Gilberto Vivanco González
Vivilladas
México en ebullición
Viernes 13 de Enero de 2017
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Ante la agitación social que vive nuestro país es conveniente señalar que el llamado gasolinazo simplemente es la gota de combustible que derramó el vaso. Las protestas, las voces de inconformidad, las manifestaciones de todo tipo y los saqueos, no son reflejo de la barbarie ni el mandato de un personaje o partido político, como buscan justificarlo las autoridades federales; simplemente son los gritos desesperados de la conciencia de un pueblo que se siente traicionado, dañado y ofendido. Traicionado porque en aras de la reforma es obvio que la riqueza nacional pasa y pasará a manos de capitales extranjeros que por obvias razones darán prioridad a sus intereses; dañado, porque la escalada de aumentos a bienes y servicios a partir de retirar el subsidio a las gasolinas vienen a opacar, más de lo que ya se encuentra, el poder adquisitivo de las clases media y baja, y además el pueblo está ofendido porque no es posible que ante los incrementos y los planes de austeridad los magistrados, diputados y senadores, así como funcionarios de primer y segundo nivel, tengan para sí bonos de cantidades desorbitantes por concepto de combustible… ¿qué acaso consideran que el pueblo iba aguantar tranquilamente tantas tropelías y descaros?

¿Cuántas burlas más podrían aceptarse para seguir siendo una colectividad mesurada? Si en confabulación partidista y gubernamental lograron imponer las famosas reformas estructurales fue porque vendieron la idea de un bienestar social a corto plazo, se habló de mayor inversión y desarrollo de Pemex, de calidad educativa sin menoscabo de los derechos de los maestros, de una ley de salud para mejor atención a derechohabientes, a mejor abasto de medicinas y mejor infraestructura; la lista puede continuar y las respuestas serán las mismas: engaño, acuerdos en lo obscurito y corrupción. México se había quedado callado porque los mexicanos, contrario a lo que se refleja en el extranjero o a lo que decimos nosotros mismos, no somos un país de lucha, de protesta, de manifestación colectiva de impacto; somos en la actualidad un pueblo manejable, repleto de gente que se inconforma y de unos cuantos que tienen la valentía y el coraje de efectivamente protestar, aún con los riesgos que ello conlleva porque el Estado tiene en sus manos un aparato ideológico que le cuida las espaldas y que utiliza como recurso represor: el Ejército, la Marina y las distintas fuerzas y agrupaciones policiacas.

¿Qué tanto más esperaban las autoridades que se podía soportar?, ¿a poco no sabían que para guardar el equilibrio es importante preservar la clase media para que sirva como punto de estabilidad social? Lo que ha hecho el gobierno de Peña Nieto, así como sus antecesores panistas, es hacer más delgado el vínculo entre la clase alta y la clase media; por ende, incitando a los brotes de inconformidad: los ricos o muy ricos no desean que cambien las formas, los estilos de gobernar, porque están en un área de confort, aunque también vivan los embates de las males decisiones macroeconómicas, pero pueden sortearlas con mayor tranquilidad.
Al promoverse políticas que pongan en riesgo el patrimonio o el poder adquisitivo de la mayoría de los ciudadanos, la desesperación empieza a cundir; lo peor de todo es que ante la insurgencia social, ante la molestia generalizada, contratan provocadores para poner como cortina de humo a los saqueos, acciones que son cuestionadas y hasta repudiadas pero que les otorgan cierta protección dejando de lado el tema central referente a los aumentos despiadados al combustible.

Las presiones hacia la Presidencia de la República son variadas y de todos los francos, obvio que las huestes priistas se quedan al margen, tanto que, buscando aliados, llamaron a los representantes de la iniciativa privada para llegar a cierto pacto de integración; no obstante, en algún sector de éstos les brincó la liebre y el gobierno fue exhibido porque acusaba a los mismos empresarios de gran parte del caos que se está viviendo en referencia al alza de precios, de modo tal que dicho pacto no fue suscrito y más bien pareciera que no hizo más que avivar la llama encendida, amén de la carretada de críticas que puede tener el ala de gobierno porque les faltó trabajo operativo. Fallaron los asesores y Peña Nieto ha de estar trinando de coraje porque no sólo se abstuvieron de firmar, sino que exigen austeridad, transparencia y honestidad en el manejo financiero nacional.

La situación no terminará con la reconocida y muy sufrida cuesta de enero, puesto que para el mes de febrero tendremos otros tres gasolinazos, que en conjunto darán otra sacudida mayor a las tristes finanzas populares
La situación no terminará con la reconocida y muy sufrida cuesta de enero, puesto que para el mes de febrero tendremos otros tres gasolinazos, que en conjunto darán otra sacudida mayor a las tristes finanzas populares
(Foto: Cambio de Michoacán)


Como parte de la maquinaria para convencer al pueblo de la urgencia de retirar los subsidios a los hidrocarburos, acción que se convirtió en la medida justificadora para el incremento de los mismos, echaron mano de José Ángel Gurría Treviño, secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), quien no sólo avaló la medida, sino hasta afirmó que ¡se habían tardado!, además él, como algunos otros jilguerillos del gobierno, ha señalado que la gasolina en México es de lo más barato en el mundo, pero se quedan callados cuando se comparan los salarios mínimos que ganan los trabajadores en cada uno de los países. Retirar subsidios es una estrategia que el sistema capitalista, en su ala neoliberal, desde hace años está implementando. El gobierno mexicano hace caso omiso al pueblo pero se pone de tapete con mandatos internacionales. Por otro lado, si fueran verdad los estudios de costos bajos nada tendrían que hacer compatriotas pasando al país del norte o a algunos países centroamericanos a comprar combustible o al menos que la locura del gobierno ya nos haya alcanzado.

La situación no terminará con la reconocida y muy sufrida cuesta de enero, puesto que para el mes de febrero tendremos otros tres gasolinazos, que en conjunto darán otra sacudida mayor a las tristes finanzas populares, no están en veremos dichos aumentos puesto que ya están contemplados oficialmente, de ahí la importancia de continuar con las protestas por la vía menos violenta, ya que puede ser un camino para persuadir dicha intención, provocando que se dé marcha atrás a pesar de que el gobierno se llene de gloria diciendo que fue sólo por su comprensión y sensibilidad, aunque conociendo lo descarado, insensible y abusivo de la Federación, nada extraño sería que mantuvieran la medida.

Los gobernantes, a pesar de la ebullición que se está viviendo, puntualizan que todo va viento en popa, que hay empleo, buenos salarios, buena educación, servicios médicos suficientes, desarrollo industrial y que somos un país competitivo, entre otras bondades; en pocas palabras, sus discursos pintan un país muy diferente al que vivimos la mayoría de los mexicanos, o al menos que sólo hablen de su mundo, que ese sí es un mundo envidiable donde todos quisiéramos estar.

Osorio Chong declaró que “el país está en calma y echado para adelante”, ni Estados Unidos está en calma ante el temor por la llegada de Trump, ya nos imaginamos que nosotros estemos muy en paz. No cabe duda, México sigue siendo para unos cuantos el país de la maravillas y para la gran mayoría el país de las hurtadillas, y no sólo eso, tiene gobernantes ricos y privilegiados y un pueblo pobre y ninguneado. ¿A esto le llaman democracia y justicia social? ¡Ah!, en relación con lo comentado por Osorio Chong, podemos decir que México sí está echado para adelante… y con un empujoncito más nos iremos hacia el precipicio. No queda más que seguir expresando las inconformidades pero con mayor unidad y determinación, esta puede ser la única vía pacífica de lograr detener tantos abusos gubernamentales.

Albert Einstein puntualizó: “No rehuyamos la lucha cuando se trata de preservar el derecho o la dignidad del hombre; sólo así podremos congratularnos de pertenecer a la humanidad”. En tanto Bertold Brecht reavivó: “Hay hombres que luchan un día y son buenos, hay otros que luchan años y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”. ¿Qué tipo de hombres somos o deseamos ser?

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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