará en un empoderamiento mayor de la sociedad frente a sus gobernantes.

En el mediano plazo es evidente que la activación de la participación ciudadana derivará en una conducta político electoral más crítica y que la elección de gobernantes será una decisión que habrá de pasar por criterios más exigentes. La gente está entendiendo que su voto tiene responsabilidad en la crisis que hoy nos está golpeando. El gasolinazo, esa síntesis de la descomposición política, tiene también causa en la apatía, displicencia y subordinación que muchos electores ofrecen para permitir que políticos probados en la corrupción y en la ineficacia arriben, una y otra vez, a la función pública.

La respuesta social al gasolinazo ya está abriendo la puerta al cambio. Nuevamente los poderosos medios de comunicación y sus comunicadores han sido puestos a prueba y han vuelto a exhibir su nulo compromiso con la independencia y la libertad de expresión. Han optado por suscribir la línea editorial de la oficina de prensa de la presidencia y abandonar el testimonio de los millones de mexicanos que son el centro de la noticia. Con esta conducta escalan la crisis de credibilidad que ya venían padeciendo. Su confiabilidad está rebasada y han sido marginales frente al poder de las redes sociales, con todo y sus propios vicios.

Hasta ahora la crisis no para. Las comparecencias insípidas del presidente y las explicaciones desteñidas de su gabinete no modifican en nada la percepción social, incluso la agitan más. El Pacto para Mejorar la Economía Familiar, que se anunció como la gran medida para dar satisfacción a los cuestionamientos sociales, nació muerto, expresando la profunda crisis por la que atraviesa el propio gobierno en sus capacidades operativas y de gobernabilidad. Ahí hay, con toda claridad elementos para el cambio.

La puerta se abre, el enojo comienza a traducirse en una expresión más política que puede modificar notablemente los escenarios para la sucesión presidencial del 2018. La inconformidad nacional jugará en todo esto un papel central, podrá ser el hilo conductor para destruir liderazgos y para construir otros diferentes. ¡Que sea pues para bien de México!

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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