Hugo Rangel Vargas
Chávez, el parto pendiente
Viernes 16 de Diciembre de 2016
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El pasado 14 de diciembre, en la ciudad de Morelia, el periodista Héctor Tenorio presentó su libro Pasión, gloria y ocaso de Hugo Chávez. El evento no pudo encontrar mejor coincidencia que el XII Aniversario del nacimiento de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), esfuerzo que encabezó el entonces presidente venezolano y que significó un punto crucial en el fuerte activismo internacional que desplegó.

El texto presentado contiene una combinación precisa y elocuente de una crónica sobre las vivencias personales de Tenorio durante el golpe militar del 27 de noviembre de 1992 y el contexto histórico del surgimiento de éste, así como del ocurrido el 4 de febrero del mismo año; además de que presenta un manuscrito en el que Chávez contesta, desde la cárcel de Yare, una serie de preguntas formuladas por el periodista mexicano.

La lectura detenida de la obra mencionada puede arrojar luz sobre la personalidad del ex presidente sudamericano, su innegable habilidad como comunicador imbuida de un carácter histriónico y de una convicción cuasi religiosa, sus capacidades como estratega demostradas en medio de un país en el que los golpes de Estado eran un fenómeno recurrente y teniendo que enfrentar el permanente torbellino de la oposición interna sazonada con la intervención norteamericana, su visión de un socialismo renovado y capaz de entregar resultados cuantificables incluso por las instituciones del régimen capitalista (tal como ocurrió con los Objetivos del Desarrollo del Milenio planteados por la ONU).

El documento nos introduce además al Chávez internacionalista, al líder latinoamericano que impulsó desde occidente la construcción de los contrapesos que actualmente ponen diques a la unipolaridad estadounidense en el concierto internacional. En este sentido, la segunda cumbre de la OPEP, celebrada en Venezuela en septiembre de 2000 después de 40 años de existencia del organismo, bien podría ser el punto ineludible para entender el reciente acuerdo del cártel que permitirá retirar del mercado más de un millón de barriles diarios del hidrocarburo.

El documento nos introduce además al Chávez internacionalista, al líder latinoamericano que impulsó desde occidente la construcción de los contrapesos que actualmente ponen diques a la unipolaridad estadounidense en el concierto internacional.
El documento nos introduce además al Chávez internacionalista, al líder latinoamericano que impulsó desde occidente la construcción de los contrapesos que actualmente ponen diques a la unipolaridad estadounidense en el concierto internacional.
(Foto: TAVO)



Para el conjunto de América Latina y para México, la experiencia venezolana anquilosada durante el ascenso y el gobierno de Hugo Chávez, dejan documentada y registrada la permanente intervención norteamericana en la vida política de los pueblos al sur del Río Bravo. Si en algún momento se creyó que las conjeturas sobre este tema eran parte de alucinaciones conspiracionistas, los reportes de los organismos de inteligencia venezolanos se suman a los cuantiosos expedientes de casos como los de Chile, Nicaragua, Cuba y otros tantos que dan cuenta de la injerencia estadounidense en los asuntos internos de estos países.

Pero el chavismo también resulta un hálito esperanzador en medio de la asfixiante realidad de nuestros pueblos. La certeza que proyecta el venezolano en su caligrafía del manuscrito contenido en el libro en referencia, la claridad con la que entiende los procesos sociales que estuvieron detrás de los alzamientos de 1992 en Venezuela, la convicción de que son las sociedades las que deben determinar su destino y recuperar su soberanía que les ha sido arrebatada por las corporaciones y los organismos internacionales; todo ello se conjuga en la invitación del carismático líder venezolano a soñar y a luchar por esos sueños.

Hugo Chávez Frías no sólo simboliza la voluntad transformadora de los pueblos capaces de enfrentar con arrojo el porvenir teniendo tras de sí un pasado de ataduras, también es una bofetada para los granujas que sólo contemplan como alternativa a esa caduca condición de sometimiento. Entre ese pasado que aún no muere y el futuro que está por llegar, Chávez sigue siendo, como él mismo lo escribiría por propia letra, “el parto que está pendiente y que llegará más temprano que tarde”.

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