Julio Santoyo Guerrero
Julio Santoyo Guerrero
Lunes 15 de Febrero de 2016
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Es la misma palabra pero distinta la calidad moral de quien la dice. A unos se les escucha con sospecha y con la mano en el bolsillo, a otros se les pone atención con entusiasmo y con la mano en el corazón. El contraste ha quedado de manifiesto, con tal contundencia que el deterioro de la vida política mexicana ha encontrado con la visita papal una alternativa de esperanza y de fe.
En la vida cotidiana de millones de mexicanos creyentes no existe una separación laica entre los valores de la política y la religión, como no la hay en la conciencia de la humanidad. Ambas valoraciones se mezclan, se sobreponen, conviven, instituyen la credibilidad y la ideología de las personas. Política y religión han caminado de la mano históricamente, incluso es prueba de ello cuando una trata de negar a la otra. La política suele hacer uso de valores como la fe y la esperanza que tienen connotación religiosa y la religión hace uso de estrategia y táctica para darle viabilidad a su institucionalidad.

Millones de mexicanos creyentes no existe una separación laica entre los valores de la política y la religión, como no la hay en la conciencia de la humanidad.
Millones de mexicanos creyentes no existe una separación laica entre los valores de la política y la religión, como no la hay en la conciencia de la humanidad.
(Foto: Cambio de Michoacán)

Los liderazgos de la Iglesia católica han jugado papeles diversos según las circunstancias mundiales. Imposible negar la relevancia de esos liderazgos y su capacidad en la apertura de nuevos consensos globales o en la emergencia de nuevas tendencias sociales, culturales y políticas. El Vaticano ha jugado un papel preponderante en la negociación del orden mundial, y de manera particular, en los últimos decenios ha sido protagonista reconocido en los procesos de reconciliación de conflictos.
La palabra del Papa, que puesto en balanza con la palabra agotada de la clase política mexicana ha sacudido al país, a creyentes y no creyentes, ha dotado de otro color y matiz la percepción de los problemas que nos duelen. Definitivamente que no es lo mismo la palabra “justicia” en boca del presidente Peña que la misma en la boca del Papa. Hay un mundo ético de diferencia. Las multitudes no creen en la deteriorada palabra de los políticos, lo están haciendo en cambio desde la fe y la esperanza a partir de su experiencia religiosa. Por eso los políticos han buscado encontrar legitimidad apareciendo cercanos al Papa, tratando de que algo de esa esperanza y fe social los pueda cobijar o por lo menos limpiarles algo la cara.
El encuentro en Palacio Nacional entre el Papa y la élite de la clase política mexicana ha sido crucial en la toma de posición del jefe de la Iglesia católica ante los gobernantes y los problemas de nuestro país. No concedió indulgencia ni fue a hacer apología de los actos de gobierno, centró su atención en la gente, en los que sufren, en los que padecen hambre, con diplomacia eficaz con un bien armado pensamiento silogístico fue claridoso para, sin decirlo, describir el origen de la tragedia mexicana: “La experiencia nos demuestra que cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo”.
El vacío que hay en los mexicanos de credibilidad, liderazgos, discursos y autoridad moral, que se consolida a punta de malos gobernantes, ha encontrado un asidero solido en el liderazgo religioso del Papa Francisco, máxime cuando hace propia la agenda de los que no tienen voz, de los jóvenes, de los trabajadores, de las mujeres, de los indígenas, de los niños, de los pobres, de los violentados, los emigrados, y arrastra cuando señala el papel de la Iglesia de ir humildemente al encuentro de la gente no como príncipes, sino como pastores, e incomoda a los gobernantes cuando denuncia los caminos de privilegio y beneficio para pocos que han seguido.
Definitivamente México no será el mismo después de la visita papal. Ha sacudido a la Iglesia católica y le ha señalado un trayecto pastoral para ponerla al lado de la gente; ha sacudido al gobierno, a quien con sutileza diplomática le ha reprochado el haber abandonado a los explotados y desposeídos para otorgar beneficios y privilegios a unos pocos.
Si la nueva pastoral de la Iglesia, promovida por Francisco, se pone en marcha en todas las diócesis, no me cabe la menor duda de que veremos crecer los liderazgos de la Iglesia precisamente por la condición de crisis que vivimos. Si así fuera, veremos un achicamiento mayor de la clase política, a no ser que la partidocracia modifique su propia “pastoral”, su política, y se lance con nueva visión y prácticas y vaya también al encuentro de los que menos tienen, los coloque como su opción preferente y cancele su fatídico proyecto de seguir otorgando beneficios para unos cuantos haciéndose eco de que “privilegiar a pocos es criminal”.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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