Julio Santoyo Guerrero
¿Otra vez perdiendo, otra vez el infierno?
Lunes 14 de Marzo de 2016
A- A A+

La lucha contra la delincuencia organizada y la recuperación de la seguridad han sido por años el pendiente más agobiante del gobierno michoacano y federal. Las estrategias que se han llevado a la práctica, reiteradamente han fracasado en su propósito final. Algunas sólo han servido para mitigar, acotar o descabezar temporalmente, pero ninguna le ha devuelto en definitiva la paz y la seguridad a los michoacanos.

La última estrategia con pretensiones mayores la decidió el gobierno federal ante los señalamientos en enero de 2014 en el Foro Económico de Davós, Suiza, de que la inseguridad en Michoacán inhibía la inversión en México. La estrategia pretendió atacar integralmente los diferentes factores que generaban la expansión exitosa de la operación delincuencial. Se diseñaron acciones para la seguridad y el desarrollo integral de Michoacán que incluían casi todos los ámbitos: la política, la economía, la educación, la sociedad, la depuración de los cuerpos de seguridad, y el ataque frontal en los territorios controlados por el crimen con una táctica que combinaba la acción directa de los autodefensas, la Policía Federal y las Fuerzas Armadas.

La estrategia tuvo consecuencias. En la parte política ocurrió la designación de un comisionado federal que se impuso a los poderes estatales con la justificación de que algunos estaban involucrados con el crimen organizado y derivó en la renuncia del gobernador Vallejo, el encarcelamiento del secretario de Gobierno y otros servidores públicos. Se anunciaron inversiones multimillonarias, las que no tuvieron seguimiento y quedaron en el papel o bien fueron justificadas con el gasto público federal ya autorizado para aquel año. Se golpeó severamente la capacidad operativa de la delincuencia a manos esencialmente de las capacidades en el terreno de las autodefensas. Muy poco se avanzó en el desmantelamiento del poder financiero del crimen que había penetrado la industria, el comercio y la política de Michoacán, dejándolo casi intacto para que con el tiempo reactivara su accionar. La depuración y reconstrucción de las instituciones dañadas, desprestigiadas y diluidas por la cooptación del narco quedó sólo en anuncio y al incierto impulso que pudo darle la designación de un gobernador interino primero y luego con la elección de gobernador en junio de 2015.

Las tareas de fondo que suponía la estrategia integral del 2014 quedaron interrumpidas o pervertidas en el momento en que quien encarnó las funciones de comisionado se erigió como virrey y constituyó una corte a la cual protegió y a la cual le entregó como botín los asuntos de Michoacán. El objetivo fue modificado, en lugar de concluir las tareas de pacificación y restablecimiento de la seguridad, la nueva corte se dedicó a construir su futuro político y económico, dando prematuramente por concluida la misión para arrancar de raíz a los grupos delincuenciales.

En lugar de acciones, de continuar con la visión integral, desde finales de 2014 el gobierno federal y el estatal optaron por abordar el problema como un asunto de comunicación, de simple propaganda. La construcción propagandística de un Michoacán imaginario en donde los delitos de alto impacto van a la baja y la recuperación de la paz se ilustra con números y los objetores son acusados de mal intencionados y peor informados, sin embargo, no ha podido modificar la tozuda realidad, la que sigue doliendo a los habitantes de Tierra Caliente, la que indigna a los ciudadanos de grandes ciudades como Morelia, Zamora y Uruapan en donde los efectos de la inseguridad se comentan diariamente en la mesa de los hogares, no porque sea noticia lejana, sino porque ha golpeado a los miembros de su propia familia.

Es imposible ocultarlo ya, la delincuencia sigue ahí, como quieran teorizarla: o nunca se fue, o ha regresado, o está reagrupándose, intenta recuperar territorios, o son células debilitadas de grupos abatidos, etcétera, pero lo cierto es que la población está sufriendo su embate, sigue el secuestro, la extorsión, el robo de vehículos a mano armada, ejecuciones, balaceras en espacios públicos, amenazas e intentos de cooptación de las autoridades en distintos ámbitos.

¿O nunca se ganó la guerra al narco, a la delincuencia organizada o estamos perdiendo de nueva cuenta? Es insostenible continuar con las cifras alegres a contracorriente incluso de las que maneja el propio Sistema Nacional de Seguridad. Es preciso que el gobierno federal y estatal nos den datos coherentes que representen la realidad que miramos todos los días los michoacanos, y más importante aún que replanteen la estrategia y vayan con contundencia y eficacia contra la delincuencia, antes que esto sea otra vez el infierno, antes incluso que arrastre a la ignominia al propio gobierno. Es recomendable que miren atrás.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
Comentarios
Columnas recientes

La relatividad del cambio

¡Pero si ya son gobierno¡

La reforma educativa es con Gordillo

¿Derogación educativa o moderada reforma?

Matando la lluvia a cañonazos

Electricidad, el olvido de los pioneros.

El nuevo consenso

También son dueños del cielo

La familia y el árbol

El impulso

Que prevalezca la paz

La alianza que no fue.

Encuestas: falibles o simple manipulación

Alemán y los límites de la libertad

El olvido electoral del medio ambiente

Manual para vencer la credulidad y la falsedad electoral

El obsequio michoacano para AMLO

La prioridad

Democracia dinástica

El agua, ¿asunto de seguridad nacional?

A quien corresponda: SOS, prevaricación ambiental

Elecciones limpias o ganar a toda costa

El arte del engaño y el caso Anaya

Los trabajos de los justificadores

Desdén suicida

Ni ven ni escuchan

¿La peor elección?

El rito de la fantasía del cambio

Época de oportunismo, demagogia y espejismos

Votos y nada más

La mayoría imposible

¿Ya en serio... cómo le van a hacer?

Nos quedan los atajos de la política mágica

La tierra es plana, el cambio climático es una mentira

Una Presidencia desierta

Entonces, ¿otra vez se perdió la guerra?

¡El agua se teñirá de rojo!

No se pierde lo que no se tiene

Estas nuevas independencias

Sí, ¿pero cuál es la fórmula?

El boom de los independientes

Nieves y Umécuaro, donde vale más un aguacate que la vida de una familia

Desbordados de fraternidad

Desde Madero, construyendo un Área Natural Protegida

La política que tenemos... y que somos.

Inseguridad, esa letal costumbre

El precio político del proteccionismo de Trump

Juegos de fuerza

Cada loco con su guerra

Acuerdo para recuperar los bosques

Gratitud a los maderenses

Líderes "ejemplares"

Escépticos, desconfiados e indignados

Contrarreforma ambiental

Los ecocidas son genocidas

¿Ganaron los aguacateros talamontes?

Justicia en obra negra

Hoy comienza

Creer en la democracia

El aguacate del narco

Desafío al Estado

Piromanía y codicia

Los padrinos del ecocidio

¡Que se jodan los bosques y las aguas de los michoacanos!

La espléndida guerra de Trump

El consenso antisistémico

La carcajada del aguacate ilegal

El poder de los ciudadanos

Sin concesión al ecocidio

Delincuencia ambiental... ¡organizada!

La sucesión presidencial y de cultura cívica

No cualquier unidad nacional

La defensa de México

El futuro está en el pasado

Dios salve de Trump a Estados Unidos y al mundo

Y sin embargo cambiamos

Furia sin cabeza

2017, el año del enojo social

Candidez de los buenos

La sucesión de la incertidumbre

La política del neoproteccionismo

La caja de Pandora que abre Trump

Beneficios de la debilidad institucional

Cuestión de confianza

¿Y después del repudio a la política y los políticos, qué?

Lobos del planeta

La ordinaria inseguridad

Gobierno de consenso para lo que falta

El arrogante Trump y el pequeño Peña

Dos largos años aún

Decreto para la popularidad

¿Diálogo o garrote?

¡Siguen ahí!

El discreto gasolinazo del débil presidente

¿Es que nuestros bosques morirán?

¿Como caballeros o como lo que somos?

Pintaron su raya

No es el conflicto en turno, es la ruta del país

No es la flama, es que todo está seco

La sacrosanta corrupción

Actualidad de la oposición

Atraco a los bosques

La trampa

Bagatelas en lugar del oro

Que arda la corrupción, no los bosques

Ceguera antilaboral

No había entrado a un lugar parecido

La sorpresa

El que da y quita

El arte de inducir olvido y confusión

Crónica de 3 desacatos o el reto a las instituciones ambientales

Sierra de Madero: deforestó, robó, se burló de juez federal y está libre

¿Otra vez perdiendo, otra vez el infierno?

No es la envidia, es la fragilidad

¿Qué esperaban?

Julio Santoyo Guerrero

Mireles, la venganza de un sistema omiso

¿Quién quemó Roma?, ¿acaso Kate del Castillo?

Por una jodida placa

Reconsideración

Pagar y castigar

El tino de Arnaldo

Silvano y Nuño

El traje del gobernador

Voluntarismo y gobernabilidad

Los vulnerables municipios

El bono de confianza

Silvano y el recurso de la política

Días de mea máxima culpa

El paso decisivo

Libres y cortesanos

Informe oficial de la realidad

Silvano y el minotauro de papel

No debe pasar

Sembradores de lumbre

Los hombres del presidente

Ojalá sólo fuera el organigrama del gobierno

\"Inteligencia, honestidad y huevos, si no va a valer madres\"

De resultados y de oficio político debe ser

El respiro del 7 de junio

La era del nuevo comienzo

¡Votamos por la democracia!

Y sin embargo, allí está la delincuencia

Mentiras estelares

03paty11

El retorno de los videos

Las encuestas como propaganda

De frivolidad y propaganda negra

Candidatos: sanar la duda

Conciencia de la responsabilidad cívica