Rafael Mendoza Castillo
El capitalismo corporativo despoja a la nación
Lunes 16 de Enero de 2017
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Inicio estas reflexiones con el pensamiento de Édgar Morín: “El Homo economicus, que coloca el interés económico por encima de todo, tiende a adaptar conductas egocéntricas que ignoran al otro y que, por ello mismo, desarrollan su propia barbarie”. Así, simplificar al Estado, privatizar lo público, reducción del gasto público, gasolinazos, tortillazos, topes salariales, extrema pobreza, desregular, globalización, son parte de la barbarie del capitalismo corporativo (mediático, empresarial, político y militar).

No cabe duda que la historia es un campo de batalla. Esa lucha se presenta entre los que tienen todo, los satisfechos, y los que sólo tienen su cuerpo, su vida (impuesta) y carecen de todo. Estos últimos han sido vencidos una y otra vez. Como decía José Saramago, Premio Nobel de Literatura en 1998, que la humanidad siempre ha sido gobernada por los ricos, a veces directamente y otras a través de testaferros (persona que presta su nombre). Historia entre la libertad y la esclavitud, la vida y la muerte, explotados y explotadores, vencedores y vencidos. En el México del siglo XXI esto no ha terminado. Veamos.

 En nombre de la sociedad, los ricos, los poderosos, defienden sus intereses privados. En nombre de la educación de los niños mutilan derechos y conquistas de los trabajadores de la educación. En nombre de la democracia los pocos se hacen más ricos y los
En nombre de la sociedad, los ricos, los poderosos, defienden sus intereses privados. En nombre de la educación de los niños mutilan derechos y conquistas de los trabajadores de la educación. En nombre de la democracia los pocos se hacen más ricos y los
(Foto: Carmen Hernández )

Recordemos que la Conquista nos observó como un continente vacío, como si la subjetividad de los pueblos originarios no tuviera representaciones, visiones del mundo, sentimientos, formas de relacionarse con la naturaleza, con los dioses, entre ellos mismos, sus lenguajes. Ese encontronazo nos impuso, por la fuerza de las armas, lenguajes, visiones de dioses y al mismo tiempo comportamientos de sumisión, de miedos, de temores, que todavía subsisten. Esa batalla no ha concluido dado que el colonizador cambió de nombre y ahora se llama corporación económica mundial o imperialismo norteamericano.

Cuando el poder dice que las reformas estructurales que requiere el país son peticiones de la sociedad, afirma una gran mentira porque la sociedad en general no existe, sino que en la realidad existen grupos, clases sociales que viven en la pobreza, en una vulnerabilidad impresionante. En nombre de la sociedad, los ricos, los poderosos, defienden sus intereses privados. En nombre de la educación de los niños mutilan derechos y conquistas de los trabajadores de la educación. En nombre de la democracia los pocos se hacen más ricos y los pobres, más pobres.

Decía el bueno de Aristóteles que no puede haber democracia donde existen millones de pobres y pocos con riqueza extrema. Si este pensador viviera en México sería, por su pensamiento, un rebelde, un radical. México no puede seguir siendo gobernado por los ricos, por los oligarcas nacionales y extranjeros. El pueblo de México es golpeado por la naturaleza y también por los dueños del capital y su modelo neoliberal. Son dolorosos los golpes de la naturaleza (terremotos, ciclones), pero más dolorosos son el robo y la explotación del capital sobre lo humano. Recordemos que todo ello es histórico y que, por voluntad humana, podemos transformarlo.

Si usted es propietario, dueño de grandes empresas, dueño de partidos políticos, dueño de medios de comunicación, dueño de equipos de futbol, dueño de vidas humanas, de bosques, playas, aguas, dueño de grandes capitales en Bolsa de Valores o en paraísos fiscales, usted puede colocar personas en la Presidencia de la República Mexicana (Peña Nieto es testaferro), también puede echar por tierra leyes fiscales que perjudiquen sus intereses; además puede cometer fraudes electorales, hacer reformas educativas para expulsar maestros y maestras de su trabajo. Los ricos, los oligarcas, pueden vender el patrimonio de la nación a los capitales extranjeros. Esas son las ventajas de los dueños de capital.

El que no es propietario, ni siquiera de su fuerza de trabajo, debe subordinarse a los designios del amo del poder, a sus arbitrariedades, sus autoritarismos, sus corrupciones, sus impunidades y estar muy atento a lo que prohíbe y permite, el orden constituido. Según ellos, los excluidos nacieron para obedecer. Entender que todo es por voluntad histórica de los grupos dominadores y nunca por voluntad divina. Si queremos lo podemos cambiar.

La lucha entre los vencidos y los vencedores continúa. Los pueblos originarios fueron derrotados por los conquistadores; los criollos rebeldes, derrotados y fusilados por los peninsulares (Corona española); los liberales, derrotados por la dictadura porfirista; los revolucionarios de 1910, derrotados por obregonistas y callistas de derecha. Se observa que el proyecto de los de abajo, de la voluntad del pueblo, de la comunidad, de lo solidario, de lo humano, no ha podido, porque no lo han dejado, acceder al poder político. El proyecto del capital y sus dueños ha triunfado. ¿Hasta cuándo?

Para Aristóteles la democracia debería ser plenamente participativa (con excepción de mujeres y esclavos) y que su meta debería buscar el bien común. Es cierto, democracia que no asegura las condiciones materiales, intelectuales y emocionales de la gente pierde el sentido y la razón de ser. Vemos que la democracia de Aristóteles era excluyente y que el bien no era para todos, solamente para los libres. Pero el concepto de bien común sigue siendo base de toda teoría política contemporánea.

Si el gobierno, su clase política, sus instituciones y sus valores conservadores siguen sirviéndole a los dueños del capital, tanto nacional como extranjero, la desigualdad social brutal se incrementará, el desempleo se acrecentará, el número de pobres será mayor, el desarrollo económico no pasará del 1.7 por ciento del PIB, el crimen organizado se potenciará y la soberanía del país será derrotada. La autodeterminación y la independencia quedarán como meras ilusiones.

Por último, les recuerdo el pensamiento de James Madison, que muy bien concuerda con quienes hoy están convirtiendo a México en un botín: para él lo importante era reducir la democracia más que la pobreza, proteger a la minoría opulenta de la mayoría. Y como solía afirmar su colega John Jay, “en realidad deben gobernar quienes son dueños del país”. La oligarquía mexicana y su capitalismo corporativo es dueña de la nación hasta este momento. La historia se echa a andar cada día. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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