Alma Gloria Chávez
Pastorelas en Michoacán
Sábado 7 de Enero de 2017
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En una pastorela se representa el ejercicio espiritual de la lucha del bien, representado por el Arcángel Miguel, contra el mal, encarnado en Luzbel.

P. Antonio Abad.


En el teatro ritual de nuestro país podemos encontrar raíces precolombinas que se entrelazan con el teatro evangelizados (sobre todo franciscano) del siglo XVI, sobreviviendo varias figuras o personajes representativos del bien y del mal, según la religión católica, o entidades que resguardan tradiciones milenarias y por lo general asociadas al ciclo agrícola. En las pastorelas identificamos por igual a ángeles ermitaños y pastores enfrentándose a diablos de la envergadura de Luzbel y un séquito de diablos o “changos” menores, quienes indefectiblemente son derrotados por el Arcángel San Miguel y su flamígera espada.

Pedro Victoriano, hijo de don Juan Victoriano Cira, compositor e intérprete de pirekuas, así como autor de varias pastorelas que continúan representándose en varias comunidades de la Meseta Purépecha, menciona que la práctica de estas representaciones tradicionales de temporada invernal encuentra en sí misma la oportunidad para los miembros de las comunidades de integrarse, participar, divertirse, convivir y jugar, al mismo tiempo que conocen, recuperan, promueven y asumen dicha tradición.

La pastorela encuentra su antecedente en los antiguos coloquios que sirvieron como herramientas de los evangelizadores
La pastorela encuentra su antecedente en los antiguos coloquios que sirvieron como herramientas de los evangelizadores
(Foto: Cuartoscuro)


También afirma que para los purépechas las pastorelas hoy en día resultan punto de encuentro entre su cultura y la cultura mestiza. En cada comunidad de la Meseta Purépecha, por ejemplo, a partir del día 24 de diciembre hasta el 6 de enero, bajo las figuras evangélicas, recrean el nacimiento de Jesús. Para la organización y buen desarrollo de las representaciones se eligen cargueros del Niño Dios, participando también las autoridades tradicionales de cada lugar. En cada pastorela hay una “profunda reflexión teológica” que muestra el sincretismo de la cultura occidental y la cosmovisión purépecha.

Durante los días en que estas representaciones se llevan a efecto son convocadas a participar todas las personas de la comunidad, tanto hombres como mujeres, jóvenes y ancianos, resultando una fiesta de convivencia y cordialidad. Los cargueros que encabezan la festividad aportan los recursos y elementos que son música y comida. Y en todas las actividades están presentes las nuevas autoridades tradicionales, quienes tomaron el cargo a partir del día 8 de diciembre.

Para la escenificación de las pastorelas participa un numeroso grupo de personas a quienes corresponde el papel del personaje, de acuerdo con su género y su edad: los ángeles y los ermitaños son representados por niños; los “luzbeles” son hombres adultos, mientras que los rancheros, los pastores y en ocasiones los “changos” son adolescentes y niños. Los ensayos se hacen cuatro o cinco meses antes de diciembre y en algunos lugares son los jóvenes quienes se encargan de organizarse para montar el “nacimiento” del Niño Jesús en el templo, así como para ir a conseguir el heno y la flor de piedra con que se arreglará.

Durante la celebración de las pastorelas se interpretan algunas danzas características, como “Las pastoras”, “Los pastores”, “Danza de viejos”, de negritos y de kúrpites. Las representaciones pueden variar en horario: durante el día, por las tardes o de noche, como en Quinceo, donde además de la numerosa participación de pastores de todas las edades, los diálogos pueden durar dos o tres horas ininterrumpidas.

“En esta tradición de colocar nacimientos en invierno, cada familia saca a relucir un ingenio sin límite, ya que hay nacimientos de grandes proporciones, de escenas completas de personajes del pueblo atentos al nacimiento; estas capillas al Niño Jesús, como se les llama en la región purépecha, permanecen hasta el día 2 de febrero, que se conoce como de la Candelaria y con el cual termina el ciclo de festividades de la Navidad. En esa fecha, se levanta el nacimiento y se presenta la imagen del Niño Jesús en el templo”, describe don Pedro Victoriano.

Y es precisamente en la comunidad de origen de los señores Juan y Pedro Victoriano: San Lorenzo Narheni, municipio de Uruapan, donde aparecen las figuras del “Kenyi” y el “prioste”, dos autoridades nombradas, el primero por el mandón principal y el Cabildo, y el segundo, directamente por el Kenyi. Ambos eligen a jóvenes de la comunidad para ser “Uananchas”, cuya responsabilidad será cargar las imágenes religiosas femeninas en las ceremonias de todo el año, sumando 35 señoritas de los distintos barrios. Las bandas que tocan en las pastorelas son patrocinadas por el Kenyi y del 24 de diciembre al 1º de enero, las pastorelas recorrerán cada una de las casas de las Uananchas, agradeciendo a sus familias el apoyo para que sus hijas tomen el cargo de servir al templo y a las imágenes sagradas.

Las mujeres de la comunidad, por su parte, tienen una doble encomienda: preparar los alimentos para ofrecer a todos los participantes y asistir a cada uno de los eventos programados. Los alimentos que se sirven en la fiesta son: buñuelos, tamales, atoles de diferentes clases y sabores, guisos de carne, charales y sin faltar el tradicional “caliente” que es el té de nurite con un poco de alcohol, además de otros antojitos propios del lugar.

Pedro Victoriano cuenta que en el pasado, las comunidades indígenas utilizaban las pastorelas incluso para “limpiar el aire de los malos espíritus”, aun cuando en las postrimerías del siglo XVI y principios del siglo XVII la Santa Inquisición prohibió este tipo de manifestaciones por su “irreligiosidad”.

Algunas de las comunidades donde todavía se representan las pastorelas, aparte de San Lorenzo y Quinceo, son Urandén, Tócuaro y Santa Fe de la Laguna en la zona Lacustre, y en Santo Tomás, en la Cañada de los Once Pueblos. Cabe mencionar la sencilla elegancia y el colorido que acompañan a estas representaciones, tanto en su indumentaria y “bastones” que portan pastores y pastoras, como en los trajes y elaboradas máscaras de diablos, que en Tócuaro alcanzan su máxima expresión.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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