Alejandro Vázquez Cárdenas
Secuestros en México
Miércoles 14 de Diciembre de 2016
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La cadena informativa Univisión reporta que México ocupa el primer lugar mundial en secuestros con más de ocho mil denuncias por año.
La cadena informativa Univisión reporta que México ocupa el primer lugar mundial en secuestros con más de ocho mil denuncias por año.
(Foto: Cuartoscuro)

El conocido científico Carl Sagan relata en uno de sus libros un interesante caso. “Supongamos que en un vehículo determinado, automóvil o autobús, viaja un padre con su hijo, todo transcurre sin novedad pero de improviso sucede un accidente y el vehículo choca y estalla en llamas, o bien se sale del camino y se hunde en un río. La reacción inmediata del padre es, independientemente del peligro que corra, procurar salvar a su hijo en primer lugar. Para él no hay elección posible, en su escala de valores primero está la vida del hijo antes que la de él”. Así sucede en el caso de los seres humanos normales. Y eso lo saben los delincuentes dedicados a uno de los peores crímenes que existen: el secuestro.

La cadena informativa Univisión reporta que México ocupa el primer lugar mundial en secuestros con más de ocho mil denuncias por año. La UNAM, en una de sus páginas, nos muestra unos datos bastante preocupantes: aproximadamente cinco mexicanos son secuestrados cada día. Los estados con mayor número de secuestros son la Ciudad de México, Estado de México, Guerrero, Baja California y Michoacán. Las principales víctimas de los secuestradores son personas de conocida solvencia económica y los familiares de estos. Según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, se considera que en promedio, por cada secuestro reportado cinco no se denuncian. Más del 75 por ciento de ellos se soluciona con el pago del rescate. Los lugares donde más comúnmente ocurren secuestros son en el trabajo o casa, restaurantes o sitios cercanos al domicilio.

Hay secuestros de famosos, son eventos que ponen por muchos días ese delito en la primera plana de los periódicos, algunos se resolvieron, otros terminaron trágicamente; recordemos sólo algunos: Diego Fernández de Ceballos, Hugo Alberto Wallace, Silvia Vargas Escalera, Fernando Martí, Rubén Omar Romano, Laura Zapata, más un largo etcétera. Pero obviamente nadie recuerda los cientos y cientos de casos de simples ciudadanos que han sufrido, o peor, que han muerto durante el proceso de secuestro.

El problema de la inseguridad e impunidad en México no es algo nuevo, no apareció con el gobierno de Calderón ni es culpa de Peña Nieto. La pésima y por demás ineficaz impartición de justicia, junto con la proverbial corrupción de jueces y ministerios públicos es la pesada herencia que nos dejaron los más de 70 años de priísmo.

Va un ejemplo, no reciente, para que veamos que poco o nada hemos avanzado. Ernesto Díaz Infante, ni más ni menos que ministro de la Suprema Corte de Justicia, aceptó un soborno de 500 mil dólares para la liberación de Alejandro Braun Díaz, El Chacal de Acapulco, quien llevaba dos años en prisión acusado de secuestrar, violar y asesinar a la niña de seis años Merle Yuridia Mondaín Segura, crimen acaecido en Acapulco en octubre de 1986, hace ya 30 años.

Díaz Infante fue detenido en junio de 2001 en San Antonio, Texas, luego de mantenerse ocho años prófugo de la justicia, dado que hasta el 1º de abril de 1993 se libró orden de aprehensión en su contra pues la denuncia, como era de esperar, estaba “congelada” en la PGR desde 1989.

Fue hasta este año que por los mismos delitos de cohecho y contra la administración de la justicia fueron sentenciados a nueve años y seis meses de prisión los magistrados Gilberto Arredondo Vega y Eufemio Zamudio Alemán, quienes el 8 de diciembre de 1988, en el Tribunal Colegiado del Viceprimer Circuito, con sede en Chilpancingo, aprobaron un amparo por el que obtuvo su libertad Alejandro Braun Díaz, preso en Acapulco desde octubre de 1986, sentenciado a 30 años de prisión por el secuestro y homicidio calificado en contra de Merle Yuridia. ¿Algún parecido con la liberación de Caro Quintero? Por cierto, ¿hay alguien detenido por la liberación del capo?

Ejemplos como este, que muestran la corrupción y venalidad de agentes de Ministerio Público y jueces son abundantísimos. No alcanzaría un libro para relatarlos, ni hace falta, pues los vemos y los escuchamos todos los días.

Los mexicanos tenemos una larga historia de afinidad con la ilegalidad, tanta que ya parece ser nuestra segunda piel. Diariamente una gran cantidad de mexicanos se pitorrean del Reglamento de Tránsito, dan mordidas que gustosos aceptan los agentes del orden, arrojan basura en la vía pública, cierran calles y vías del tren, evaden impuestos, cobran salarios sin trabajar, etcétera.

Estamos como estamos porque somos como somos.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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