Arturo Alejandro Bribiesca Gil
Los políticos, la fábula
Jueves 12 de Enero de 2017
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La inmensa mayoría de quienes nos atrevemos a compartir nuestras ideas o pensamientos a través de artículos de opinión partimos de la idea de que debemos proveer a nuestros lectores de ideas frescas, innovadoras o análisis inéditos, elucubrados en nuestra mente; sin embargo, olvidamos que el hilo negro ya fue descubierto y que también es valioso y digno divulgar pensamientos e ideas ajenas, de trascendencia social o científica. Tan importante es la labor de hacer reflexiones propias como la de ayudar a socializar las de terceros, sobre todo si esos terceros son superiores en trayectoria pública y académica.

Jesús Silva- Herzog Márquez, ensayista, catedrático y académico mexicano.
Jesús Silva- Herzog Márquez, ensayista, catedrático y académico mexicano.
(Foto: Especial)

Hago la reflexión anterior con base en un excelente artículo que leí de Jesús Silva-Herzog Márquez, un politólogo ampliamente reconocido y respetado en el mundo académico, político y periodístico, publicado en la revista Nexos en noviembre de 2011, intitulado “Siervo del tiempo”, en el cual hace un interesantísimo análisis del libro El político, de José Martínez Ruiz, quien firmaba bajo el pseudónimo de Azorín. De ese libro es que Silva-Herzog Márquez retoma una pequeña fábula sobre el origen de los políticos, al tenor de lo siguiente:

¨La humanidad fue por unos años plenamente feliz. Había sido agraciada por la belleza, el amor, la inteligencia. Dios estaba plenamente satisfecho de su obra, pero, al cabo de unos años, las criaturas entristecieron.

Algunos se desesperaban, otros enloquecían. Unos incluso se quitaban la vida. Los hombres llegaron a la conclusión de que el origen de sus desgracias era la inteligencia. Al observar el mundo y razonar se percataban de su insignificancia y advertían la inutilidad de la vida en la absurda corriente de la existencia. Así, los hombres se dirigieron a su creador para suplicarle que les arrancara esa maldición. Dios se sorprendió del pedido pero, en su misericordia, concedió el deseo. La inteligencia dejaría de estar fija en la cabeza y podría guardarse en casa para salir a la calle con tranquilidad, sin el fastidio del pensamiento. Volvieron así los hombres a sus casas y muchos guardaron la inteligencia en sus baúles.

“La Tierra vio entonces a hombres modestos que dejaban la inteligencia guardada y a otros que, con arrogancia, la portaban siempre en la cabeza. Pero había otros que no sacaban la inteligencia porque en realidad nunca la tuvieron. Sin embargo, aprovechando la orden divina fingieron que la habían depositado temporalmente en su casa. A esos hombres la gente empezó a llamar políticos, hombres que por su cortesía fueron ganándose la simpatía popular y recibiendo la encomienda de cuidar sus asuntos. Así pasaron los siglos hasta que un buen día la gente se percató de que esos hombres no llevaban la inteligencia en la cabeza ni tampoco la tenían guardada en el cajón. Ésos son los personajes que llenan los parlamentos y los ministerios: mentirosos de cabeza hueca”.

Hilarante y sarcástica es lo menos que podemos decir de dicha fabulilla, la cual desprestigia una profesión que debiera tenerse en el más alto concepto, porque dirigir la cosa pública es una ardua tarea que requiere capacidad, inteligencia e instinto. Los errores de unos cuantos, o unos muchos, no debieran desprestigiar tan noble función.

Traer a colación esa antigua crítica no es porque comparta la visión, sino porque es mi interés revertirla, sobre todo en estos momentos en el que la gente está harta de los políticos en general, sin un discernimiento profundo sobre los buenos y los malos, juntando a todos en un mismo costal. La sociedad no puede ni debe despreciar la profesión, lo que debe hacer es volverse más selectiva en los procesos electorales e intolerante a la corrupción cercana.

En fin, creo que todos somos políticos en mayor o menor grado, ya que todo escenario en el confluyan dos o más personas nos lleva a hacer política en su sentido más amplio. Por tanto, si algo se está haciendo mal, debemos entender que no se corregirá criticando, sólo un rol activo lo hará, porque un ejemplo puede más que mil palabras.

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