Estrellita M. Fuentes Nava
El valor de la confianza
Viernes 30 de Diciembre de 2016
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Mucho se ha enunciado acerca de nuestro panorama desalentador para el país tanto en el corte de caja de este año que concluye, así como para la proyección del 2017.
Mucho se ha enunciado acerca de nuestro panorama desalentador para el país tanto en el corte de caja de este año que concluye, así como para la proyección del 2017.
(Foto: TAVO)

Mucho se ha enunciado acerca de nuestro panorama desalentador para el país tanto en el corte de caja de este año que concluye, así como para la proyección del 2017. Entre muchos otros temas de la agenda pública que nos inquietan de sobremanera se encuentran por ejemplo la liberalización de la gasolina y sus efectos en nuestra economía; los juegos geopolíticos, y el nuevo orden mundial con un incremento en su latencia hacia una probable crisis bélica; el Estado, hoy sobrepasado para poder garantizarnos como ciudadanos la cobertura de nuestras necesidades básicas como lo son la seguridad y la prosperidad; la era de Trump, que inicia en 20 días incidiendo en el futuro de nuestros connacionales, y así sucesivamente en una larga lista que se incrementa cada día.

Pero, ¿qué es lo que nos hace levantarnos todos los días y ponernos en circulación si el mundo está tan mal como lo percibimos? Me parece que es la confianza, la cual es el motor que nos permite no caer en la parálisis social, siendo el aceite para nuestro engranaje como comunidad. Así por ejemplo, cuando salgo de mi casa confío en que las normas de tránsito se respetarán para que yo pueda caminar por una banqueta sabiendo que no me van a atropellar; confío en que las organizaciones y empresas funcionen adecuadamente para darme los servicios que necesitaré durante el día; confío en que mi moneda seguirá valiendo lo mismo cuando haga una compra y que no me llevaré una sorpresa al hacer una transacción. Y precisamente esa confianza es la que guía a nuestra economía y al sistema social.

Hay diversos aspectos, tipologías, visiones en torno a este valor – virtud – aptitud - actitud, los cuales se abordan desde la Psicología, la Economía o las Ciencias Políticas. Así por ejemplo, las terapias y el psicoanálisis se encargan de la recuperación de la autoestima y la confianza en uno mismo tanto en aras de poder interactuar con el mundo, como para generar una capacidad de establecer y cumplir metas, mantener compromisos e inspirar confianza en los demás para hacer acuerdos. Las parejas funcionan con base en la confianza; el termómetro de nuestra economía se mide por el índice de confianza del consumidor; existe la confianza del mercado, en cuyo principio subyacente se encuentra la reputación y por ende la conducta y lealtad de los clientes. Existen estudios en torno a la confianza social y política (porque no es lo mismo confiar en el vecino que en una institución), y hasta la mafia vende confianza al ofrecer seguridad en donde existen los vacíos de autoridad (Gambetta, 1993).

Tiene distintos significados: esperanza que se tiene en alguien o algo; seguridad que alguien tiene en sí mismo; ánimo, aliento, vigor para obrar; familiaridad; pacto o convenio. Implica una connotación de futuro, porque refiere al hecho de adoptar decisiones en el aquí y en el ahora basándonos en la hipótesis de que algo o alguien actuará conforme a nuestras expectativas. En algunas culturas esta palabra puede también significar "fiarse de alguien", "apoyarse sobre alguien" o "estar bien atado".

Franklin M. R. Covey (“La Velocidad de la Confianza”) autor de libros de liderazgo empresarial, apunta que la confianza es dura, real y cuantificable: si se remueve ésta, puede destruir gobiernos, negocios, aniquilar amistades o hasta acabar con los más grandes amores. También ha sido objeto de estudio y de debate amplio en lo que refiere a la sociedad y a la política. El profesor Rusell Hardin (1999) define la confianza social del modo siguiente: «Decir que yo confío en ti en lo relativo a algún asunto significa que tengo razones para esperar que tú actúes de acuerdo con mi interés respecto a dicho asunto, porque tienes buenas razones para hacerlo, razones que se basan en mi interés...Tus intereses contienen mi interés». Y define a la confianza como un «interés encapsulado».

Hoy la confianza es un bien escaso y poco valorado. Incluso yo hablaría de la confianza artificial: aquella que los candidatos buscan desesperadamente invirtiendo millones en las campañas, o que hasta la inventan para venderla al elector aunque la pierdan en el camino; la que presumen algunos medios de comunicación a razón de índices de rating, aunque en la práctica saturen a las audiencias con noticias falsas o verdades a medias; la que fomentan los directivos en las organizaciones para mantener un clima laboral estable (el llamado a “tener la camiseta bien puesta”) para que así no duelan tanto los abusos, los despidos ni los recortes; la que nos pide tener el gobierno en torno a sus decisiones al buscar ampliar sus márgenes de maniobra, aunque en ello nuestro estado de bienestar se vaya entre las patas; o la que encontramos en los discursos xenofóbicos que están incentivando la desconfianza y el odio, así como la división de las sociedades.

También hay una crisis de confianza en nuestra sociedad mexicana, de otra manera no tendrían por qué existir instituciones como el INAI o las contralorías, o las leyes anticorrupción y de transparencia. El problema es que de tanto querer regular la confianza (tarea hasta ahora imposible, y una vía me parece poco fiable) se incurre en una parálisis legislativa y gubernamental. Por otra parte el sistema político mexicano sobrevive a través de una severa crisis por la desconfianza en la que sus actores principales parecen no ser conscientes de ello.

Y es que la confianza no es una mercancía: tiene una dimensión ética porque implica compromiso con el bienestar del otro. Se hace uno depositario de la fe y la esperanza de uno o varios humanos, en un marco de entendimiento que nos permite tener una lógica de orden y seguridad para que sucedan nuestras metas comunes. Lo contrario a ello, significa el caos. Por ello debemos estar plenamente conscientes de nuestros pactos como gobernantes y gobernados a la luz de este valor. Quienes se encuentran a la cabeza de los gobiernos en turno son depositarios de la confianza de los electores/ciudadanos, y ahora están atados a ese compromiso de búsqueda permanente del bienestar de todos; de otra manera a través del refrendo o no del voto (entre otros mecanismos) como sociedad podemos mantener o romper ese pacto. Y como ciudadanos no estamos excluidos de ello, porque este valor nos refiere a la cultura cívica que debe imperar en aras del orden y el progreso.

Así, los seres humanos salimos a la calle con la confianza de que regresaremos a ésta al final del día, y este sólo acto conlleva un sinnúmero de variables todas relacionadas con la confianza. Ojalá que este año 2017 recuperemos su verdadero significado, asumamos nuestros pactos y compromisos, y dinamicemos a nuestra sociedad para que ésta genere un círculo virtuoso de tal manera que mantenga la confianza sostenida.

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