Rafael Mendoza Castillo
Construir una nueva formación social
Lunes 9 de Enero de 2017
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El desgaste en el tiempo y el espacio de las instituciones que han venido configurando el orden establecido y los diversos modelos que se han adoptado como capitalista, tecnocrático o neoliberal salvaje, provoca en su interior una serie de rupturas propias, debido a la correlación de fuerzas y sus variados intereses. Por lo general, las rupturas (acción y efecto de romper) que se presentan al interior del sistema, éste ha tenido la capacidad de controlarlas para continuar manteniendo el modelo de acumulación de capital en las clases privilegiadas o hegemónicas, nacionales y extranjeras.

Las fuerzas progresistas, democráticas y socialistas deben organizarse, con autonomía e independencia respecto del actual régimen político, a fin de construir sobre otros fundamentos constitucionales otra formación social y otras instituciones.
Las fuerzas progresistas, democráticas y socialistas deben organizarse, con autonomía e independencia respecto del actual régimen político, a fin de construir sobre otros fundamentos constitucionales otra formación social y otras instituciones.
(Foto: TAVO)

La historia muestra que la peores rupturas que ha sufrido el orden capitalista y sus máscaras, son aquellas que han sido provocadas por fuerzas sociales que han actuado desde lo externo al sistema de dominación.
Como ejemplos paradigmáticos podemos mencionar la Independencia, la Reforma, la Revolución de 1910, el Movimiento Estudiantil de 1968 y otros. Todos estos acontecimientos buscaron un nuevo orden social fundado en la justicia, la autonomía, la dignidad, la solidaridad, la democracia, para que el pueblo decidiera su destino.

Ante esas macro rupturas de la historia cada día estamos asistiendo a pequeñas rupturas que se están acumulando en el tiempo y el espacio sociales, las cuales son ignoradas, silenciadas o reprimidas por el orden actual oligárquico y su correlación de fuerzas conservadoras y autoritarias. Mencionemos algunas.

Existe una ruptura clara, entre la representación política, en el marco de la democracia formal y oligopólica, y la voluntad política del pueblo, como la fuente soberana del poder. La primera constituye un tipo de poder, del que tenemos que liberarnos, ya que le apuesta a la conservación del actual régimen político y orienta sus intereses hacia lo privado, lo particular y la defensa de la oligarquía financiera. La segunda se fundamenta en la voluntad del pueblo para buscar, por sí mismo, un mejor destino. Esta escisión o ruptura es reveladora de la corrupción en la política, donde ésta se aleja cada día de la ética, la moral y los valores cívicos.

El Estado como institución pública, encargado de velar por los intereses de todos los mexicanos, hoy está secuestrado por la oligarquía financiera, la cual le provoca una ruptura que lo aísla de su responsabilidad social hacia la protección de la vida, de la existencia material, social y cultural de la mayoría de ciudadanos, y se entrega al servicio del capital nacional y extranjero.

Nadie quiere percibir esta grave crisis en el orden de dominación y su entramado institucional. Crisis no sólo social, sino que abarca también el aspecto moral. Pero el poder y su clase política pretenden esconderla recurriendo a la creación de escenarios que se agotan en un espectáculo mediático. Estos espectáculos son la prueba clara de la ruptura existente entre la clase gobernante y el conjunto social.

Existe una ruptura o malestar, entre lo que quiere y desea el ciudadano, el individuo, y las propuestas que hace el poder de dominación y explotación. Este último percibe a las personas como medios al servicio del crecimiento desmedido del capital. Estos explotadores ignoran la condición humana y colocan en su lugar a la economía y los productos de ésta, son canalizados hacia los que más tienen, dejando en la mayoría sufrimiento y dolor.

La otra ruptura consiste en que la riqueza que se produce en el país es acaparada y concentrada en un diez por ciento de las familias mexicanas. Este hecho provoca una desigualdad brutal. Ruptura que se da entre los que gozan de todo y los que sufren de todo. Este es un insulto a la razón, la ética y lo humano. Recordemos lo que ganaron las compañías petroleras en 2007: Exxon Mobil, 27 mil millones de euros; Shell, 18 mil millones de euros; Chevron, 65 mil millones de euros, etcétera. Con lo que queda demostrado que la mano invisible del mercado no existe y ahora continuarán explotando el petróleo mexicano. No cabe duda de que buscan la completud.

Otra ruptura se presenta entre el respeto y la sujeción de las instituciones a la ley. Para los desiguales sí existe el cumplimiento de la ley, pero para los poderosos y amos del dinero la ley se puede transgredir, violentar. Lo anterior se llama impunidad y se constituye en un modo de ser y existir de las instituciones secuestradas por el desarrollo capitalista neoliberal; para ellos no hay que pedir pena de muerte, solamente cadena perpetua.

Me causa risa escuchar a los defensores del orden cuando claman a los cuatro vientos la pena de muerte contra los delincuentes, hoy secuestradores; mañana la pedirán para quienes por la vía de la acción política, hoy pacífica, exigen la transformación del poder de explotación. Quieren seguir engañando a la gente al ocultar las verdaderas causas del sufrimiento, la miseria y el hambre que padecen millones de mexicanos, y no reconocen que el culpable es el modelo económico neoliberal que favorece a pocos.

La oligarquía quiere, ante la opinión pública, seguir manteniendo el poder de dominación, condición ésta que produce los síntomas no sólo de delincuencia o crimen organizado, sino de rebeldía, inconformidad e indignación hacia las verdaderas causas de los síntomas.

La clase política, que hoy usurpa el poder público, nuevamente llama a la sociedad (discurso falso de unidad) porque sus intereses particulares están en peligro. Las fuerzas progresistas, democráticas y socialistas deben organizarse, con autonomía e independencia respecto del actual régimen político, a fin de construir sobre otros fundamentos constitucionales otra formación social y otras instituciones. Como bien afirma Lorenzo Meyer: “Se requiere una ciudadanía capaz de movilizarse en su autodefensa, una clase política de calidad y un Estado con claridad de metas, una autoridad con voluntad política, legitimidad y confianza en sí misma”.

Lo anterior no existe hoy, lo tenemos que construir los de abajo, los explotados. En este momento histórico estamos ante una ruptura de grandes dimensiones históricas. Los de arriba, los amos del dinero, no la quieren, pero tienen que ser los dominados los que provoquen la ruptura mayor, es decir, la revolución, pacífica o violenta. La respuesta la tienen los que defienden el orden social actual. Si no quieren aminorar los dolores del parto, peor para ellos.

Existe una ruptura epistémica (pensamiento) entre las formas de ver, de sentir, de ejercer el poder, de interpretar y concebir la existencia del régimen político y su clase dirigente, y las formas de pensar de grandes franjas sociales. La clase política que dirige el orden sigue nombrando la realidad con nombres viejos y comportamientos caducos y, por el otro, existen grupos o clase subalternas que hacen la lectura de lo real, desde conceptos nuevos que captan mejor las novedades, que a diario emergen, en lo social-histórico. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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