Julio Santoyo Guerrero
2017, el año del enojo social
Martes 3 de Enero de 2017
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Hay enfado, desacuerdo, enojo entre la mayoría de los mexicanos. La decisión gubernamental de liberalizar el precio de la gasolina y el diesel a partir de los primeros meses de este 2017, que entre sus efectos también propicia la crisis de abastecimiento en múltiples entidades de la República, ha sido un duro golpe a las expectativas económicas de los mexicanos. La escalada de precios que ya empieza a dibujarse en el horizonte, agudizada por la "cuesta de enero", ha sido prevista por los organismos especializados en la materia y se torna amenazante de los ingresos de los grupos sociales menos favorecidos del país, que representan a la gran mayoría de los mexicanos. Falso que sea sólo un problema de quitar subsidios sin efectos en el resto de la economía.

El de Peña Nieto es ya claramente un gobierno marcado por el fracaso.
El de Peña Nieto es ya claramente un gobierno marcado por el fracaso.
(Foto: TAVO)

Si los mexicanos ya la estábamos pasando mal con salarios estancados, nuevos empleos mal pagados, crecimiento económico permanentemente a la baja, repunte de la corrupción, persistencia o resurgimiento de la inseguridad, detrimento de las esperanzas de prosperidad para los jóvenes, deterioro de los servicios de salud pública, con la liberalización de las gasolinas la incertidumbre se profundiza, y el enojo, que ya venía creciendo contra el gobierno y la clase política, se encona.

Lo que los mexicanos percibimos, independientemente de las explicaciones técnicas de la Secretaría de Hacienda y de la presidencia de la República, es que tenemos un gobierno completamente ineficaz, enredado en sus teorías, carente de sensibilidad, al que le importa un comino la economía real de cada ciudadano; un gobierno alejado, mejor dicho, divorciado de su pueblo, dispuesto a satisfacer primero los intereses de las élites que le acompañan y de los grandes poderes económicos antes que ocuparse de la pobreza de millones y de los intereses de esta nación.

El de Peña Nieto es ya claramente un gobierno marcado por el fracaso. Sus políticas públicas centrales, sobre las cuales pretendió hacer descansar el éxito de su gobierno, las contenidas en el Pacto por México, han naufragado todas o en partes. Haberle apostado sólo a esas políticas como si fueran la única ruta o peor considerarlas casi letra sagrada, le impidió buscar nuevos consensos para nuevas políticas y ello lo inutilizó, lo eliminó de la evolución y el ajuste político.

El fracaso del presidente Peña arrastra a su partido, el cual no ha querido deslindarse de lo evidente y pretende como escudero defender lo indefendible cuando en el ánimo de los mexicanos ya está perdiendo la batalla más importante, la continuidad en Los Pinos. Pero el enojo cívico no sólo señala al partido en el gobierno, está señalando a prácticamente todos los partidos, y a todos les cuestiona su ineficacia, la corrupción y la ausencia de sensibilidad social.

Lo que tendremos entonces a lo largo de 2017 será un pronunciamiento del espíritu anticlase política, antisistema y antipartidos, que puede desatar nuevos procesos de participación política y de rebeldía social, aunque no necesariamente de transformación política seria y profunda. Los mexicanos están enojados y deseosos de expresar su descontento. Pero el enojo es sólo una emoción, por sí sólo el enojo no genera un proyecto alternativo, por sí sólo no materializa una organización o un sistema de ideas. Incluso el enojo social manipulado demagógicamente puede encumbrar adefesios como el xenófobo Trump.

La mejor expectativa para 2017 es que el enojo mexicano por la liberalización de las gasolinas y otras afrentas más acumuladas se transforme en conciencia política para la transformación de nuestro país.

Transformación que debiera partir de pilares sólidos: coraje para afrontar con ética el quehacer político, enojo para derrotar a la corrupción ahí donde esté, coraje para hacer valer los principios de justicia social que se han olvidado, coraje para construir una nueva generación de liderazgos bajo estos principios. Si no, ¿de qué vale el enojo?

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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