Alma Gloria Chávez
Nombrar es crear
Sábado 26 de Noviembre de 2016
A- A A+

¿Dónde comienza la violencia? Seguramente, y sin darnos cuenta, desde las mismas palabras que nacen en la mente y son nombradas.

Reflexión en un taller de mujeres.


Contrario a lo que muchos políticos y funcionarios, así como personas completamente desentendidas del tema, afirman, la violencia hacia las mujeres continúa viento en popa, situación que resulta evidentemente detectable por los varios lustros de práctica en la defensa, educación y promoción de los derechos humanos. Y sobre todo (tratándose de mi persona), por los reiterados esfuerzos de crear auténticas redes de atención a este problema a partir de propuestas ciudadanas (serias, documentadas y comprometidas) que invariablemente son descalificadas o vistas con recelo por quienes sólo desde la burocracia reciben un salario o presupuesto para hacer lo que se les indica y “sólo en horarios de oficina”.

En fin, seguramente muchos de estos funcionarios y “representantes” ciudadanos sí se dan cuenta de que la violencia hacia las mujeres, niños y niñas y entre adolescentes de ambos sexos es cosa cotidiana. Y también reconocen que a pesar de existir más instancias “de atención” para la mujer y la familia, quienes piden ayuda para salir de alguna situación de violencia no encuentran la respuesta esperada, pues las marañas burocráticas terminan por desalentar a cualquiera. ¿Pero lograrán aceptar que los esfuerzos colectivos, coordinados, bien organizados, obtienen mejores resultados? Sinceramente, desearía (mos) que así fuera.

La violencia en México tiene muchas y variadas expresiones: desde los golpes físicos hasta la actitud irresponsable de tantos políticos, funcionarios y servidores públicos que cotidianamente la ejercen. Por eso la violencia en nuestro país ha crecido convirtiéndose en una violencia social dispersa que ya está permeando nuestra existencia cotidiana: disputas económicas, hostigamiento y acoso laborales, problemas familiares, peleas de tráfico o de vecindad, control de grupos (de colonos, de comerciantes, de invasores) y hasta de aspirantes a delincuentes. Y también se encuentra la violencia de la delincuencia común y de la disfrazada, que acude a formas más graves de agresión como un medio para obtener provecho y control económico o para encubrir otros crímenes. Finalmente están los actos violentos de grupos paramilitares y militares, así como de la fuerza pública que actúan violando las normas reguladoras de sus instituciones. Estas formas de violencia coexisten unas al lado de las otras y se refuerzan mutuamente.

Hoy en México estamos viviendo situaciones tan graves como las que llevaron a países como Colombia (en tiempos no tan lejanos) a ser considerado como “de alta peligrosidad”. La violencia política hace pedagogía contra la convivencia: promueve en la práctica la idea de que es legítimo confrontarse por los puntos de vista o los intereses propios o ajenos a través de la ofensa, la difamación, las agresiones verbales, a través del homicidio y otras formas “sutiles”, como gobernar escudado en la reiterada mentira. La violencia de la delincuencia organizada es la que en los últimos años hace un nefasto aporte: suministra modelos especialmente crueles y descompuestos de agresión (las masacres, las mutilaciones, las desapariciones), y con frecuencia, como hoy podemos enterarnos, en completo acuerdo o sirviendo a políticos de cualquier nivel.

Hoy en México estamos viviendo situaciones tan graves como las que llevaron a países como Colombia (en tiempos no tan lejanos) a ser considerado como “de alta peligrosidad”.
Hoy en México estamos viviendo situaciones tan graves como las que llevaron a países como Colombia (en tiempos no tan lejanos) a ser considerado como “de alta peligrosidad”.
(Foto: Cuartoscuro)



Afortunadamente todavía existen también muchísimas personas que creemos en la inteligencia y bondad del ser humano y pensamos que los mexicanos no somos por naturaleza más violentos o más crueles que nuestros vecinos. Quizá se nos califique como más agresivos por razones históricas y, en ese sentido, circunstanciales, pero ello no justifica que adoptemos como pedagogía las prácticas violentas que suceden a nuestro alrededor. Tenemos la certeza de que la muralla más importante, más efectiva para impedir que la violencia se expanda, es una muralla mental consciente: sólo cuando la gente no piensa en la violencia como una solución a los conflictos, cuando ella resulta impensable como parte de nuestra existencia, la gente se comporta pacíficamente.

Muchas sabemos que es absolutamente posible resolver todas las tensiones y conflictos normales que se presentan en todas partes y en toda sociedad, sin descalificar, sin matar, sin herir, sin lesionar anímica o físicamente a nadie.

Sin duda alguna la realidad la hacen los seres humanos. Y aunque en materia de violencia la cuestión es bastante compleja, es innegable que el lenguaje tiene mucho qué ver en ella, porque la comunicación con los demás miembros de la sociedad se logra a través de las palabras. Entonces, ¿por qué no empezar a “desarmar nuestras palabras”? Esto es, restarles toda la carga agresiva o negativa que impida la creación de la agresión. Recordemos: las palabras representan el compromiso de cada persona con su entorno, con su mundo; esto significa que cuando alguien “toma la palabra” afirma su existencia y crea una realidad: la de la comunicación con todo lo que le rodea.

“Piensa bien en lo que dices”, reza un refrán. Acciones tan sencillas como “desarmar nuestras palabras” no detendrán de un día para otro los homicidios y asesinatos, pero en un horizonte de mediano plazo, contribuirán a abrir el camino al desarme del pensamiento, del corazón y de las manos.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
Comentarios
Columnas recientes

Día internacional de la paz

Mujeres disidentes

De las crónicas del lago

Fecha para adultos mayores

Proyectos contra la vida

La cultura: un derecho esencial

Turismo y cuidado del entorno

Contando y recordando

Entre costuras

A ejercer ciudadanía con responsabilidad

Apuntes para una historia

Construir la democracia

El maque y su decoración

Soy el museo de Pátzcuaro

Maternidad: desde adentro

La cruz: símbolo a través del tiempo

Festejo por los libros, sus autores y lectores

Un 19 de abril de 1940

Cuando se siembran ideales

Rituales de la Semana Mayor

Ofrenda para Itsii (agua)

La utopía quiroguiana

Buscadoras de vida

Dos maestros reflexionan

Violencia entre adolescentes

Metalurgia en Michoacán

Envejecer con dignidad

Dar sentido a la vida y a la muerte

Cuidar o atender a otros

Festejos de tradición

Atentar contra la seguridad

Los diarios de María Luisa Puga

Nombrar es crear

Sida, cuando el diagnóstico es tardío

25 de noviembre: ¿por qué esta conmemoración?

Mis recuerdos de Teresita

Un guardián del lago

Defensa de la Madre Tierra

Un panteon peculiar

Hambre en el mundo

Recuerdos de un 2 de octubre

Hablemos de un hombre honrado

Cuando la naturaleza grita

La Coalición Nacional de Jubilados Pensionados

Desapariciones forzadas en México

Ejemplos sindicales

Cuando de educación se habla

Pueblos originarios

Ejercitar la ciudadanía

Violencia colectiva

Seguridad ambiental

Sobrevivir la adolescencia

La medicina de la naturaleza

Medio ambiente: nueva visión

Nuestra salud, nuestro derecho

Por el día de los museos

Maternidad desinformada

Por la cruz, a la luz

Hablar de “indianidades”

Altares para La Dolorosa

Trabajadoras del hogar

Aqua sum, agua soy

Ecología integral

Mujeres, pequeños testimonios

Francisco J. Múgica: un documental

Con perspectiva de género

Los toritos en tierra purépecha

Una auténtica “bolsa de valores”

LXXVIII Aniversario del INAH

Por el camino de la ética

Quien ama al árbol respeta al bosque

Pastorelas en Michoacán

El tiempo: medida de hombres

Nana Iurixe

Día Internacional de Lucha contra el Sida

Nombrar es crear

El respeto a las diferencias

Morir por mano propia

Celebración a nuestros difuntos

Nivel educativo, a la baja

De alta peligrosidad

ISSSTE de Pátzcuaro: Un día especial

Día del Maíz

Nuestro derecho a la cultura

Infamias globalizadas

Educacion para la paz

Esfuerzo, disciplina y amor

Maravillosamente: mujeres

Aprendiendo de los oficios

El pensamiento del doctor Bach

Fiesta de los Oficios

El trabajo del hogar

Jornadas de Peritaje Antropológico

Alerta de Género: consideraciones

Defender la educación

Gastronomía

Feminicidio

Día Mundial del Medio Ambiente

La salud de la mujer

Celebremos la diversidad cultural

Para quien educa

Mujer y madre

Día del Libro y la Rosa

Elenísima

Hombre de probidad

Trabajadoras/es de lo invisible

Ser mujer… Y no quedar en el intento

Amnistía Internacional: 45 años

Diálogo interrumpido, acuerdos incumplidos

El palacio de Huitzimengari

El palacio de Huitzimengari

Jorge Reyes: Siete años

Viejos rituales, nuevo ciclo

Desapariciones en Mexico

La inaceptable violencia

Desde tierras orientales

La medida del tiempo

Los Nacimientos en México

Cuando la fiesta es un ritual

Campaña “16 días de activismo”

Defender nuestro legado cultural

El hostigamiento es sinónimo de violencia

Mario Agustín Gaspar

Tributo a la vida a través de la muerte

Discriminacion

Votamos y participamos

Recordando a doña Caro

Para una cultura de paz

Caminos hacia la paz

Cuando una mujer disiente

En recuerdo de Palmira

Abuso de la cesárea

Abuelas (anecdotario mínimo)

De raíz p’urhé

El Día Internacional de los Pueblos Indígenas

Celebrando el XV Aniversario de Decisiones

Territorio de volcanes

Cherani K’eri

Gobiernos incluyentes

Ejercer ciudadanía con democracia

La salud: cosa nuestra

La salud: cosa nuestra

Defender recursos naturales

Ser maestro y no quedar en el intento

Maternidad adolescente

Galeano: siempre recordado

Talleres artesanales en el Museo de Pátzcuaro

“Fue niña”

Al Quds: Jerusalén

Trabajadoras del hogar