Julio Santoyo Guerrero
Furia sin cabeza
Lunes 9 de Enero de 2017
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Tener un control de daños lo más rápido posible siempre estuvo en la predicción de escenarios de la Presidencia de la República. En los mensajes del presidente Peña Nieto eso aparece muy claro cuando explica las razones del gasolinazo y la inevitabilidad del hecho, y se asume dispuesto a pagar los costos políticos. En su predicción aún singue apostando a que la inconformidad se irá desvaneciendo con regular rapidez y que habrá tiempo para pasar a reconstruir la dañadísima imagen presidencial.

Saqueo en Veracruz
Saqueo en Veracruz
(Foto: Cuartoscuro)

Desde Los Pinos apuestan a los mismos factores que constituyen el rechazo social a la clase política y al sentimiento de repudio contra el sistema. Por eso la furia social que se ha despertado contra la liberación de las gasolinas no ha encontrado una ruta de liderazgos políticos y de organización propia que pudiera aglutinar a todas las expresiones legítimas de protesta que han emergido profusamente como hongos en toda la República.

Es un tema clásico el de la importancia decisiva de los liderazgos y de los proyectos políticos para propiciar cualquier transformación importante y duradera. Pero en el caso de México, el hartazgo de la sociedad contra los políticos, la partidocracia y el sistema, juegan ahora como un dique que impide que desde la política se propicien o construyan liderazgos que organicen y dirijan la inconformidad nacional.

Las convocatorias al vandalismo y al robo, como reacción ante el gasolinazo, han tenido en ocasiones más éxito que los llamados a una organización en torno a proyectos. El descrédito de la clase política la coloca fuera del horizonte de visión de una sociedad enfurecida que no confía más en ella y que hace de la actual coyuntura la oportunidad para cuestionarla y acusarla de traicionar a los mexicanos.

Este escenario, sin embargo, es benéfico para las predicciones de Los Pinos porque han comprobado que las incitaciones en las redes sociales para delinquir como acción para objetar el gasolinazo están atrayendo a muchos inconformes y que las acciones por ellos realizadas desmoralizan e inhiben la participación cívica de las mayorías que quieren expresar su descontento, pero que sobre todo quieren que se modifique la política económica que ha generado esta crisis.

El cuestionamiento social al gobierno de Peña Nieto, desatado por el gasolinazo, es mucho más que la crítica al precio del combustible, se ha forjado como cuestionamiento contra la corrupción, como crítica a la ineficacia gubernamental, como desacuerdo contra los privilegios de quienes ejercen poderes fácticos, como objeción a la inseguridad, como rechazo a la pobreza en la cual subsiste la mayor parte de los mexicanos. Es decir, una agenda coyuntural para atender la crisis evidente que vive el país en este momento debiera incluir los grandes temas que han derivado en el colapso que hoy palpamos todos y ante lo cual nos indignamos.

La furia popular sin cabeza es justo lo que necesita ahora el ineficaz gobierno que nos ha llevado hasta donde estamos. Una furia así termina cuando consume los sentimientos de enojo y luego viene el desinterés, la resignación, la autocomplacencia o llanamente la impotencia y la convicción de que es imposible cualquier cambio. Esa es la apuesta gubernamental.

El repudio a la política que resuma en las voces contra el gasolinazo es la sentencia de muerte para intentar las transformaciones que son urgentes para el país. Hay hasta insensatos que prefieren difundir en las redes sociales llamados melosos a los generales para cometer golpe de Estado antes que promover las vías democráticas para el cambio.

La crisis que vive hoy el país podría encontrar una luminosa salida con nuevas formas de organización democráticas, pero sobre todo, dotando a toda esta furia de una cabeza, es decir, de ideas políticas para la transformación que materialicen, entre otras, una política económica centrada en las mayorías, la revisión del sistema de ingresos y gasto del país, ciudadanizar el gobierno, acabar con los privilegios de la clase política y de los poderes fácticos, sancionar a quienes han saqueado a México. En fin, la furia debe tener cabeza, de otra manera nada cambiará y sólo tendremos destrucción y caos.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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