Jueves 29 de Diciembre de 2016
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El día de ayer, 28 de diciembre, se conmemoró el Día de los Santos Inocentes, tradición de origen cristiano relativa a la matanza de los niños menores de dos años nacidos en Belén, ordenada por el rey Herodes I, con el fin de acabar con el recién nacido Jesús de Nazaret, quien como todos sabemos burló el decreto. En México y otros países de habla hispana esa tradición religiosa devino en una fecha para hacer bromas, engaños, pedir cosas prestadas y particularmente para que los medios de comunicación hicieran circular notas burlescas, falsas o ridículas.

El remedio contra las postverdades es sencillo, no creamos todo lo que leemos, en ningún lado, si no revisamos primero los antecedentes del sitio o del autor
El remedio contra las postverdades es sencillo, no creamos todo lo que leemos, en ningún lado, si no revisamos primero los antecedentes del sitio o del autor
(Foto: TAVO)

La tradición del humor y el engaño de esta fecha está en plena decadencia, sobre todo la relativa a las noticias hilarantes o tergiversadas que pretendían tomar desprevenidos a los receptores y hacerles creer que dichas noticias eran verdad. Podemos atribuir lo anterior al hecho de que en redes sociales y supuestos sitios noticiosos, de dudosa procedencia, todos los días son día de los santos inocentes, el sitio Eldeforma.com es el mayor ejemplo de esto, aclarando que dicho sitio sólo pretende hacer reír, mientras que muchos otros sitios a los que llamamos de dudosa procedencia sí buscan desinformar, sobre todo por tener una agenda política propia. Y es aquí donde entra la postverdad.

La postverdad si bien es cierto que aún no es una palabra aceptada por la Real Academia de la Lengua, también lo es que desde poco más de una década es ya un concepto de uso académico aceptado, además de que de un par de años a la fecha empezó a permear este neologismo en textos periodísticos como columnas y artículos de opinión, siendo hoy un término comúnmente entendido, aunque no tenga una acepción única y universal. Un servidor se atreve a darle el siguiente significado: la postverdad son hechos o noticias que son ideados de manera intencional faltando a la verdad o tergiversándola, apelando a emociones o ideas ya aterrizadas previamente en los receptores, pasando la verdad a segundo plano, o sea la noticia va más allá (post) de la verdad y esta le es irrelevante porque persigue un fin concreto.

Para nadie es desconocido el mal humor social que predomina en nuestro país en contra de nuestra clase gobernante. Por ello, basándonos en ese mal humor social imperante, es muy fácil inventar historias de descredito del presidente de la Republica o de cualquier otro actor político de primer nivel, que por ilógicas o irracionales que sean o parezcan, a través de las redes sociales encuentran gran eco e infinidad de personas las dan por ciertas. Esto es una postverdad. Nuestras emociones e insatisfacciones son caldo de cultivo para creer cualquier acto por absurdo que sea, si es atribuido a algo o a alguien ajeno a nuestros afectos.

No estamos diciendo que las noticias falsas son producto del Internet y las redes. Claro que no. Estas son tan antiguas como la humanidad, sobre todo en política, donde siempre han tenido su principal campo de acción. Lo que sí estamos diciendo es que a este tipo de actos de desinformación hoy día se les puede denominar como postverdades, mismas que a través de la tecnología llegan a más receptores en menor tiempo y que además, al ser mezcladas en el caudal de información (real en su mayoría) que es la red, adquieren un halo de verdad, sobre todo si el receptor quiere que lo sea.

En fin, el remedio contra las postverdades es sencillo, no creamos todo lo que leemos, en ningún lado, si no revisamos primero los antecedentes del sitio o del autor. En otras palabras, las cosas se toman de quien vienen.

Otro sí: Desafortunadamente el tema del alza de las gasolinas no es una postverdad ni broma del Día de los Santos Inocentes.

Mis mejores deseos para este 2017.

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